El arte del sexo

Sucedió algo extraño de camino a la revolución.

Como escribió Chesterton la historia de la ideas en Europa no es la historia de grandes conceptos que han sido llevados a la práctica y abandonados cuando sus resultados no fueron satisfactorios. Al contrario, las ideas se ponen en práctica a medio camino y se abandonan por la mitad sin llegar a ninguna conclusión satisfactoria. Por eso nada termina de desaparecer en nuestro panorama mental y cuando nos encontramos con alguna idea que sí ha sido llevada a la práctica y con resultados desastrosos –como pueda ser cualquier variable del fundamentalismo religioso que nos aflige- el subjetivismo posmoderno imperante permite a sus defensores negar la realidad, alegando que se trata de grandes discursos equiparables. Pero la realidad resulta bastante tozuda y una de las más universales es que la represión sexual es una mala idea con muy malos resultados, que crea personas bastante peligrosas.

En la década de los sesenta del pasado siglo se intentó hacer algo al respecto y se empezó a hablar de “revolución sexual”. Una de las revoluciones que como apuntaba un cómico del momento, debió de tratarse de una de la que menos gente ha tenido en las barricadas.

El asunto terminó de muy mala manera. Lo que se llamó amor libre resultó ser una forma más de explotación de la mujer con figuras tan patéticas como las “groupies”. Para hacerse una idea de a lo que me refiero me remito a películas como Casi famosos, de Cameron Crowe, donde se presenta en términos positivos que el protagonista cambie a una chica por unas latas de cerveza.

Y en cualquier caso el SIDA puso fin a esa era de promiscuidad sexual. A la sombra de la plaga todo tipo de grupos fundamentalistas han intentado imponer sus agendas a sociedades que eran más que reacias. En Occidente la lucha de la Iglesia Católica, y de otras Iglesias, para frenar el uso de preservativo es una lucha perdida, pero en el África subsahariana no y los resultados solo se pueden calificar de catastróficos. No menos grave es su rotunda negativa, igualmente en contra del consenso de la ciencia medica, de que la homosexualidad no es una patología.
A día del hoy el erotismo, entendiendo como tal la actividad sexual que no está orientada a la reproducción, está seriamente amenazado.

Se trata por supuesto de un movimiento social propiciado, como apuntaba Bataille, por el miedo que despierta esta faceta del ser humano por lo que tiene, o mejor dicho puede tener, de incontrolable.

Por favor, no miren al elefante en el salón.

Pero volviendo a Occidente el resultado es verdaderamente extraño. Somos una sociedad cada vez más puritana que se niega a hablar de sexo en otros términos que no sean de cotilleo – lo que hacen o no hacen los famosos- o de curiosidades más o menos divulgativas, pero no de algo que es una necesidad individual de un ser humano equilibrado.

Pero… ¿Quién necesita una vida sexual sana si tiene un coche de último modelo? La comprensión por parte de los expertos de marketing de los mecanismos de la sexualidad resulta cómica para quien entienda los mensajes subliminales que contienen este tipo de anuncios. “La potencia sin control no sirve de nada” es un reproche que a ningún hombre le gustaría tener que escuchar en un pasillo, ni en un armario, ni mucho menos dentro de un dormitorio.

Y si la sexualidad masculina parece haberse vinculado al consumo ostentoso de símbolos de potencia viril que apelan a la magia (¿Qué otra cosa es sino pensar que si te compras un conche que coge las curvas con precisión incansable, tú vas a “coger las curvas” con no menor precisión?), la sexualidad femenina parece vinculada a un intento de buscar la eterna juventud, que ríete tú de Ponce de León.

La presencia de Internet ha hecho que la pornografía sea infinitamente más accesible que antes. Encontrar fotos de hombres y mujeres desnudos está ahora solo a un clic de ratón. Lo que es más, el disco duro del ordenador es desde luego preferible al reverso del colchón para esconder estás fotos.

Sin embargo, se da la curiosa circunstancia que la proliferación del material pornográfico –y su fácil acceso– han hecho que se desvanezca el erotismo.

De qué hablamos cuando hablamos del amor.

Existen abundantes manuales de anatomía que explican la faceta digamos hidráulica del sexo.
No faltan manuales -modernos kamasutras- que explican la faceta técnica del sexo. Qué hacer, cuándo hacerlo y por qué.

Y sin embargo… No creo que nadie se excite con las fotos de un manual de fisiología. No creo que nadie se haya masturbado nunca utilizando un manual de ginecología o urología. (Aunque de esto uno no puede estar absolutamente seguro. En el sexo no se puede estar seguro de casi nada.)

Creo que todos hemos pasado por la experiencia en la primera adolescencia de recibir clases de educación sexual donde se ofrece una detalladísima explicación del proceso reproductivo humano, pero que son absolutamente inútiles a la hora de entender todas esas emociones que bullen en tu interior. Y mucho menos a la hora de entender las emociones de los demás.
Las acrobacias eróticas del Kamasutra despiertan en más de uno una sonrisa de incredulidad.

Existen psicólogos que analizan las emociones relacionadas con el amor. ¿Pero quién acude a un psicólogo sino es cuando ya hay un problema que no puedes seguir ocultándote a ti mismo?
En el intervalo, la mejor opción para entender el sexo, mejor dicho, para entender la forma en que somos criaturas sexuales, procede del arte. De la misma manera que aprendemos a apreciar un paisaje o que reconocemos una situación kafkiana, las obras de arte –de El último tango en Paris a La Celestina– nos permiten refinar nuestra sensibilidad y aprender de vidas ajenas. Desarrollamos nuestra empatía.

Sin el arte somos analfabetos emocionales. Para entendernos a nosotros mismos y entender a los demás, nuestra mejor guía son los artistas.

Tíbet: El genocidio impune

El mundo y la prensa empiezan a despertar ante la brutal represión del gobierno chino sobre los manifestantes tibetanos. La cifra de muertos asciende sin parar pero sin saberse el número de ceros que la censura china oculta. Los mismos reflejos de brutalidad e impunidad típicos de todas las dictaduras.

Pero no hablamos de la dictadura de una pequeña republica bananera o país africano, estamos hablando de un gigante militar y económico que tiene el honor de albergar los próximo Juegos Olímpicos el próximo mes de Agosto. El país con un gobierno con el espíritu quizás menos olímpico y más represivo sobre la faz de la tierra.

El pasado 10 de marzo, una vez más el pueblo tibetano, ha decidido abiertamente rechazar el poder impuesto desde Pekín desde hace más de medio siglo. No es casual que en este día, siete monjes tibetanos decidieran manifestarse pacíficamente en la capital del Tíbet, Lhasa, enarbolando banderas tibetanas, celebrando el día del levantamiento nacional tibetano de 1959 ante la ocupación militar china, 10 años después de la invasión en el año 1949. Pronto las protestas se extendieron a todo el territorio del Tíbet y la espiral de violencia asimétrica volvió a reproducirse alimentada como siempre por la represión salvaje del poderoso y bien armado y la frustración del indefenso pueblo tibetano.

Todo empezó con la ocupación ilegal del entonces Estado independiente del Tíbet. Ya en aquel entonces a las protestas le siguieron por una parte, el exilio del Dalai Lama a India, y por otra, una represión violenta por parte del Ejército de Liberación Popular, que en pocos días se cobró miles de víctimas. Meses después de esta tragedia, la Comisión Internacional de Juristas en un informe que distintos Estados llevaron a la Asamblea General de la ONU, calificaron los hechos de genocidio.

Y de nuevo la historia se repite, y desde este incidente de hace unos días que acabó con el arresto inmediato de los manifestantes pacíficos a palizas, de nuevo en el Tíbet se han encendido las llamas de la protesta. Esa misma tarde más de 300 monjes del monasterio de Drepung, situado a las afueras de Lhasa, intentaron dirigirse al barrio antiguo del Barkhor para manifestarse, pero las fuerzas paramilitares chinas sitiaron todo el enclave monástico, impidiendo la salida de los manifestantes. En éstos, y en días sucesivos, miles de tibetanos de todas las antiguas regiones tibetanas de Amdo y Kham (territorios que tras la invasión fueron separados de la hoy llamada Región Autónoma de Tíbet para integrarse en las nuevas provincias chinas de Gansu, Qinghai, Sichuan, Yunnan) salieron a la calle con banderas nacionales tibetanas y retratos de su líder espiritual, el Dalai Lama, desafiando con ello al poder impuesto por China.

Como consecuencia de estas protestas generalizadas, días después, el 14 de marzo, se impuso un toque de queda en la capital, que muchos tibetanos desafiaron. Las autoridades chinas no dudaron en ordenar ocupar las calles por los tanques y los militares, y ese mismo día más de 80 tibetanos fueron asesinados en Lhasa. La escalada de la violencia y de las protestas tibetanas no ha cesado, como tampoco ha dejado de aumentar el número de manifestantes asesinados y de detenciones y torturas en los centros de detención. La envergadura precisa de la represión se desconoce, ya que de inmediato tanto los turistas como la prensa internacional han sido expulsados del Tíbet con la misma rapidez, con la que los refuerzos del Ejército de Liberación Popular se han dirigido al interior del Tíbet.
Según los datos publicados por el Gobierno Tibetano en el Exilio, más de un millón de tibetanos han muerto desde la ocupación del país, como consecuencia directa de la nueva dominación china. Estos últimos hechos, no son acontecimientos nuevos o aislados, sino que son una perpetuación de las mismas acciones y actitudes. Además la represión política y judicial del Partido Comunista Chino a la oposición tibetana, las detenciones arbitrarias, las ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales, las frecuentes torturas en las cárceles del Tíbet, las desapariciones forzosas, los abortos y esterilizaciones obligatorias, el control policial de los monasterios, la supresión violenta de las manifestaciones pacíficas como las recientes, la violación de las libertades de movimiento y de expresión, y la discriminación en la salud, el empleo, la educación, la cultura y la vivienda de todo un pueblo, apuntan a una política que las Naciones Unidas, ya ha denunciado en casos similares como los de Sudáfrica, de régimen racista y apartheid. A todo ello debe añadirse, que el masivo traslado de población, junto con la explotación humana y de los recursos naturales del Tíbet, comprometen la futura supervivencia de este pueblo neo-colonial, que según Pekín goza plenamente de los beneficios de ser una Región Autónoma y tiene como único instigador del descontento del pueblo tibetano al Dalai Lama, “un monje disfrazado de lobo”, según una de las últimas declaraciones de Zhang Qingli, máximo responsable de la represión actual en Tíbet, al estar ocupando el cargo de Secretario del Partido Comunista Chino en esta región. Tampoco resulta extraño que dicho cargo obviamente sigue a pies juntillas los dictados del máximo líder en China, el Presidente Hu Jintao, el cual de entre su amplio currículum cuenta con ser el ejecutor personal en 1989 de una represión de las mismas características en Tíbet, cuando ocupaba precisamente el mismo cargo que su actual sucesor, Zhang Qingli.

Todos estos hechos están siendo investigados en la Audiencia Nacional que el 10 de Enero del 2006 admitió a trámite una querella criminal por genocidio, crímenes contra la humanidad, torturas y terrorismo de estado con las autoridades chinas. La primera vez en la historia que se denunciaban y reconocían estos crímenes en un Tribunal. La querella fue presentada por la pequeña ONG Comité de Apoyo al Tíbet (CAT) en nombre de las víctimas tibetanas. El denunciar cualquier crimen no es solo un derecho sino una obligación y los crímenes universales como el genocidio no son una excepción. Consideramos por tanto la admisión trámite de esta querella como una buena noticia histórica que por más que digan y como veremos mas adelante, demuestra que sí existe un sana separación de poderes (judicial y ejecutivo) en la democracia española. Gracias a dios no todo es una vergüenza.

Respecto a las reacciones de Occidente, queremos apuntar a los hechos que nos siguen produciendo sonrojo y los que de alguna forma nos pueden permitir escapar de ese bochorno individual y colectivo. Veamos:

Los lideres de nuestras “grandes democracias occidentales” a los que se le llena la boca de consignas genéricas de libertad, democracia y justicia, callan, permiten y miran hacia otro lado cuando es el gigante chino quien comete los abusos. Sorprende y avergüenza que estos encorbatados y poderosos “hombres de estado” no se atrevan ni a recibir, cuando visita nuestros países, al Dalai Lama, Premio Nobel de la Paz y embajador de la no violencia, un simple monje tibetano con mucho que decir. No se atreven ni siquiera para tomar un té con pastas con la primera dama. Claro, no vaya a protestar la Embajada China y cancelar alguna visita comercial. Luego no cancelan nada porque necesitan nuestro negocio igual o más que nosotros el suyo. Sin embargo el miedo, la ignorancia o la hipocresía política persiste y en unos 15 años de varias visitas del Dalai Lama a España no se dignan a recibirle ni los Presidentes del PSOE, ni los del PP. Mientras tanto la maquinaria económica diplomática avanza como una apisonadora sobre los principios y derechos humanos en Tíbet y China y con masivos encuentros y fastos económicos, culturales y “Reales” con nuestro Gobierno, que desenrolla la alfombra roja invitando al Presidente Hu Jintao y su inmenso sequito como si de un idilio comercial se tratara. Y es exactamente eso de lo que se trata.

El problema por supuesto no es tanto el idilio comercial-económico sino el precio de credibilidad que se paga al bajar la cabeza y silenciar cualquier critica o denuncia a la situación de los derechos humanos en Tíbet y China.

Pero para paliar parte de este vergonzoso espectáculo llega la sorpresa hace unos meses y una “mujer de Estado”, la Canciller alemana Angela Merkel, decide que piensa saludar al Dalai Lama cuando visite Hamburgo. Los medios de comunicación de todo el mundo se estremecen como si se tratara de acercarse a Hanibal Lecter o como dice el propio gobierno chino a “un monje disfrazado de lobo”. Seguimos hablando de uno de los personajes más pacíficos y sabios que nadie pueda tener la oportunidad de conocer. Más sorpresas: Ahora el Primer Ministro Británico Gordon Brown que no iba a recibir al Dalai Lama en su próxima visita al Reino Unido parece que si le va a recibir. Y antes de las revueltas recientes el Príncipe Carlos de Inglaterra se niega a ir a los Juegos Olímpicos por la ocupación China del Tibet, Spielberg dimite como director artístico de los Juegos por la implicación de China en el genocidio de Darfur, la actriz Uma Thurman, hija de un prestigioso y querido tibetólogo de la Universidad de Columbia le recuerda que podría haber incluido al Tíbet en sus razones para dimitir sin gastar mucha más tinta y la genial Bjork en un reciente concierto en Shangai se pone a gritar Tíbet, Tíbet!!! en una canción con segundas, sobre la independencia, que originalmente se refería al yugo danés sobre Islandia. Tardarán en volver a invitarla y han anunciado que investigarán y censurarán con más cuidado el repertorio de los grupos que actúen en China… los grupos, los periodistas, Google, Youtube y un largo etc, para intentar contener la falta de libertad, las mentiras y el descontento que se acumulan.

A estas alturas del artículo esperamos que haya quedado más o menos claro lo que ha pasado y está pasando en el Tíbet pero sobre todo, los elementos más sangrientos, frustrantes e incompresibles de la historia y las actitudes que nos acercan o nos alejan de esta vergüenza incomprensible. Para terminar queremos acercaros a organizaciones y gente que trabajan desde hace tiempo para alejarse de la vergüenza y acercarse a la solidaridad echando una mano a la causa del Tíbet. Quizá la única manera de que toda esta pesadilla sirva para algo y no para incrementar el número de muertos desde la invasión del Tíbet, es informarse, movilizarse, asociarse y ayudar de mil maneras al trabajo de las organizaciones que ya lo están haciendo. Todo menos formar parte de la vergüenza del silencio, la pasividad o el miedo.

¡Es tiempo de actuar, y no de silencios complacientes!

La mejor manera de hacerlo estos días es:

En España:

Enlaces a nivel internacional

  • Para participar en la campaña de los Juegos Olímpicos: BeijingWideOpen.org
  • Por favor firmad la petición creada por Avaaz, una de las redes de activistas más importantes del mundo, que está ayudando con un millón de firmas para presionar a China para que la violencia en el Tíbet termine.
  • Por favor, firmen ésta otra petición para presionar al Comité Olímpico Internacional para que no lleven a cabo el plan de pasar la antorcha Olímpica por el Tíbet.
  • Para apoyar la histórica Marcha al Tíbet:aquí y aquí.