Claudio Naranjo: ‘Todos los dioses son maneras de hablar’

Claudio Naranjo es un terapeuta global. Un viejo conocedor del alma humana y un profundo observador de la sociedad y de sus enfermedades. Un buscador infatigable que no ha dejado de experimentar desde la vida y la universidad.

Autor de múltiples libros y cursos como Una educación para cambiar el mundo o La mente Patriarcal, Claudio nos ayuda a definir el malestar social desde la psicología humanista, poniendo el acento en los aspectos educativos que pueden transformar la realidad.

Escuchando a Claudio no puedo evitar tararear un trabalenguas: Si el mundo está enloquecido, ¿quién lo desenloquecerá? El desenloquecedor que lo desenloquezca, buen desenloquecedor será.

Esta entrevista es la primera de tres entregas sobre la visión de Claudio Naranjo. Las dos siguientes se refieren a espiritualidad y psicología y aparecerán en www.generacion.net.

Claudio: ¿Quién gobierna este mundo?

Algunos multimillonarios que se conocen muy bien entre ellos y no actúan de manera individual. Pensamos que son una especie de mafia buena frente a la mala mafia, pero no son tan buenos, puesto que pueden suponer una economía criminal. Son dos caras de la misma moneda…

¿No te has vuelto algo conspiranoico?

Sí, en el sentido de que supongo que hay algo oculto (risas)

Tu crítica en tu última obra a la democracia presente o formal no considera que al menos este régimen liberal supone una cierta atenuación de poderes…

Es una exageración llamar democracia a lo que padecemos, puesto que no es el pueblo quien gobierna. Hay que recuperar ese concepto. La democracia sería el gobierno por el pueblo y para el pueblo, cosa que no se da.

Antes había poderes visibles como la Iglesia, el ejército, el Estado. Ahora parece que sólo hay oprimidos sin opresores. Yo no creo que podamos llamar democracia a un mundo donde aparentemente sólo vemos oprimidos.

La ecuación sociedad igual la explotación, viene de lejos…

Desde siempre, en lo que llamamos Civilización. Pero creo que en los momentos de origen la Civilización tuvo otros horizontes y principios inspiradores. Se siente que había una gran luz, que se hubiera ido corrompiendo el poder poco a poco. Creo que la Civilización es como la edad de hierro, caída desde la Edad de Oro. La de bronce sería la de los héroes, los dioses andaban muy cerca de los hombres, pero ahora… es otra cosa.

Qué te parece si en lugar de decir que estamos bajo un dominio del patriarcado y proponer la alternativa del matriarcado, fuéramos hacia un poder andrógino que tuviera integrados al hombre y la mujer…

Yo creo que con la verdadera democracia ya estaríamos en una síntesis parcial; si lo que llamamos femenino (compasión, cuidado, sentido de la comunidad) se mezcla con el poder, pues sale esa mezcla. Esta idea aparece simbolizada en que haya poder ejecutivo y parlamentario separados, lo que supondría que hay un equilibrio y separación de poderes. El problema es que esto no es real cuando el parlamento obedece a los capitalistas y además los poderes no están separados.

Se ha hablado mucho del declive de la sociedad patriarcal, que nunca llega.

Estamos desde hace décadas en un mundo patriarcal agónico, pero que se defiende: las dictaduras militares en Chile son un ejemplo de estertor reaccionario. Si te fijas, ahora, el neoliberalismo vociferante ya no se manifiesta de esa manera. Ahora los neoliberales ya no se atreven con la llegada de la crisis y disimulan sus ideas. No es la economía lo que está en crisis, sino la ideología neoliberal y sus promesas incumplidas. La reacción primera se dirigió contra la contracultura, que entendía que el mundo estaba podrido y que había que ir por otro camino. El sistema se sintió muy amenazado con aquel movimiento de los sesenta.

El famoso libro El despertar de la Contracultura, de Theodor Rostaz, da un papel importante a la LSD.

Yo creo que la LSD contribuyó al despertar de la Contracultura, pues estos fármacos desprograman, te vuelven al origen. Por eso se han perseguido estas sustancias bajo excusas médicas como la adicción o el daño. Aunque no haya que menospreciar estos peligros, creo que ese punto de vista oficial es como un disfraz, puesto que algunas drogas llevan a la gente a no depender tanto del Sistema. Nos hacen descreídos.

¿Qué consejo darías a una persona que busca conocerse?

Respetar su sentido de búsqueda, ser más verdadero, tratar de hacer el menor daño posible: meditar, intentar desarrollar una actitud empática, sentir a los otros, no enfrascarse en la propia vida. Proponerse el amor como una obligación no funciona, pero proponerse tener un corazón mas grande sí.

Cuando hablas de un mundo distinto, ¿por dónde crees que puede venir el cambio?

En cada uno para todos. Hay un estado normal del sufrimiento y un estado mejorable de conciencia. Hablo de cosas espirituales. La vida toma un sentido mayor si uno está encaminado, es como si hubiéramos venido a este mundo a fructificar, a acercarnos al centro de la vida, a una vida más profunda… La mutación consistiría en volver a recuperar esa dimensión en la que el mundo se curaría, pero recuperar esa posibilidad sin el autoritarismo de las iglesias. La gente busca otras fuentes. Yo tengo mucha fe en la entrega a la espontaneidad, en que la naturaleza lo sabe, el animal interno sabe más que nosotros. Yo uso el movimiento espontáneo: movimiento autentico, no moverse hasta que suceden las cosas. El movimiento es el pretexto, es una sintonía con una fuente que va más allá de las motivaciones de la mente ordinaria. Yo creo en el fenómeno de la inspiración, como cuando los poetas dicen que es la musa la que baja. La mayor parte de lo que sé del eneagrama (las descripciones de las personalidades) no me llegó de Ichazo; me llegó a través de la escritura automática: Dejándome llevar, el lápiz en el papel se movía solo, como si me hubiera querido enseñar a no tener prejuicios. Después me sucedió algo caminando en el desierto, como si se me estuviera enseñando a obedecer hacia dentro, a ser mandado por una parte de mi mente, entonces, en un momento dado, me vinieron una serie de conocimientos.

La meditación es un elemento, en el sentido de no hacer nada, estar en el silencio, en la paz, esa es una dimensión: pero dejarse fluir me parece un buen complemento, que no se ponga la meditación demasiado seca…

¿Crees que otra religión es posible?

Sí, con espíritu… pero sin religión rígida. Todos los dioses son maneras de hablar.

Los griegos sabían que Homero hablaba con humor sobre los dioses. No existe esa sensación en los textos sagrados monoteístas. En Homero se manifiesta amor por los dioses, pero nada de sentirlos como seres superiores que nos van a juzgar o a castigar. Es como si Homero supiera que hay una forma divertida de hablar de religión. Por ahí…

Volvamos a tierra. Imagínate que Obama se volviera loco y te dijera: Claudio, vamos a nombrarte ministro de Educación de los Estados Unidos. ¿Qué cambiarías en la escuela?

Le daría menos espacio a la propia enseñanza para introducir humanidades no verbales, apoyaría la educación vivencial y colaborativa tipo scoutismo, que consiste en hacer cosas juntos: Educación para las relaciones humanas desde la convivencia. Una educación para la democracia tiene que pasar por que la gente restablezca relaciones humanas desde la confianza, con sentido de grupo sin que nadie quiera destacar a costa de los demás. Debemos recuperar la ilusión por el grupo, por saber que a veces se puede y debe llegar más lejos con el grupo. La belleza que establece una relación auténtica, el sentido de hermandad, todas esas cosas…y, sobre todo, acabaría con el énfasis en las notas escolares, que perjudican los procesos y maduran a la gente a la fuerza, a través del sustituto intelectual propiamente dicho.

Conozco una escuela en Ecuador, donde a los padres se les dice que acepten una premisa: a sus hijos no se les va a enseñar nada… Los niños aprenden pero no porque se les enseñe. Se practican una serie de juegos y problemas matemáticos muy avanzados, se los sigue cuidadosamente.

El problema es que los educadores están también bastante enfermos, en este sentido, la educación es la vanguardia de la enfermedad social que avanza…

Claro, los educadores transmiten a menudo los males del mundo. Sin embargo hay gente que piensa de otra manera para otro mundo.

En tu última conferencia en Madrid te apoyaste en Rosseau y su idea del salvaje feliz. ¿De verdad crees, como psiquiatra que eres, que el hombre es bueno por naturaleza y que la sociedad le hace malo… o el niño viene ya con sus problemas?

Hay niños con un carácter más agresivo que otros, sin embargo, el temperamento es como una cristalización del comportamiento. El niño posesivo crece hasta convertirse en un temperamento cínico y niega la verdad o la bondad, tomando el rol de malo.

Lo que no quita para reconocer que tenía razón Rosseau al decir que tenemos un potencial amoroso y de autoconocimiento. Pues lo cierto es que hay un mal sistémico en la sociedad. Basta entender el hecho de que algunos primitivos fueran más nobles que nosotros… aunque hay y hay primitivos. He conocido muchas tribus, una de ellas recibía a un misionero que les bajaba cosas desde un helicóptero, hasta que bajo él y se lo comieron…

¡Y quién sabe… si no hicieron bien! (Risas)

Es posible que él creyera que con los regalos les había convencido. O quizá tenían hambre. Así que yo preferí no acercarme.

Bueno, visto lo visto, el hombre no parece bueno del todo.

Freud decía que las civilizaciones son un mal necesario para mantenernos en control, porque somos un poco malos. Y este orden nos permite mantener la condición humana que al final es una condición neurótica, necesaria, inevitable, una tragedia de la vida… Freud decía que necesitamos ser controlados.

Siempre he visto al Freud social como alguien represor. Y a Maquiavelo y a Hobbes. Pero esa idea pesimista del poder forma parte de la más pura tradición occidental liberal.

Desde este punto de vista, es como si fuéramos niños malos y por tanto nos castigaran y necesitáramos que el Estado ejerza una violencia legítima para mantener los signos no violentos…

Más Información: Fundación Claudio Naranjo

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¿Cuándo se fastidiaron las Navidades?

26-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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Me gusta leer los posts que se escriben el día de Navidad. Junto con el tradicional asesinato con el cuchillo de trinchar de la Nochebuena -la excepción que confirma el milagro- pintan el panorama emocional de una fiesta cada vez más triste. Triste porque -sobre todo donde no hay niños- ni siquiera se celebra ya el hecho de celebrar, el «estar juntos». Navidad es un ritual que su protagonista, la familia más o menos extensa, cada vez disfruta menos. Recuerdo un artículo que me llamó la atención:

Quien impulsa la guerra [familiar y social en Navidades] es la derecha radiofónica y su cruzada incansable para polarizar y dividir nuestro país, nuestras cenas navideñas y sacar beneficio de hacerlo. Me lleva a pensar que tal vez, debería regalarle a mi padre un iPod y un surtido CDs de música surf por Navidad. Sería un regalo para los dos.

¿Les suena familiar? Lo curioso es que hablaba de EEUU. Y es que a lo mejor la responsabilidad de que Rubalcaba suplante a Papa Noel, los controladores a los duendes y la crisis al carbón de los -inexistentes- niños malos, no es de «cómo están las cosas», ni siquiera del tarado al que sabe dios qué le vió nuestra hermana. A lo mejor los tiros van por otro lado.

En «Navidad concreta» Diego, quién pasó un año como cooperante en Bolivia, arrancaba el día 26 hablándonos de cine:

La película “La última estación” desmitifica el icono redentor de Tolstoi resaltando cómo su universalismo no sólo serviría de semilla para la dogmatización del anarquismo cristiano, sino que sería el factor determinante en la degeneración de un punto fundamental de su vida: la relación con su esposa. El mito del amor universal antepuesto al amor real, a lo concreto.

Recogía una reflexión ya abierta por Bianka para acabar confesándonos que

Hace un año la cena de Nochebuena venía cargada de culpa. Mi experiencia en Bolivia y el conflicto universalista me impedían transmitir a mi familia sentimientos positivos. Qué injusto es flagelarse por una ideología medieval como el antimercatismo.

La comunidad y el entorno real de una persona es producto de la interacción y de la libre elección: a tu pareja la elegiste tú, si tienes hijos elegiste tenerlos tú, tus relaciones con tus padres y tu familia las construiste tú… son relaciones reales -más o menos existosas- que nacen de la libertad y la interacción.

Pero una persona no elige la nación, el «género» ni la clase social que le encasquetan culturalmente y desde el poder. No se puede modificar ni interactuar con una abstracción, viene dada y siempre, a lo largo de toda nuestra vida, va a venirnos dada.

Los universales son las categorías en las que el estado entiende su accionar y nacieron, como nos cuenta Foucault cuando el estado absolutista empezó a pretender «gobernar» la economía y por tanto los comportamientos agregados de millones de personas en extensos territorios. Dejar que categorías universales nos definan en términos de pertenencia y guíen nuestra vida es dejar de ser libres para optimizarnos a nosotros mismos como palancas y extensores activos de ese poder ajeno.

Y además, la fórmula más eficaz de destrozar unas Navidades.

Foto | Dr. Pat

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El Belén de Leo Bassi

25-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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El Belén que ha montado Leo Bassi en Lavapiés está rodeado de soldados, helicópteros, blindados, check-points y alambradas. Se exhibe en el modélico y vital centro social La Tabacalera de Madrid (c/ Embajadores, 53. Metro: Embajadores L3).

Un Belén de 16m2 dividido en dos por el muro y en el que los Reyes Magos son detenidos después de pasar mil peripecias y controles. Una Palestina en miniatura que el gran cómico italiano ha recreado desde el máximo respeto a la iconografía clásica cristiana.

Leo Bassi escribió una carta comentando la idea a la gente de la Tabacalera y esta fue acogida con entusiasmo. Allí no falta. Leo Bassi explica que “desde ya unos años, cuando llegan las Fiestas Navideñas, vivo con una frustación y una tristeza creciente la terrible contradicción entre las imágenes tradicionales del Belén bíblico con su mensaje de Paz y de inocencia y la realidad trágica de la Belén de hoy. Este año se me ocurrió hacer algo para concienciar a toda la gente de buena voluntad ante el problema de la Paz en Palestina.”

El Belén puede ser visitado hasta el próximo 6 de enero, pero también vía streaming puedes cotillear lo que pasa por allí, que pasan muchas cosas.

Foto | Fady Salfiti / Periodismo Humano

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Morir de amor

“El hombre es un ser para la muerte”

Heidegger

Polvo Enamorado

Escribir, hablar, pensar de aMoR y MueRte es hacerlo de la misma vida. Un espacio-tiempo que empleáramos en ello no agotaría el venero de su semántica. Principio y fin, Génesis y Apocalipsis, Alfa y Omega, Eros y Tánatos… difícil es encontrar una estructura dual que no esté contaminada de las dos palabras. Su poder evocador es tan amplio que no sólo está enlazado molecularmente con cualquier representación cultural o instintiva, sino que, al margen del nivel intelectual del receptor, resulta inteligible en su esencia: estamos ante un arquetipo. Diría más: estamos ante “El Arquetipo”.

Mueren de Amor los personajes del kabuki y del teatro isabelino, las polvos de Quevedo y los ramos de Góngora, “la Niña de Guatemala” y la de Puertaoscura, Calixto y Margarita Gautier, Kierdkegard y Miguel Bosé cantando a Perales; no hay literatura, mejor: no hay arte sin sexo y violencia. Tampoco hay vida. Se muere de amor aquí y ahora, en el anónimo día a día de una pareja de adolescentes precipitada por el viaducto. El feroz VIH, ese kármico virus del fin de siglo, es otra inagotable muestra.

¿Se puede morir de amor?

Dada la exuberante y compleja panoplia del comportamiento humano, tan renuente a la estadística, algún caso habrá en el que la autosugestión “vudú” mate la voluntad de vivir (sea Amor el homicida o su parásito, la impotencia), más en las anecdotas visitadas se suele morir de otra cosa: “La Muerte en Venecia” se llama peste, no Tadzio; Margarita en París sucumbe ante el bacilo de Koch y en Verona, sólo un azar de venenos y puñales dará dimensión trágica a la pasión adolescente.

“¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?”

Pues, a volapié, me salen de los dedos tres referentes: el mito griego de Narciso, su explicacion freudiana y el siempre citable Nietzsche.

Todo en la naturaleza entiende que amor y muerte son una y la misma cosa, muere el magma para que nazca el granito, púdrase el roble para que amanezca el hongo, la inmolación del abuelo nutre las carnes del nieto. Es la rebeldía prometeica la que viene a deshacer esta unidad. El atroz castigo de Prometeo no pena al ladrón, sino al demócrata. Con la llama olímpica, Prometeo nos entrega la esencia misma de nuestro ser contra-natura, la inteligencia creadora que nos hace conscientes de nuestra unicidad. El hombre quiere ser dios, romper el sagrado ciclo y perpetuarse como individuo.

“¡Pues yo te amo, ¡Oh, eternidad!!”

De este envenenado regalo vive todavía el hombre: de un lado el hambre terrible de eternidad de otro un insoslayable sentimiento de culpa. ¡Qué mejor manera de expiar la culpa que Morir de Amor! Al cabo, el amor es por definición la enajenación perfecta; cualquier acto que dirigido hacia uno mismo sería tachado de execrable egoísmo, trasladado a otro objeto erótico, individuo o comunidad, es abnegación, altruismo, caridad o acto solidario. Y qué acto más totalizador, mayestático y supremo que el de la muerte. Bajo esta mirada ¡qué gratificante resulta ahora entregar la vida desinteresadamente!, morir de amor es congraciarse con la Diosa Blanca, volver al equilibrio del cosmos y formar parte de él en la eterna eternidad.

Narciso

Pero, cuando tenemos al hombre situado en esta balsa de equilibrio cósmico, congraciado al fin con la triple diosa y su matriarcal naturaleza, tiene que venir un tipo feo, cocainómano y judío a joderlo todo. Sigamos muriendo de amor a través de nuestros trasuntos literarios, pues según Freud no existe amor -ni su reflejo, el odio- fuera del que el individuo se profesa a uno mismo, aunque filosofias, religiones y nuestro propio pudor intenten enmascararlo, cubriéndolo de afeites y perfumes. “Narciso vivirá hasta ser muy viejo con tal que no se conozca a sí mismo”.

Test (SÍ / NO)

- Te llena más Camela que los Chichos

- Prefieres “Al salir de clase” que ” Xena la princesa Guerrera”

- No crees en el amor sin sexo

- Piensas que el sexo no es amor

- Ves habitualmente algún culebrón

- Te sientes más próxim@ a Gala que a Shakespeare

- Te aburrió “Muerte en Venecia”

- Lloraste con “Anastasia”

- Siempre utilizas preservativo

- Te gusta hacer el amor en silencio

Menos de 4 respuestas negativas: El romanticismo y tú sois incompatibles. Busca inmediatamente y cásate antes de terminar la carrera. No vales para otra cosa.

Entre 4 y 8 respuestas negativas: No todo está perdido. Si te aplicas practicando a Bécquer y leyendo el kama- Sutra, puedes convertirte en un buen romántico antes de que termine el curso.

Más de 8 respuestas negativas: Enhorabuena, quedas admitido en el club de los románticos de pro.

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Basura

Intenté liberarme con un acto tan vacío y pueril como salir a tirar la basura. Eran mas de las dos de la madrugada, y me veía ridícula con el camisón,  los zapatos, y la bolsa, anormalmente hinchada, colgando de uno de mis dedos. Como el lazo que te pones para recordar algo. Pero la basura solo me hace pensar en basura. Necesitaba, de un modo u otro escapar, desenredarme bajo la luz de la luna, así fuera en el callejón oscuro donde se escondían, como un secreto vergonzoso, los contenedores de basura. Pasó fugaz, por mi cabeza, el pensamiento de que debía echar a correr. Daba igual a donde, correr hasta quedarme sin fuerzas, tal vez tomar un tren, un autobús, ir a cualquier sitio donde pudiera no ser yo. Pero la valentía nunca ha sido una de mis virtudes, o quizá si, pero hacia ya muchos años, cuando era apenas una niña y apostaba con los chavales del pueblo quien era capaz de colarse en la casa abandonada. Yo, la jovencita de las coletas y la falda plisada de cuadros, saltaba la valla sin detenerme a pensar en el oxido que durante años se acumulaba, atravesaba las malas hierbas que el tiempo había sembrado en lo que antaño fue, tal vez un jardín señorial, sin sentir apenas las espinas arañando mis rodillas, y me colaba en el porche. Entraba a través de una ventana rota y permanecía en silencio, agazapada en la oscuridad, bajo el brillo de las farolas lejanas que apenas me dejaban alcanzar a ver los muebles rotos, los vasos volcados por la urgencia, de los que fueron sus dueños. Los chicos, desde lejos, contaban en alto los segundos que aguantaba, sin morirme del miedo, en la casa vieja en la que según decían, los fantasmas aullaban su pena cada noche. Y yo salía al rato, mas por aburrimiento que por miedo. Siempre tuve miedo de los vivos, no entendía que daño, que maldad podía hacerme un fantasma. Y que razón tenia, pero a la vez, que equivocada estaba . ¿ Acaso no era un fantasma el que me estaba haciendo trizas, el que me estaba arrancando cada día pedazos de alma ? Quizá no un fantasma peliculero, con cadenas y sábana blanca, pero desde luego, si, un muerto en vida. Enamorada de un zombie, de un ente en pie, desgastado por la vida, por los años y el dolor, y aun así, aun a pesar de cada pesar, del dolor y las heridas infligidas y autoinfligidas, amándole con toda el alma, y presa, como el zorro que cae en la trampa, como la zorra estúpida que cae a los pies del cazador. Debería echar a correr, pensó de nuevo. Sin mirar atrás, sin pensar, solo correr, escaparme, huir absolutamente de todo, cambiarme hasta de nombre, incluso de cara si pudiera. Que locura, que locuras llegan a arrastrarnos a los pozos de la desesperación. Que cosas tan absurdas aquellas a las que nos agarramos, que idiotas nos vuelve la vida aun creyéndonos listos. Que ironía tan mediocre, pasarnos toda la vida anhelando libertad, para acabar encadenadas, encadenados como bueyes en su yugo. Y bajo la mano y dominio de capataces que en ocasiones nos son hostiles. Y vuelvo a decirme que debería echar a correr, pero me siento ridícula con la bolsa de basura en la mano, y los zapatos, mis zapatos de tacón rojos, ¿por que me los habré puesto?. Y este camisón que un día fue blanco y ahora amarilleaba. Como yo. Que un día fui radiante y ahora, como una linterna rota, solo me enciendo a base de golpes, de extraños giros del destino que ni siquiera están en mis manos, que no tienen ni gracia, ni honra, ni placer. ¿Dónde está mi orgullo? Debe estar en el fondo de esta bolsa de basura, que ya me gotea en las piernas manchando los zapatos, esos malditos zapatos que no me dejarían correr si me decidiera a hacerlo. Yo le quiero con toda mi alma, con todas mis fuerzas, con lo poco bueno que me quede aun dentro, porque en eso me ha convertido quererle tanto, en un bicho malo, en la mala pecora que amarga con solo mirarla. Antes, hace tiempo, era tan tan bonita. Ahora no lo se, hace mucho tiempo que no me miro en el espejo, hace demasiado que no recuerdo ni que existo, que todo cristal en el que me miraba eran sus ojos, y mi belleza o fealdad dependía solo de si me acariciaba con su sonrisa o no . La primera vez que quise correr y no lo hice (y maldita sea, ojala lo hubiera hecho), fue el día en que cruzamos palabras por vez primera . Recuerdo esa camisa gris que abrazaba su pecho, y el olor a tabaco en su pelo , y su risa , su acento dulce, y esa manera que tenia de mirarme, que me vestía y desvestía cada segundo. Senti miedo, muchísimo, más que en toda mi vida, y quise correr , pero en lugar de eso me abrace a su cuello y le besé mil veces manchando su camisa con mis lagrimas, con la saliva que se escapaba de las comisuras de mi boca, como el perro de Pavlov atónito tras escuchar la campanilla, hambriento, dolorosamente hambrienta. Me agarre de sus caderas y le pedí que me salvara, que se quedara siempre conmigo, que me quisiera con toda su alma (si es que las almas pueden querer, ahora creo que no), y esa noche intentamos follar y acabamos haciendo el amor, no una, sino tres veces, y yo debía haber cogido mi ropa y salido corriendo, o aunque fuera desnuda , alejarme de el y su poesía, porque el dolor es menos después de los primeros besos, pero tiende a infinito tras los últimos. Y debí correr y no corrí, me quede dormida en su pecho, con las manos perdidas entre su pelo y su entrepierna, soñando, agitada, nunca lo olvidare, con dos perros callejeros que se devoraban el uno al otro, sin saber que ese absurdo sueño sería un reflejo exacto de toda nuestra relación, dos perros vagabundos, dos viciosos inconscientes que se median como leones, y se mordían, arañaban, sin pensar en el daño ajeno, solo comiendo y comiendo porque nuestra hambre fue eterna, dolorosamente eterna. Ahora hace frío en la calle y yo daría lo que fuera por verle aparecer, doblar la esquina, sonriendo, con su gorra, ofreciéndome ese abrazo que calmara el alma helada. A lo lejos un borracho tropieza con algo y maldice entre dientes. Yo no. Yo maldigo a gritos y pateo los cubos de basura hasta que el zapato pierde su forma y un terrible dolor sube desde mis pies hasta casi las ingles. No ha habido ni un solo día en el que no me haya dolido algo. Pero llega un momento en el que los dolores físicos dejan de existir, es triste, pero dejas de sentirlos. El dolor del alma es mucho mas fuerte y persistente. Te habituás a actuar como el ya mencionado zombie, porque tu rotura no impide que el estúpido mundo pare, y sigues haciendo lo que los mal llamados seres humanos hacen, y te vistes, te peinas, llamas por teléfono, trabajas, incluso comes y de vez en cuando ríes. Cuando me pierdo en las calles de esta ciudad dormida me pregunto cuantos muertos vivientes se pasean, cuantos te rozan despistadamente el hombro cuando pasas por su lado. Busca esa mirada vidriosa, vacua, la anticipación del abismo. Por esa mirada los reconocerás. Por esa mirada me reconocerás. Tenía que correr pero los zapatos no me dejaban. Ahora eran los zapatos, pero siempre encontraba otras excusas, el mal tiempo, la falta de dinero, la falta de todo, y el amor … el amor…si aun no se lo que es… pero a pesar de mi ignorancia, se que le quería , no se si de la manera correcta (no se si existe una manera correcta de querer), pero le quise como se quiere a la vida, con esas ganas de estar, de hacer. Le quise (que digo, ¿le quiero?) más de lo que me he querido nunca a mi misma, más que a todos mis sueños que quedaron partidos bajo sus zapatos. Le quise, le quiero, no encuentro la diferencia, pues hoy es lo mismo que ayer, estuve rota a su lado y sigo rota. No se donde estará ahora, en otros cuerpos, seguro, olvidando con esa facilidad pasmosa todo lo que pasó entre estas cuatro paredes. Lo felices que parecíamos en la calle, pero al cerrar las puertas de casa se cerraba también el telón, y yo solía llorar, y él solía buscar otras mujeres de sonrisa mas liviana que la mía. Le pedía que no me dejara nunca, y él solía prometerme, mirando al suelo, que nunca lo haría. Promesas. Poca gente debe quedar que crea aún en las promesas. Son como los Reyes Magos, te brindan ilusión, entusiasmo, alegría, esperanza. Pero los verdaderos nunca llegan,  porque no existen, obviamente. Como las cosas mas bellas, no existen. A veces dudé incluso de tu existencia, en esos momentos en los que ya estaba volviéndome loca de manera completamente consciente, quise creer que solo eres “algo” que mi cabeza había creado, como vehículo salvador, futuro vehículo siniestrado. No dejo de preguntarme por qué no corrí entonces , por qué no fui valiente y me ame a mi misma un poco más, por qué le dije que mis ojos eran para el, y porque me quede ciega desde aquel día. Estaba tan vacía que tuve que llenarme de cualquier manera, con mentiras, si, con mentiras que parecían mentiras y por supuesto lo eran. Y yo lo sabía, pero, ¿que más daba? una vida vacía debe nutrirse rápidamente de lo que sea. Y eso encontré yo, mentiras que sabían sospechosamente a azúcar. ¿Cuántos portazos? ¿Cuántas mujeres? ¿Cuántas sabanas manchadas, de carmín, de lágrimas, de semen sucio? Cuantas preguntas y que pocas respuestas. Porque siempre es mas fácil hablar por hablar que explicar.

Si es verdad que nunca es tarde, voy a correr. Si, ahora, con mis zapatos desgastados y el camisón, en medio de una noche de fantasmas, de travestís que no saben que lo son, de payasos en el circo del terror.  Noche de lobos y lobas. Tengo miedo, por eso voy a correr. No se que hay en la bolsa de basura, que pesa, que chorrea un liquido espeso que recorre ya mis piernas y me recuerda mis pecados. Ya me voy, ya corro, ya te vas. Solo era basura.

Basura

Intenté liberarme con un acto tan vacío y pueril como salir a tirar la basura. Eran mas de las dos de la madrugada, y me veía ridícula con el camisón,  los zapatos, y la bolsa, anormalmente hinchada, colgando de uno de mis dedos. Como el lazo que te pones para recordar algo. Pero la basura solo me hace pensar en basura. Necesitaba, de un modo u otro escapar, desenredarme bajo la luz de la luna, así fuera en el callejón oscuro donde se escondían, como un secreto vergonzoso, los contenedores de basura. Pasó fugaz, por mi cabeza, el pensamiento de que debía echar a correr. Daba igual a donde, correr hasta quedarme sin fuerzas, tal vez tomar un tren, un autobús, ir a cualquier sitio donde pudiera no ser yo. Pero la valentía nunca ha sido una de mis virtudes, o quizá si, pero hacia ya muchos años, cuando era apenas una niña y apostaba con los chavales del pueblo quien era capaz de colarse en la casa abandonada. Yo, la jovencita de las coletas y la falda plisada de cuadros, saltaba la valla sin detenerme a pensar en el oxido que durante años se acumulaba, atravesaba las malas hierbas que el tiempo había sembrado en lo que antaño fue, tal vez un jardín señorial, sin sentir apenas las espinas arañando mis rodillas, y me colaba en el porche. Entraba a través de una ventana rota y permanecía en silencio, agazapada en la oscuridad, bajo el brillo de las farolas lejanas que apenas me dejaban alcanzar a ver los muebles rotos, los vasos volcados por la urgencia, de los que fueron sus dueños. Los chicos, desde lejos, contaban en alto los segundos que aguantaba, sin morirme del miedo, en la casa vieja en la que según decían, los fantasmas aullaban su pena cada noche. Y yo salía al rato, mas por aburrimiento que por miedo. Siempre tuve miedo de los vivos, no entendía que daño, que maldad podía hacerme un fantasma. Y que razón tenia, pero a la vez, que equivocada estaba . ¿ Acaso no era un fantasma el que me estaba haciendo trizas, el que me estaba arrancando cada día pedazos de alma ? Quizá no un fantasma peliculero, con cadenas y sábana blanca, pero desde luego, si, un muerto en vida. Enamorada de un zombie, de un ente en pie, desgastado por la vida, por los años y el dolor, y aun así, aun a pesar de cada pesar, del dolor y las heridas infligidas y autoinfligidas, amándole con toda el alma, y presa, como el zorro que cae en la trampa, como la zorra estúpida que cae a los pies del cazador. Debería echar a correr, pensó de nuevo. Sin mirar atrás, sin pensar, solo correr, escaparme, huir absolutamente de todo, cambiarme hasta de nombre, incluso de cara si pudiera. Que locura, que locuras llegan a arrastrarnos a los pozos de la desesperación. Que cosas tan absurdas aquellas a las que nos agarramos, que idiotas nos vuelve la vida aun creyéndonos listos. Que ironía tan mediocre, pasarnos toda la vida anhelando libertad, para acabar encadenadas, encadenados como bueyes en su yugo. Y bajo la mano y dominio de capataces que en ocasiones nos son hostiles. Y vuelvo a decirme que debería echar a correr, pero me siento ridícula con la bolsa de basura en la mano, y los zapatos, mis zapatos de tacón rojos, ¿por que me los habré puesto?. Y este camisón que un día fue blanco y ahora amarilleaba. Como yo. Que un día fui radiante y ahora, como una linterna rota, solo me enciendo a base de golpes, de extraños giros del destino que ni siquiera están en mis manos, que no tienen ni gracia, ni honra, ni placer. ¿Dónde está mi orgullo? Debe estar en el fondo de esta bolsa de basura, que ya me gotea en las piernas manchando los zapatos, esos malditos zapatos que no me dejarían correr si me decidiera a hacerlo. Yo le quiero con toda mi alma, con todas mis fuerzas, con lo poco bueno que me quede aun dentro, porque en eso me ha convertido quererle tanto, en un bicho malo, en la mala pecora que amarga con solo mirarla. Antes, hace tiempo, era tan tan bonita. Ahora no lo se, hace mucho tiempo que no me miro en el espejo, hace demasiado que no recuerdo ni que existo, que todo cristal en el que me miraba eran sus ojos, y mi belleza o fealdad dependía solo de si me acariciaba con su sonrisa o no . La primera vez que quise correr y no lo hice (y maldita sea, ojala lo hubiera hecho), fue el día en que cruzamos palabras por vez primera . Recuerdo esa camisa gris que abrazaba su pecho, y el olor a tabaco en su pelo , y su risa , su acento dulce, y esa manera que tenia de mirarme, que me vestía y desvestía cada segundo. Senti miedo, muchísimo, más que en toda mi vida, y quise correr , pero en lugar de eso me abrace a su cuello y le besé mil veces manchando su camisa con mis lagrimas, con la saliva que se escapaba de las comisuras de mi boca, como el perro de Pavlov atónito tras escuchar la campanilla, hambriento, dolorosamente hambrienta. Me agarre de sus caderas y le pedí que me salvara, que se quedara siempre conmigo, que me quisiera con toda su alma (si es que las almas pueden querer, ahora creo que no), y esa noche intentamos follar y acabamos haciendo el amor, no una, sino tres veces, y yo debía haber cogido mi ropa y salido corriendo, o aunque fuera desnuda , alejarme de el y su poesía, porque el dolor es menos después de los primeros besos, pero tiende a infinito tras los últimos. Y debí correr y no corrí, me quede dormida en su pecho, con las manos perdidas entre su pelo y su entrepierna, soñando, agitada, nunca lo olvidare, con dos perros callejeros que se devoraban el uno al otro, sin saber que ese absurdo sueño sería un reflejo exacto de toda nuestra relación, dos perros vagabundos, dos viciosos inconscientes que se median como leones, y se mordían, arañaban, sin pensar en el daño ajeno, solo comiendo y comiendo porque nuestra hambre fue eterna, dolorosamente eterna. Ahora hace frío en la calle y yo daría lo que fuera por verle aparecer, doblar la esquina, sonriendo, con su gorra, ofreciéndome ese abrazo que calmara el alma helada. A lo lejos un borracho tropieza con algo y maldice entre dientes. Yo no. Yo maldigo a gritos y pateo los cubos de basura hasta que el zapato pierde su forma y un terrible dolor sube desde mis pies hasta casi las ingles. No ha habido ni un solo día en el que no me haya dolido algo. Pero llega un momento en el que los dolores físicos dejan de existir, es triste, pero dejas de sentirlos. El dolor del alma es mucho mas fuerte y persistente. Te habituás a actuar como el ya mencionado zombie, porque tu rotura no impide que el estúpido mundo pare, y sigues haciendo lo que los mal llamados seres humanos hacen, y te vistes, te peinas, llamas por teléfono, trabajas, incluso comes y de vez en cuando ríes. Cuando me pierdo en las calles de esta ciudad dormida me pregunto cuantos muertos vivientes se pasean, cuantos te rozan despistadamente el hombro cuando pasas por su lado. Busca esa mirada vidriosa, vacua, la anticipación del abismo. Por esa mirada los reconocerás. Por esa mirada me reconocerás. Tenía que correr pero los zapatos no me dejaban. Ahora eran los zapatos, pero siempre encontraba otras excusas, el mal tiempo, la falta de dinero, la falta de todo, y el amor … el amor…si aun no se lo que es… pero a pesar de mi ignorancia, se que le quería , no se si de la manera correcta (no se si existe una manera correcta de querer), pero le quise como se quiere a la vida, con esas ganas de estar, de hacer. Le quise (que digo, ¿le quiero?) más de lo que me he querido nunca a mi misma, más que a todos mis sueños que quedaron partidos bajo sus zapatos. Le quise, le quiero, no encuentro la diferencia, pues hoy es lo mismo que ayer, estuve rota a su lado y sigo rota. No se donde estará ahora, en otros cuerpos, seguro, olvidando con esa facilidad pasmosa todo lo que pasó entre estas cuatro paredes. Lo felices que parecíamos en la calle, pero al cerrar las puertas de casa se cerraba también el telón, y yo solía llorar, y él solía buscar otras mujeres de sonrisa mas liviana que la mía. Le pedía que no me dejara nunca, y él solía prometerme, mirando al suelo, que nunca lo haría. Promesas. Poca gente debe quedar que crea aún en las promesas. Son como los Reyes Magos, te brindan ilusión, entusiasmo, alegría, esperanza. Pero los verdaderos nunca llegan,  porque no existen, obviamente. Como las cosas mas bellas, no existen. A veces dudé incluso de tu existencia, en esos momentos en los que ya estaba volviéndome loca de manera completamente consciente, quise creer que solo eres “algo” que mi cabeza había creado, como vehículo salvador, futuro vehículo siniestrado. No dejo de preguntarme por qué no corrí entonces , por qué no fui valiente y me ame a mi misma un poco más, por qué le dije que mis ojos eran para el, y porque me quede ciega desde aquel día. Estaba tan vacía que tuve que llenarme de cualquier manera, con mentiras, si, con mentiras que parecían mentiras y por supuesto lo eran. Y yo lo sabía, pero, ¿que más daba? una vida vacía debe nutrirse rápidamente de lo que sea. Y eso encontré yo, mentiras que sabían sospechosamente a azúcar. ¿Cuántos portazos? ¿Cuántas mujeres? ¿Cuántas sabanas manchadas, de carmín, de lágrimas, de semen sucio? Cuantas preguntas y que pocas respuestas. Porque siempre es mas fácil hablar por hablar que explicar.

Si es verdad que nunca es tarde, voy a correr. Si, ahora, con mis zapatos desgastados y el camisón, en medio de una noche de fantasmas, de travestís que no saben que lo son, de payasos en el circo del terror.  Noche de lobos y lobas. Tengo miedo, por eso voy a correr. No se que hay en la bolsa de basura, que pesa, que chorrea un liquido espeso que recorre ya mis piernas y me recuerda mis pecados. Ya me voy, ya corro, ya te vas. Solo era basura.