Lamentación y triunfo de Maribel Moreno

21-agosto-2008 · Imprimir este artículo

Por Raúl Herrero

A imitación de la antigüedad el mundo contemporáneo ha instaurado cada cuatro años los denominados juegos olímpicos. Aunque se proclama con terquedad un clima de sana competición, en estos enfrentamientos “deportivos” también subyacen intereses políticos, económicos o de simple orgullo patrio. Del mismo modo que la idea de “éxito”, sobre todo en las sociedades occidentales, progresivamente se va enquistando en un propósito de triunfo por encima de límites autoimpuestos de ética, moral o de cualquier esencia de humanismo, o de sentido común; como decía, esa misma presión por el triunfo que encharca la mayor parte de los compartimentos de la sociedad, también se percibe, como no podría ser de otra forma, en el entorno del deporte. ¿Acaso alguien esperaría algo diferente con las premisas de la popularidad, el enriquecimiento o la victoria competitiva por encima de cualquier cosa, incluso de la dignidad propia, o del respeto por la de los demás? ¿Acaso que la comunidad internacional acceda a desarrollar estos juegos, ante los posibles beneficios económicos que se obtendrán de colaterales acuerdos económicos, en un país que acomete la masacre impune de toda una cultura y de un pueblo, no demuestra esa falta de escrúpulo “mundial”? ¿Es preciso que mencione otros ejemplos de ese “todo vale” si los bolsillos se ensanchan hasta que cedan las costuras? ¿Acaso es preciso que me refiera a la tímida respuesta internacional ante la invasión de Georgia por el presidente Vladímir Putin?

En el mundo del arte y de la literatura se mide el valor de una obra por la posición que alcanza en la cifra de ventas, o por el valor que adquiere en una subasta, ¿alguien puede pensar seriamente que el deporte posee algún salvoconducto para excluirse de ese ambiente?
Los encuentros olímpicos contemporáneos tuvieron, a mi entender, su máximo exponente en la Alemania nazi. Allí todo resultaba más nítido por la desfachatez del propio régimen: Lo importante era que se demostrara la superioridad aria para justificar lo que vendría después. ¿Cuántos gobiernos no envían en la actualidad a sus atletas con el propósito de mostrar al mundo la superioridad de un país, de una religión, de un sistema político? Y si no, ¿a qué viene ese énfasis patriótico que ciertos sistemas fomentan en torno a toda competición deportiva? ¿Es preciso que aclare, a estas alturas, que la exclusividad que caracteriza a toda fuerza nacionalista, aunque ésta no conforme una nación reconocida, siempre desemboca en el fascismo, puesto que su “razón de ser” parte del error de creerse “diferentes” –de ahí a considerarse superiores sólo resta un paso- por oposición a otro grupo?

Ahora en la televisión nos vemos obligados a soportar un anuncio lastimero donde se nos informa que muchos atletas no se ganan la vida con el deporte. ¿Y cuántos investigadores, músicos, escritores, pintores y otros colectivos, no sobreviven sólo con su talento? ¿Cómo se puede alcanzar tal nivel de desfachatez pública?

Todo lo anterior viene motivado por el caso de Maribel Moreno. La ciclista, al parecer, ha dado positivo en un control antidopaje. Los periódicos y los medios de comunicación han asaltado a la deportista, al tiempo que políticos y entidades, que hasta ahora subvencionaban a su equipo, se han mesado los cabellos, para luego quemar las camisetas y derramar las cenizas sobre sus cabezas. Tras la lectura de abundantes proclamas no me sorprendería que se reinstaurara la inquisición en España para juzgar el “gravísimo” caso de Maribel Moreno.

Después de todo lo expuesto al comienzo de este artículo, ¿todavía se puede culpabilizar en exclusiva a la deportista? Todas esas voces de tanta altura moral que gruñen contra Moreno muestran su auténtico rostro pidiendo la quema del reo, demuestran el nivel de hipocresía de los alborotadores que solicitan la “cabeza de turco” de la pobre Maribel Moreno.

Todo vale en este mundo para lograr el éxito siempre que no se sepa, por supuesto, o que, al menos, se posea una buena excusa para justificarse. El triunfo de Maribel reside en la ocasión que este desagradable incidente le brinda para su fortalecimiento personal tras su encuentro con verdugos y legisladores falsarios.

Señores inquisidores, el mal del dopaje se encuentra en la raíz de este sistema desnaturalizado. En última instancia, ¿qué son las olimpiadas? Un encuentro costosísimo para comprobar quien mea más lejos. ¡Encantador! ¡Fiel reflejo de nuestro mundo!

Comentarios

1 comentario en el artículo “Lamentación y triunfo de Maribel Moreno”

  1. Mr. Mandraque en 28-agosto-2008 10:56 am

    De acuerdo en todo. ¡Qué gran artículo! ¡Qué lucidez! Me parece una gran verdad todo lo que se expresa. Los medios de comunicación van al sol que más calienta.

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