No va más
15-mayo-2009 · Imprimir este artículo
Por Javier Esteban
El cine, que anticipa imaginarios, construye realidades. EE.UU es hoy la potencia simplona que fabrica el “gran cine”.
Su imaginario infantil y juvenil es el imaginario de medio mundo.
Su sistema de vida nos coloniza con imágenes que se transforman muchas veces en hábitos espasmódicos de acción y en maneras de vivir un poco teñidas de rubio. El buen cine americano es evidentemente el que menos se consume. El problema es que nuestro cine se ve poco, pero no porque sea bueno. La mirada orgullosa y bajita del cine español pasa por una crisis de bombero torero.
En nuestro país hay una sólida tradición en hacer funcionarios y cine, pero nuestro cine no funciona. El hijo de un notario llamado Dalí se gastó las perras de la almendra con un boxeador llamado Buñuel, haciendo algo genial (Un perro andaluz) y colocando al cine español entre las grandes naciones surrealistas. Fue una gesta de señoritos sin subvención alguna.
La República proyectó unos gigantescos estudios cinematográficos en el secarral de Aranjuez para crear el cine universal en castellano que nunca fue. Con el franquismo se hizo un cine de consumo nacional a imagen del italiano, pero más agarbanzado y castizo, con excepciones contadas como Buñuel (que lo hacía fuera) o Berlanga. Aquel cine contaba con una escuadra maravillosa de actores y de ideas ingenuas made in spain.
Se esperaba que la libertad produjera genios del cine como setas, pero no ha sido así. El consumo de nuestro cine ha ido decayendo porque las nuevas generaciones leen y consumen otros imaginarios “no celtibéricos” y porque la crisis de la costumbre de ir al cine a oler votantes y comer palomitas es un hecho, salvo que uno sea un novio mileurista o un intelectual que vive con sus padres.
La oferta de cine es enorme, y nuestro rollo peliculero no compite.
La fuga de cerebros ha empezado con Fresnadillo, ahora en la red de Spielberg. La fuga de cuerpos (actores) comenzó hace ya algunos años.
La gran mayoría de las películas que se hacen en España son un verdadero tostón. El costumbrismo no es universal y tiene poco trayecto en un mundo globalizado. Ésa es la realidad. Existe un cine minoritario subvencionado, con pretensiones intelectuales, memorísticas y humorísticas. Falta creatividad. Las subvenciones deberían ser para una primera obra. Aquí financiamos muchas veces la mediocridad y la burocracia para siempre.
La nueva generación de “cineastas autonómicos” promete mucho, pero no acaba de dar el salto. Amenábar y Medem no se hacen universales, y Almodóvar ha mostrado ya sus valencias, que para muchos apuntan decadencia.





Comentarios
¿Quieres dejar un comentario?