José Hierro: “La poesía no es un remedio, pero tiene la fuerza suficiente para consolar”

11-febrero-2010 · Imprimir este artículo

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En febrero de 2001 entrevistamos a José Hierro. Unos meses después su cuerpo descansaba. Morirán los que nunca jamás sorprendieron. Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca.

Desde 1947, año en el que publicó su primer libro “Tierra sin nosotros” y ganó el Premio Adonáis con “Alegría”, hasta su última obra, “Cuaderno de Nueva York” (1998), José Hierro llena más de medio siglo de excelente poesía con su verso pleno de ritmo y profundidad conceptual, de dolor y canto a la vida; de expresión poética deliberadamente sencilla, apenas imágenes, caracterizada por la dolorosa conciencia de la transitoriedad.


En su libro “Música” publicado al concederle el Premio Cervantes, en 1998, antología de poemas suyos con referencias temáticas a ese otro arte tan ligado a la poesía; usted dice en el prólogo que “la poesía aspira a ser todas las artes en una, en ella”.

La poesía no es ni mejor ni peor que las demás artes es, simplemente, lo que puede ser, aunque el artista siempre ansía el arte total; en él convive la necesidad de integración, la búsqueda de una entidad suprema. Lo que sí es cierto, es que la poesía toma de la música el ritmo, la musicalidad de las palabras; el color de la pintura; de la arquitectura, la estructura; de la escultura, el volumen. Es la gran vampira que se alimenta de sangre ajena.

Usted ha sido miembro del jurado del último Premio Cervantes concedido a Francisco Umbral. Se ha hablado de corrupción, del triunfo del amiguismo… ¿Qué opinión le merece esta polémica?

Corrupción, ¡qué coño!, ¿quién iba a corromper?, ¿quién iba a presionar para que se le concediese el premio a un escritor u otro?, ¿quién iba a ganar con ello? Se han querido colocar dos grupos de presión, por un lado “El País” y por otro “EL Mundo”, cada uno con sus respectivos aliados. Y ha debido ganar el último, ya que Umbral es colaborador de ese diario; quien, además, ha alimentado la polémica queriendo ver en el premio el triunfo de lo moderno frente a lo añejo; pero ya se sabe que a Umbral le gusta mucho provocar.

Yo he votado honestamente, no por amistad, ni por presión alguna, sino simplemente porque considero la obra de un autor más merecedora de un premio que otra. La gente se inventa lo que le da la gana, como cuando en época de Franco todo era debido a la conjura judeo-masónica. Ahora también se quiere atribuir cualquier hecho a una especie de conjura mediática pero, ¿por parte de quién?: ¿de un grupo de presión?, ¿de un grupo económico?, ¿del propio Gobierno? Yo no lo sé y sólo puedo afirmar que toda esta polémica me parece una mamonada y que a mí nadie me ha mandado un jamón para comprarme el voto.

¿Ser poeta es una profesión?

Ser poeta es, como mucho, un oficio con el que no se gana dinero suficiente o, al menos, no para vivir dignamente. El ser novelista sí es una profesión. En cambio, no hay poeta que pueda vivir sólo de la poesía, ni Neruda pudo hacerlo. Esto es lo que te permite, precisamente, ser honesto, porque no contraes ningún tipo de compromiso ni con las editoriales ni con el público. No tienes que precipitarte, es un trabajo lento, íntimo, particular. El ser poeta no es rentable; pero es una vocación. Uno escribe para ser axiomático, porque la poesía te permite decir lo que no se podría comunicar de otra manera. Yo no sé qué es poesía, ¡esa cosa tan extraña!, ¡tan compleja!, pero sí sé que sirve; de lo contrario habría sentimientos e ideas inexpresables.

Consuela al hombre del dolor y del inexorable paso del tiempo…

Sobre todo, acompaña. La poesía no es un remedio, pero tiene la fuerza suficiente para consolar. La poesía comunica aquello que no se puede decir de forma lógica; por eso llega directamente. Ahí está la razón de su existencia y, también por eso, el verso es más difícil de crear que la prosa.

¿Teme a la muerte?

La muerte es sólo el final. Temo más a la agonía, a morirme lentamente.

¿Sigue pensando que el único valor perdurable de su poesía es su significado documental?

Sí, mi poesía es, básicamente, testimonio. Aunque la poesía sea, en verdad, una ficción del lenguaje cotidiano. El artificio existe y parte siempre de una convicción. La poesía debe poseer más, necesita de una elaboración. A pesar de que cuenta una experiencia cotidiana, un sentimiento común, el verso posee sonido y ritmo. En la poesía es fundamental el cómo, porque el qué ya está contado mil veces. A no ser que ahora los jóvenes poetas escriban sobre el genoma o internet, por poner dos ejemplos.

Hablando de jóvenes, existe una tendencia en las nuevas generaciones de poetas por recuperar las formas clásicas, la rima.

El verso rimado y el verso blanco siempre han convivido con el libre. Los novísimos, que supusieron una ruptura con el realismo, fueron más vanguardistas pero existieron paralelamente con otras generaciones que continuaron elaborando las formas clásicas. Siempre han convivido las dos formas de hacer poesía: la tradicional y la libre, en un cincuenta por ciento.

¿Cómo se debería enseñar la poesía?

Lo peor que se puede hacer en las aulas es explicarla sin haberla leído. Eso me hace recordar a dos personajes de “La Codorniz”, que protagonizaban una tira cómica; uno contaba un chiste, y el otro se lo explicaba. Hay que leer la poesía o, mejor dicho, hay que oírla, eso es lo principal. Las explicaciones sobre las características del verso o la vida del autor son secundarias. Además, ¿qué quiere decir, por ejemplo: Verde, que te quiero, verde? A uno le gusta, le llega, pero, en verdad, no se alcanza a comprender su significado.

Lleva tres años sin publicar, ¿por qué?

Estoy cansado. También puede ser que no se me ocurra nada… Ni siquiera he sido capaz de terminar mi discurso de ingreso en la Academia. No es problema de inspiración, porque la inspiración es sólo el principio, es como el hambre que te lleva a buscar algo para comer, luego comienza la comida, el trabajo, de él sale el verso.

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