Teatro completo de Fernando Arrabal

15-abril-2009 · Imprimir este artículo

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En el año del Señor 1997 se publicó por vez primera el Teatro Completo de Fernando Arrabal en dos gruesos tomos, en papel biblia, con más de 4000 páginas. Entonces lo editó Espasa Calpe en colaboración con la Ciudad Autónoma de Melilla, que conmemoraba su V centenario, en una hermosa edición ya agotada y dentro de la colección “Clásicos castellanos”. Por fortuna sonriente en este año 2009 ha retomado el proyecto la editorial Everest, en colaboración con Junta de Castilla y León y el Instituto castellano y leonés de la Lengua. En esta ocasión la edición también resulta espléndida, cuidada, con dibujos del autor que preñan las páginas también de papel biblia y con un apéndice repleto de fotografías, collages, carteles y otras curiosidades del universo Arrabal. En esta nueva edición se han incluido las obras posteriores a 1997: Carta de amor, Claudel y Kafka, Faustbal (el libreto de la ópera recientemente estrenada en el Teatro Real de Madrid con música de Leonardo Balada)…
Tanto en la publicación de 1997 como en la presente del Teatro Completo el catedrático de la Universidad de Murcia y poeta Francisco Torres Monreal ha desarrollado un extraordinario y colosal trabajo de investigación, de explicación de los diversos ciclos por los que circula la obra dramática de Arrabal, además de una selección de publicaciones, etc. Un trabajo ingente que demuestra la extraordinaria repercusión, presencia y la importancia capital del dramaturgo español más representado en el mundo. Para la contraportada de ambos volúmenes se ha elegido la entrada del Diccionario de literatura de la editorial Bordas que reza:
“Fernando Arrabal es autor de un teatro genial, brutal, sorprendente y gozosamente provocador… Un potlatch dramaturgico donde la chatarra de nuestras sociedades ‘avanzadas’ se carboniza en la pista festiva de una revolución permanente. Hereda la lucidez de un Kafka y el humor de un Jarry; por su violencia se asemeja a Sade o Artaud. Quizás es probablemente el único en haber llevado la irrisión tan lejos. Gozosamente lúdico, rebelde y bohemio, su obra es síntoma de nuestra época de alambradas; una forma de mantenerse alerta”.

Fernando Arrabal ha repetido, a las personas que sabierónle escuchar, que nunca ha pretendido provocar, ni él, ni Dalí, ni Breton, ni Duchamp, ni sus amigos han aspirado jamás a nada semejante, que la provocación viene a significar “trampa en la que se cae” y que ninguno de sus colegas, ni él mismo, incurrirían en algo tan baladí.
Pero ¿qué se entiende por provocar? A pesar de los esfuerzos que realice nuestro autor en aclarar ciertos puntos siempre le insistirán a babor y estribor con la consabida “provocación”. Es natural. La provocación, en su caso y en el de los nombres que él mismo cita, procede del sujeto que la siente como tal, y que tiene a bien carcomerse en ese gustirrinín porque acepta los bozales, los goznes y los silencios opacos que la sociedad le impone. En una aldea caníbal, ¡cuánto escandalizará el que se abstenga de saborear la carne humana! ¡Cómo escandalizó a los nazis que uno de los mayores compositores de nuestro tiempo, Arnold Schönberg, regresara a su fe judía tras un lapso in albis! ¡Cuánto escandalizó a las mentes reaccionarias de izquierdas el catolicismo de José Bergamín! ¡Cuánto escandalizó a muchos fervientes del régimen franquista el fascismo idealizado de Ernesto Giménez Caballero! ¡Cuánto escandalizó a los beatos el Jesucristo Superstar hippie! ¡Cuánto escandalizó en los salones bien pensantes Beethoven con sus primeras sonatas, de las que se decía que a las jovencitas vírgenes les hacía sentirse arrobadas por un regato de pasión! ¡Cuánto escandalizó a los tullidos mentales la “Consagración de la primavera” de Strawinsky! ¡Cuánto escandaliza al matarife la oveja descarriada que se escapa antes de ser contada, pesada y degollada!
La grandeza de Fernando Arrabal se pone de nuevo a la vista de todos con la edición del Teatro Completo. Pero, al que no desea ver, al censor, al que condena, sólo le interesan los grilletes. ¿Durante cuánto tiempo se recordará a Fernando Arrabal por un guiño, un gesto, una palabra repetida entre dientes, por una entrevista, por un debate! ¿Y si recordáramos también a Cervantes sólo porque se supone era manco? (Los lectores del libro Un esclavo llamado Cervantes, de nuestro autor, sabrán que la manquedad del autor del Quijote resulta algo discutible).
Arrabal ha cruzado a nado, como un Lord Byron de hoy, los mejores quehaceres del mundo de su tiempo: el postismo, el surrealismo, los beatniks, el pop-art, los patafísicos, el hippismo, la contracultura, el free jazz (presente en algunas de sus obras dramáticas, como en El cementerio de automóviles, tal vez en otro momento explique este punto con más detalle)…
Los temas de la obra de Arrabal son los mismos que se encuentran en San Agustín, en Shakespeare, en Sófocles: el amor, la traición, el ¡ay! de los vencidos de Tito Livio, la crueldad y, todo ello, enmarcado en la senda del conocimiento. Arrabal constituye el ejemplo de aquel que con su vida y su época superpone los cimientos de una identidad en constante perfeccionamiento hasta alcanzar los niveles de la genialidad, de la misericordia, de la paz universal.
Leo a Giovanni Papini y recuerdo el caso Arrabal en España:

Los críticos italianos de principios del Trescientos —tanto los clérigos como los laicos— no veían a Dante con buenos ojos. Es más, algunos le tenían verdaderamente en gran dispitto. Pero, como quiera que las obras del florentino eran buscadas y leídas en toda Italia, no podían por menos que ocuparse de él, aunque fuese a regañadientes y con desgana.
Y para no estrujar demasiado sus delicadas meninges escogieron una “fórmula” tan cómoda como simplista para deshacerse rápidamente de aquel importuno Alighieri que les atacaba los nervios. Y sentenciaron, de una vez para siempre, que nuestro Dante era “autobiográfico” y “polémico”, todo lo más con algún ribete “lírico” e “idílico”.
Y todos los críticos de aquel entonces repitieron, como un coro de urracas domesticadas, esa fórmula y esos epítetos, cada vez que salía a la luz una obra de Dante. En la Vita Nuova y en las Rimas —decían— prevalece lo autobiográfico, en el De Monarchia y en el Convivio, domina, en cambio, “la polémica” mézclanse y elázanse continuamente, exceptuando unos cuantos intermedios líricos y retóricos. Hasta en lo más alto del Paraíso ese condenado florentino exponía su persona abandonándose a deplorables “excesos polémicos”.
La historia, hoy, no registra ni los nombres de los tales críticos del Trescientos, mientras las obras “autobiográficas” y “polémicas” de Dante se leen y se admiran en todos los idiomas del mundo.

Y así sea. ¡Vale!

Comentarios

5 comentarios en el artículo “Teatro completo de Fernando Arrabal”

  1. Maria Jose Benedi en 15-abril-2009 6:07 pm

    ¡Que razon tienes!

  2. Juan Francisco Nevado en 15-abril-2009 6:09 pm

    Desde hace más de diez años sigo la obra de Arrabal de cabo a rabo. Definitivamente muchos de los le critican o no leen o tienen problemas de comprensión. Enhorabuena a Herrero por su nota.

  3. Mister Mandrake en 15-abril-2009 7:59 pm

    Me alegra comprobar que por fin alguien habla de Arrabal lo bien que se merece. Saludos a todos.

  4. Ignacio Aldecoa en 16-abril-2009 9:58 am

    Algunos de los comentarios que se hicieron sobre la ´opera de Arrabal eran infames. Fui a verla todos los dias y me parecio sobresaliente.

  5. IHB en 16-abril-2009 9:28 pm

    La belleza también se encuentra en sus palabras, Sr. Herrero. Me alegro de poder leerlas (no porque aún conservo la vista, sino porque están dichas en su justa y universal medida). Salut!

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