Luís Antonio de Villena, el escritor esteta
15-diciembre-2008 · Imprimir este artículo
Luis Antonio de Villena nos ha hecho planear, a través de sus versos, de sus prosas cargadas de fantasía y autobiografía, de sus prólogos, sus traducciones y sus ensayos, entre cuerpos glabros y jóvenes brunos; nos ha hecho respirar el ansia de la libertad; nos ha infundido el amor por la belleza (entendida ésta de múltiples maneras); y nos ha llevado de la mano por finales de siglo y pasiones artísticas. La crítica y el público se lo han agradecido con premios y ventas. Pero él no es un “hacedor” de best-sellers… es, ¿es quizá Luis Antonio de Villena un hombre escapado del siglo XIX?
LUIS ANTONIO DE VILLENA: En alguna época pude creer que sí. Y me hubiera gustado, concretamente de finales del siglo XIX. Pero eso es imposible. Todos somos de nuestro siglo. Creo que soy una persona muy de mi siglo pero he intentado investigar una serie de tradiciones del pasado que explican el presente, o al menos las líneas magistrales del pasado que hacen que se entienda mejor el presente. He estudiado el fin de siglo XIX, el romanticismo negro, el decadentismo… Y también el mundo grecolatino, ambos muy alejados entre sí, no sólo cronológicamente sino también desde su visión del mundo. Pero el objetivo era ver qué tenían que ver con el presente no buscaba volver a ese tiempo, ni me sentía un superviviente.
GXXI: Te sientes ante todo poeta, según has afirmado en varias ocasiones, y tu lenguaje lírico, tu vocabulario atípico lo confirman. ¿Qué tiene la poesía que te seduce más que el resto de las formas?
LA: Es lo primero que me sedujo. Y sería lo primero que escribiría en serio, con conciencia de vocación de escritor. Leía entonces poesía del Modernismo y esto me influyó. Me sentí muy identificado con “Adelfos” de Manuel Machado. La Poesía, para mí, es la quintaesencia de la Literatura. Pero cuando alguien tiene una vocación literaria muy grande, como es mi caso, acaba escribiendo otras formas: novela, ensayo… En cualquier caso creo que al poeta le resulta más fácil escribir novela que al novelista poesía. Pero la crítica, que necesita poner etiquetas, me ha colocado la de poeta. Es una injusticia pero no me quejo.
GXXI: Han transcurrido ya 26 años desde la publicación del aclamado poemario Huir del invierno. ¿Sigues escapando de los largos y fríos dedos de la estación oscura?
LA: Ese libro salió cuando acababa de cumplir treinta años. Entonces me consideraba ya maduro, ahora creo que era un niño. Yo era un adorador del verano donde veía un mundo de la plenitud, de la Grecia clásica, el mundo de lo sensual… En días de verano si aparecían dos o tres nubes ya me ponía nervioso. El tiempo todo lo cambia. Ahora me gustan todas estas cosas pero no las emblematizo en esa estación, la libertad moral también se puede dar en el invierno… A veces me gustaría entusiasmarme como lo hacía con el verano.
GXXI: Dos años antes, en 1979, había aparecido Hímnica. Es un poemario donde se celebra la belleza de los cuerpos jóvenes… algo que permanece en tu obra, en cualquiera de los géneros que abarca. ¿Hay un límite literario para expresar la belleza?
LA: Está considerado hoy como el libro emblemático de mi escritura y la verdad es que fue el resultado de mi propia liberación. Empezado en la primavera del 74 y terminado en abril del 78 resulta un libro muy juvenil. Lo escribí cuando empecé a vivir una vida gay de verdad. Mis amigos empezaban a llevarme a sitios gays y tuve mis primeras experiencias en ese mundo aún marginal, raro, como consecuencia del franquismo. Y tuve la necesidad de contar todo eso. Antes mi literatura era más culturalista, ahora, sin perder de vista ese culturalismo estallaba la vida en medio. A todo esto yo le ponía máscaras históricas pero que no fuera tan directo, claro. El caso es que los estereotipos griegos con los que yo “vivía” existían, y me dedicaba a perseguir este modelo. Desechaba a todos los que no cumplían ese modelo… A los veintisiete años era un cabeza loca… Ahora probablemente también. Estaba marcado, pero era una equivocación. Sin embargo, sin esa tendencia no habría hecho la Literatura que me ha caracterizado.
GXXI: ¿Qué piensa el autor de Madrid ha muerto, esa obra coral sobre “La Movida” , de esta recuperación de su memoria? ¿Sigue muerto Madrid?
LA: Madrid es hoy menos llamativa y divertida que entonces pero eso pasa en todas las ciudades. Había unos iconos que se siguen identificando pero la “movida” era mucha gente, una gran parte de la juventud. Era una vida muy liberal, con mucha gana de libertad… También el Londres de los 60 era una ciudad más alegre que ahora no existe. Todas las ciudades tienen momentos pletóricos y el de Madrid estuvo en los ochenta, fue la liberación del franquismo.
Y este libro tiene un lado de crónica y un lado de ficción, al cincuenta por ciento. Se pone letra a cosas que yo vi, digamos que es mi testimonio personal de la “movida”.
GXXI: En esa obra el protagonista, un guionista de cine y televisión, canta a la libertad continuamente. Y es una oda de elogio casi sin lindes. ¿No crees que la libertad llegó a entenderse bastante mal durante aquella década?
LA: Se dice siempre que la libertad se entiende mal cuando se cometen equivocaciones. Pero no siempre se está educado para la libertad. En este caso se suele hacer referencia al uso de las drogas. Hubo gente que murió, otros se convirtieron en drogadictos… se equivocaron, es verdad, pero estaban viviendo la libertad. Si los hombres fueran perfectos o se habrían convertido en ángeles o se habría acabado la libertad: el poder estaría sujetando totalmente las riendas, como lo está haciendo ya. Ahora se es menos libre de lo que se era íntimamente en el franquismo. Entonces, cuando te situabas en lo marginal, a la afueras del sistema, lo individual pasaba más desapercibido. Para ponerte un ejemplo te diré que en las farmacias se vendía sin receta. La gente se metía muy poco con la vida sexual de los demás, especialmente si tenías un poquito de dinero (otra cosa era la vida sexual colectiva: todo estaba prohibido).
GXXI: El bello tenebroso y El mal mundo (premio Sonrisa Vertical), así como la traducción de El libro de los hermosos, dan a tu obra una gran rotundidad erótica. ¿Qué tiene el deseo que impulsa a escribir a Luis Antonio de Villena?
LA: Pues sobre todo el deseo. Exactamente el deseo. Soy mucho más sensual que sexual. Puedo estar horas mirando a un chico guapo.
GXXI: Por otro lado, también has escrito numeroso y bien documentado ensayo. Como ejemplo, citaremos Diccionario Esencial del Fin de Siglo. Uno de sus términos es “Acidia”. ¿Ha desaparecido hoy o parece invisible en su propia abundancia?
LA: Hoy se llama de otra manera: melancolía, incluso estrés, lo que los romanos llamaban tedium vitae. Ya se conocía la pulsión por la vida, Darwin había hablado del instinto de supervivencia, que por otro lado es muy cruel, pero fue Freud quien descubrió que existía el impulso “tanático”, un extraño afán de morir que existe en nuestro subconsciente. La vida te cansa porque no cumple tus expectativas, no está a la altura de las circunstancias, y eso provoca una sensación de abandono. Acidia es un término medieval que se aplicaba a los monjes. En mi caso, si no hubiera sido por la Literatura probablemente me hubiera dejado llevar por ese impulso…
GXXI. Víctor Hugo dejó escrito que Misericordia es el más bello de los nombres que La Biblia da a Dios. Tu libro Chicos termina con unas bellísimas e inesperadas palabras: “Nuestra última columna, total y sola, es la misericordia… la misma materia del universo. Y presiento que no hay nada más: Vacío y misericordia”. ¿Es la Misericordia más que el Amor? ¿O es, sencillamente el Amor en estado prístino?
LA: Yo creo que eso es una costa muy budista: vacío y misericordia, el vacío como la nada y la misericordia porque el sentido humano hace pensar que un ser perfecto sólo puede ser misericordia. La condición humana es tan feble que sólo puede aspirar a la Misericordia, no a la culpa, a la misericordia. Pero no la de Dios o la de la Iglesia, sino un Ente que rige el universo. Yo me siento más budista que católico. Bueno… católico no me siento casi nada (al menos en su faceta española).
GXXI: ¿Qué nos dirías de tu última novela, El sol de la decadencia, tan compleja, tan orientada a navegar en las zonas profundas de la moral?
LA: Yo creo que es una obra interesante, con varias voces, y varios puntos de vista… aunque pienso que no es complicado seguirla. Es una novela con zonas de sombra, es verdad. La prostitución siempre ha sido un tema delicado que la sociedad no ha abordado bien, y ahora peor que nunca.






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