Estéticamente hablando…

En la película “The Believer” hay una conversación en la que Danny Balint, el protagonista, dice que Hitler y Gobbels se pasaban el día hablando de los judíos; Carla le responde, con cierta malicia en la voz, que por eso él se hizo nacional-socialista, para hablar continuamente del hebreo.

Echan en la televisión, a estas horas de la mañana, un debate entre un párroco (de tono suave aunque se le nota contención en las palabras) y un ateo (este tiene look de rockero antiguo). Hablan mucho aunque da la sensación de silencio de palabras; como cuando te encuentras con un viejo amigo en la cola del autobús y aunque lo intentéis evitar, acabáis hablando del tiempo meteorológico. No se escuchan.

Veinte minutos y una lata de acuarius más tarde, me acuerdo de Gosling, rapado, y se me ocurre que uno se hace ateo para hablar de Dios, para conferirle importancia y aumentar el ego.

De repente me parece mucho más concluyente el agnosticismo: argumentos gnoseológicos al margen, es estéticamente superior a teísmos o deísmos y ateísmos o adeísmos. La elegancia wittgensteiniana del agnóstico que calla es incontestable.

Esta noche seré un esteta. Les dejo con el alba tipográfica.

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