Libertad vigilada… Un atentado contra la sociedad
16-septiembre-2008 · Imprimir este artículo
Por Rafael Herrera
La libertad vigilada es una contradicción en los términos. Para que la libertad pueda serlo, es una condición esencial que el ciudadano sea dueño y responsable de sus actos. Si hay un ciudadano que no es dueño de sus actos, un tercero deberá serlo por él, como en el caso de los niños. Si por el contrario, el ciudadano que no es dueño de sus actos es un adulto, entonces el Estado se hace cargo de él, apartándolo del resto de la sociedad para que no ponga a los demás miembros en peligro.
Todo esto se rompe cuando un sistema penal, ajeno a la realidad y desfasado en sus presupuestos antropológico-rousseanianos, permite que un ciudadano no dueño de sus actos pueda salir a la calle y poner en peligro certero al resto de ciudadanos. La cuestión es: como el sistema penal comete una irresponsabilidad al permitir la libertad a quien no puede usar de ella sin atentar contra los demás (criminal sexual, pedófilo, violador…), el Estado, en lugar de cambiar el espíritu de un sistema penal estúpido, se echa encima la responsabilidad de hacerse cargo de los actos del criminal –pues que no le quepa duda a nadie: si mañana un criminal en libertad vigilada reincide, el responsable será el Estado, porque de suyo, el vigilado lo es porque se presupone en él incapacidad para ser dueño moral y psicológico de sus actos. El estado, al vigilar la libertad concedida a un criminal, se echa encima la responsabilidad de sus potenciales crímenes.
Asimismo, por la puerta de atrás de la libertad vigilada, se quiere vender, para proteger a los ciudadanos, una figura legal muy sospechosa, porque la libertad no puede ser vigilada; ser libre significa que eres dueño, libremente, de hacer lo que te plazca, porque se te presupone que eres capaz de respetar los límites legales, morales y de dignidad de tus conciudadanos. La condición para perder la libertad, así de simple, es que se pruebe judicialmente que has cercenado la libertad de los otros. Y si además, tu cuadro psíquico advierte de que el uso que harás de tu libertad en el futuro será inadecuado, porque emplearás tus decisiones en cometer crímenes contra otros ciudadanos, entonces la solución no es darte una falsa libertad (vigilada) poniendo en peligro a los demás; la solución (en determinados casos) es aplicarte una estupenda cadena perpetua revisable.
Por otro lado, esta patraña de la libertad vigilada no es más que una cortina de humo para tapar la irresponsabilidad del sistema, que sólo se ha preocupado de afinar los protocolos recaudatorios, pero no ha invertido un puto duro en modernizar y centralizar tecnológicamente la justicia. Ahora, en lugar de invertir racionalmente en esto, prefieren entretener a la opinión pública con una medida que nos miente a todos y, además de cercenar conceptualmente nuestro más querido derecho, la libertad, nos costará un pastón, porque alguien tendrá que vigilar al criminal que disfruta de su falsa libertad poniéndonos a los demás en peligro. Por otra parte, será perfectamente inútil, porque si no hay ni dinero ni medios para vigilar a un maltratador, que se sabe perfectamente a quién desea atacar, cómo va a ser posible vigilar durante veinte años a un depredador que puede poner su punto de mira en cualquier persona…
Si alguien no puede hacer uso de su libertad y necesita que un poder superior a él se responsabilice de sus actos, entonces, esa persona no debería disfrutar ni de un solo segundo de libertad, y su destino, mal que nos pese (ja) debería ser que terminara sus días entre rejas.
Dicho queda.






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