Miedo al “Observatorio de la Imagen del Instituto de la Mujer”
26-Mayo-2008 · Imprimir este artículo
Por Antonio Dyaz
Suecia ha exportado con éxito millonario e ideológico cosas tan dispares como los muebles de IKEA o las revistas porno de lujo. Berth Milton es el dueño de PRIVATE, el líder mundial del cuché para adultos, y sus palabras son esclarecedoras: “Me enerva que se hable de sexo y violencia de manera conjunta ¿puede alguien explicarme qué tiene que ver lo uno con lo otro? Es como si se hubiera inventado una nueva palabra ‘sexoyviolencia’. Y eso hace hervir mi pacífica sangre escandinava.”
La etiqueta “arte” puede salvar de la hoguera mediática toneladas de carne fresca, aunque a veces tenga que transcurrir un tiempo. Pongamos por ejemplo, aquel anuncio que en febrero de 2007 lanzó Dolce & Gabbana en el que cinco apuestos gays jugaban con una arrebolada modelo. La fotografía, de excelente factura técnica y artística, fue detectada por el temible “Observatorio de la Imagen del Instituto de la Mujer”, que es lo más parecido a la Santa Inquisición que podemos hallar en nuestros días. Y una vergonzosa orquestación desde medios pretendidamente progresistas, dio al traste con la campaña. Ello fue noticia en toda Europa, que no olvida que nuestro país vio crecer a Torquemada.
La torpeza del citado “Observatorio” es flagrante, pues gracias a su denuncia, Dolce & Gabbana vio su fotografía publicitaria reproducida GRATIS en miles de medios de comunicación. De hecho, multiplicaron tanto su impacto y se ahorraron tanto dinero que podríamos pensar mal… ¿tuvo lugar algún almuerzo previo y discreto entre los responsables de ambas partes…?
Un par de meses después, la compañía aérea Ryanair editó un calendario benéfico, en el que doce azafatas posaban voluntaria y gozosamente ligeras de ropa ante la cámara. De nuevo el “Observatorio” alzó su báculo mesiánico, pero esta vez se topó con la comprensible incomprensión del público. ¿Acaso no hay calendarios con tipos musculosos semi desnudos? Bomberos, deportistas, estibadores portuarios…
Mostrar ciertas áreas de la anatomía femenina es ofensivo para estas colectividades de ideología medieval, que identifican sexo con vejación y abuso. No quiero imaginar las terribles infancias que parecen haber sufrido todos estos funcionarios y funcionarias, tan aplicados en buscar cualquier centímetro de piel desnuda para criminalizarlo y exigir el inapelable castigo bíblico.
Sexo y violencia siguen enlazados en sus retorcidas mentes. Si logramos sustituir “violencia” por “arte” habremos entrado en el siglo XXI con menos complejos… Y menos ropa.







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