Pornografía y obscenidad

D. H. Lawrence y Henry Miller son dos nombres fundamentales para las letras del siglo XX. Con sus respectivos ensayos “Pornografía y obscenidad” y “La obscenidad y la ley de la reflexión”, reunidos en este volumen, asimismo, con su obra literaria, recriminaron a la cohorte de pacatos que les acusaba de obscenos, la angustia sexual de su tiempo, que es también la del nuestro. Les reprocharon, también, la escisión dicotómica del alma y el cuerpo; les mostraron la verdadera pornografía, la de la mala literatura, la literatura de venta en grandes superficies; la pornografía de la pudenda mente del censor… Para ambos, la voluptuosidad era la única vía posible; lo imposible, era la guerra. Mientras Lawrence describía coitos edulcorados, Miller jugaba con su bragueta ante lectores de fácil rubor, arrancaba las telarañas de todos los ojos de nuestro cuerpo, se disfrazaba de moral sospechosa; utilizaba, sí, la obscenidad, conscientemente y como revulsivo.

El prólogo de Aldo Pellegrini, de extensión parecida a la de los textos de Lawrence y Miller, es tremendamente sugestivo, es a la vez poético y divulgativo. No necesita detenerse a anclar, aclarar, los textos que siguen, pues ambos ensayos están escritos con una prosa clara y extremadamente directa. Un libro lleno de sustancia, en el que encontramos el discurso de defensa de dos de los mil y un genios acusados de obscenidad. Finalizada la lectura, ellos se resuelven inocentes. El único obsceno, lectores, es el juez.

D. H. Lawrence y Henry Miller
Editorial Argonauta, 2003

Habitaciones separadas

Habitaciones separadas es un buen libro. Es Literatura. Sin sortilegios, sin trampas, sin ese cebo de la incertidumbre. Aquí ya se sabe lo que sucederá desde el comienzo, casi desde la primera línea. El mérito de la novela es la novela en sí misma, ese lujo que es la unión peculiar y rica de palabras, con el justo toque poético. El autor utiliza una frase sin barroquismos innecesarios, pero la aborda sin miedo a los elementos embellecedores: un adjetivo, una comparación, una metáfora pictórica.

El autor, famoso en Italia desde su primer libro publicado, hace un despliegue de ternura desgarrada, de triste dulzura, de desesperanza plagada de recuerdos, de nostalgia enfermiza.
Especialmente a destacar son el regreso del protagonista a su tierra natal y la descripción de la Semana Santa popular y ese sentimiento religioso que no ha sido excluido de una obra susceptible de ser considerada por algunos como transgresora, por ejemplo por la libertad, y la normalidad con la que se abordan el rincón marginal del paisaje o la dificultad de amar –con todas las letras-.

Éste es uno de esos libros en los que debería usarse una hoja pequeña, de chopo, por ejemplo, como marcapáginas. Pero no una de esas hojas verdes y frescas que arrancó la fuerza del viento. Ni siquiera una de esas hojas secas y curvadas que tientan a los niños –y a los no tan niños- a pisar, prometiendo ese crujido seco y divertido. No. La hoja ideal es aquella que ya ha sido aplastada, que está quebrada, que, página a página, hasta llegar al final, irá perdiendo parte de su esencia hasta quedar casi en nada, un atisbo de tristeza que es la batuta que conduce al invierno.

Pier Vittorio Tondelli
Barataria, 2008

El día del oprichnik

La utopía, como sueño de la razón, puede producir monstruos. Uno de los más infames es la ucronía, esa deyección fétida consistente en una utopía, generalmente involucionista, excretada tras haberse guisado en los cuatro estómagos de la vaca conservadora.
La base de la ucronía suele cocinarse en el ámbito literario, y hasta ahí puede no ir mal; suele, de hecho, funcionar con éxito. Sin embargo, no faltan los estultos que toman la ficción por realidad posible exaltándola desde la política. Ahí radica el mayor acierto de El día del oprichnik, de Vladimir Sorokin, el de detectar el rumbo que está tomando la Rusia de hoy en día guiada por el timón de la dedocracia de los Putin y los Medvedev.
Sorokin, sin llegar –menos mal- a los límites combativos de su compatriota el escritor y líder nacional-bolchevique Eduard Limonov, sabe apuntar al poder con tino. Y es que su visión de una Rusia venidera vuelta a las formas imperiales, con élites oligarcas, tropas de choque agitadoras y ávidas de sangre y un pueblo sumiso y agradecido en apariencia, no se aleja mucho de la realidad nacional actual.
Si se añaden a la receta buenas dosis de despotismo, xenofobia, autarquía, doble moral, revisionismo histórico, se cierran las fronteras y Rusia olvida por completo que, al menos formalmente es una democracia para alinearse por entero con China, puede que Sorokin no vaya mal encaminado.
Ciñéndonos al argumento, El día del oprichnik, con un lenguaje pulcro y malicioso, describe cualquier día habitual de “trabajo” de un fanático guardia personal del emperador de Rusia en el año 2027 donde, a la moral ortodoxa más rígida, se suman los asesinatos políticos, las orgías, los enteógenos más estrafalarios o las intrigas palaciegas. Aunque la perspectiva propuesta en la novela asuste, desde aquí se recomienda su lectura.

El día del oprichnik
Vladimir Sorokin
Alfaguara, 2008

Burguesía soñadora

Leer a Drieu La Rochelle, aunque sea en nuestro idioma, es siempre recomendable. Un raro placer del que no debemos privarnos. Ahora, la editorial Artime nos regala Burguesía soñadora (Rêveuse bourgeoisie), una novela de 1937 que preludia obras mayores del autor como Gilles ─su novela más ambiciosa─, L’homme á cheval y la inacabada Las memorias de Dirk Raspe. Novela-río de claro contenido autobiográfico, a través de sus páginas reencontramos muchos de los temas recurrentes en Drieu: la descripción de una familia burguesa abúlica y fósil, los Le Pesnel, que simboliza la crisis de valores de la sociedad francesa del primer tercio del siglo pasado; una crisis que plantea la necesidad de un cambio en la moral a través de la acción directa, ya sea ésta la guerra, como en este caso, o mediante una revolución social del signo político que sea, de ahí los vaivenes radicalmente opuestos en la ideología del escritor. “Desde Blèche hasta Burguesía soñadora ─afirmó su amigo Malraux─ no vi que tomara seriamente ninguna de sus novelas”. Pues bien, lo cierto es que con esta última asistimos a la mayoría de edad de un narrador incómodo, descreído y moralista que la historia de la literatura haría muy mal en olvidar.

Pierre Drieu La Rochelle
Artime, 2007

A los pies de Venus

En 2007 Alianza Editorial reeditó esta obra, una de las últimas del autor (1926) que fallecería en 1928. La novela cuenta la relación de Claudio Borja, joven poeta de Valencia, y Rosaura Salcedo, rica viuda argentina. Todo lo cual sirve de excusa, o de marco, para que el tío del protagonista, Baltasar Figueras, canónigo, también de la ciudad del Turia, los visite y desgrane la historia de estos poderosos hombres del Renacimiento. Niza, Montecarlo, Roma, la sociedad burguesa y bien posicionada de los años veinte son los escenarios de esta trivial aventura amorosa ajena a la moral que sirve de marco a una nueva narración sobre los Borgia.

A pesar de la admiración del canónigo, a pesar de la trepidante vida de aquellos personajes de la Italia de las traiciones, el libro consigue ser desapasionado, lento a la cólera y comedido como una sociedad donde todo escándalo era susceptible de “olvidarse” y personarse en aras de las “buenas maneras”. Una sociedad que toleraba las situaciones menos ortodoxas siempre que se cuidasen las formas y las apariencias.

Es de rigor reconocer el esfuerzo de documentación del famoso autor de Cañas y barro, que ya afirmaba lo que aún hoy sigue siendo la punta de lanza de historiadores y críticos: “Los que juzgan el pasado con arreglo a su mentalidad moderna [...] se equivocan de un modo lamentable y no pueden comprender el alma de los hombres de aquellos tiempos”.

La prosa medida, las historias contadas sin aspavientos (a pesar de los acontecimientos de todo calibre), la forma precisa, el hacer impecable e impoluto de un clásico que vuelve a nuestras manos es siempre motivo de regocijo para los lectores que aún disfrutan del placer de la Literatura por sí misma y una nueva ocasión para acercarse a la fascinación que los Borgia han provocado en todas las épocas.

A los pies de Venus (Los Borgia)
Vicente Blasco Ibáñez
Alianza Editorial, 2007

El Dios de los ácidos

Albert Hofmann es un hombre con perfil renacentista. Descubrió la LSD y desde entonces ha tratado de entender qué se traía entre manos (sólo tiene 102 años). Este camino ha llenado de sentido y conocimiento su vida y también las nuestras. Bien es cierto que esta sustancia supera lo conocido y lo comprensible, pero gracias a la reflexión de su creador, algunos velos han caído. Goethe y Jünger custodian sus iluminaciones.

Este libro es, por tanto, un testimonio imprescindible sobre el descubrimiento de la LSD, su tiempo, sus protagonistas y su sentido. Hofmann es entrevistado sobre cómo, dónde, en qué momento y para qué cree que sirvió el encuentro con la LSD. Un guión histórico de preguntas que da una idea escueta pero concreta de cada episodio de la vida de la LSD-25 hasta mediados los noventa. Hofmann llegó a confesarnos hace dos años en Basilea que en realidad fue la LSD la que le descubrió a él.

Lo que nadie – ni el propio autor sabrá decirnos- es por qué Hofmann se topó con la LSD develando así 4000 años de misterios iniciáticos y poniendo en marcha un cambio de cosmovisión que parte en dos la modernidad. Cuando pasen cien años, seguramente entendamos que dicha sustancia es una revelación en sí misma y un regalo a las conciencias que no hemos sabido manejar bien todavía pero que ya ha cambiado el mundo. En las aproximaciones a estas cuestiones articulan con mayor o menor acierto sus preguntas Volpi y Gnoli.

El libro sabe a poco, porque la interesantísima sustancia merece la pena, y porque el tiempo de la entrevista es limitado. Hofmann responde al patrón de científico con pocas pero magníficas palabras.

Como suele ocurrir, tratándose de un buen trip, la cosa nos sabe rica, pero queremos más, pues siempre queremos Luz y queremos más Luz.

EL DIOS DE LOS ÁCIDOS
Conversaciones con Albert Hofmann
A. Gnoli y F. Volpi
Ediciones Siruela, 2008

En Madrid también se vive en Oruro

Adscrito a la llamada Generación del Medio Siglo, Medardo Fraile se ha convertido en un fiel cultivador del cuento.

En esta reciente edición compuesta por diecisiete cuentos -cuatro de ellos inéditos- nos encontramos con un manejo del lenguaje acompañado de una variedad que se asemeja en gran medida a la realidad cotidiana. Es ésta una cualidad a destacar debido a la poca importancia que daríamos en la vida real a esas pequeñas cosas y situaciones que suceden y a las que este autor otorga un sentido dinámico haciéndolas del todo intrigantes.

Es un libro de disfrute y lectura cuidadosa para no perder la esencia del detalle en las historias que nos ofrece. Aunque el género del cuento es uno de los más difíciles, no sólo de conquistar, sino por el mérito y reconocimiento que requiere, Medardo lo consigue, dándonos una gran oportunidad para valorar y disfrutar un mundo dividido en pequeñas emociones.

EN MADRID TAMBIÉN SE VIVE EN ORURO
Medardo Fraile
Editorial Correveidile, 2007

Astrología

Cuando una persona ha dedicado cuarenta años (toda una vida) a perfeccionar y aumentar sus conocimientos sobre un tema específico se convierte en un perito, es un técnico, un especialista, una autoridad.

Cuando esa ansia de saber se interrelaciona y ramifica por innumerables caminos, ciencias y artes, el entendido se transforma en un sabio.
Y si ese sabio baja al barro de los legos para compartir los arcanos de su saber y lo hace con humildad la metamorfosis ha dado lugar al maestro.

Octavio Aceves ha plasmado por escrito, con sencillez, pulcritud, y rigurosidad (sin olvidar el humor) una parte de su astronómico (por inabarcable) saber astrológico. Lo que culturas como la “occidental”, china y azteca (o mesoamericana) han estudiado y creído en base a los astros y sus movimientos se une ahora en un libro de consulta y de placer por la pluma ágil del autor. Todo eso es Astrología, y más. Leyendo sus páginas nos preguntamos: ¿pensaban lo mismo Kepler, Taclaelel y Ta Nao -en distintas latitudes del mundo y distintos momentos de la Historia- en el momento de encarar a los cielos? Quizá, al menos, sus preguntas, cuando miraban a lo alto, no eran tan distintas.

Por si al libro le faltase algún aliciente, cosa que no sucede, el principio y el final lo son: Pedro Manuel Víllora dedica el prólogo a desgranar la obra literaria de Octavio Aceves, menos conocida de lo que debiera. Para acabar el autor nos regala un apéndice con apuntes biográficos de grandes hombres que han conformado el saber astrológico, desde el Rey Sargón a Jung (Carl Gustav, por supuesto).

ASTROLOGÍA
Octavio Aceves
Ediciones Martínez Roca

Teatro frívolo

Hay en la Historia del Teatro muchas obras, legiones enteras, que van quedando en el olvido con el paso del tiempo a pesar del éxito de su momento y con independencia de la magnitud de ese éxito. Los espectadores que las alabaron, que se entusiasmaron con ellas, van desapareciendo, y con ellos el recuerdo que dejaron en sus retinas, en sus oídos, las funciones que los hicieron vibrar, reír o llorar. Por eso libros como Teatro Frívolo son una bien organizada operación de rescate. Ya existen las generaciones que piensan que las revistas son sólo hojas de papel satinado plagadas de fotografías, dobladas y grapadas para uso masivo de consumidores en horas de aburrimiento. Pero fueron mucho más que eso, fueron las causantes de la suspensión de sesiones en el Congreso (cuando los diputados aún tenían vida cultural pública y no eran meros monigotes movidos por los hilos del marketing), fueron la alegría de las ciudades, el entretenimiento por antonomasia.

Pedro Manuel Víllora rescata del olvido, de la mano de una edición de la RESAD, tres obras que suponen la evolución de cierta forma de entender el escenario y al público. El joven Telémaco, La corte de Faraón y Las Leandras comparten “cartel” en esta obra. Vienen precedidas por una introducción-ensayo que articula, como eslabones de una cadena, las opiniones de críticos e investigadores, de literatos y artistas sobre los géneros bufo y revisteril. Es un acierto que nos permite disfrutar de las obras en el entorno en el que aparecieron y triunfaron y es también, un prodigio de documentación. Cruzar, a lo largo de esta ensalada sabrosa de citas, a Valle-Inclán, Benito Pérez Galdós, Terenci Moix y la mismísima Celia Gámez, responde a ese eclecticismo inteligente que da lugar a la Cultura con mayúscula. Desde las aleluyas hasta la caída del último telón, el libro se disfruta, provocando una sonrisa continua ante un mundo procaz e inocente a un mismo tiempo, talentoso y, por desgracia, aparentemente perdido… pero no olvidado todavía.

TEATRO FRÍVOLO
Pedro Manuel Víllora
Fundamentos editorial

Otoño

Otoño es la última obra de la tetralogía Cuatro Estaciones, de Julio Escalada. Se trata de una gran obra de teatro en un pequeño formato. Una obra de las que deja poso.

Junto a un lenguaje sencillo, breve, esqueleto de lo imprescindible en los diálogos, se han depositado collares de flores poéticas, joyas descriptivas: las acotaciones que abren, y a veces cierran, las escenas.

Se trata de textos de apenas cinco o seis líneas, pero capaces de tocar la belleza, de ser belleza elegante y bucólica como las estampas japonesas de días lluviosos. También como estas estampas, bidimensionales, en ningún momento hay más de dos personajes en escena, y el texto se desarrolla sobre sus diálogos casi siempre duros.

La obra nos habla de la eterna búsqueda, insatisfecha, de la ansiedad que genera un vacío dentro de nosotros mismos, una sima sin fondo que puede arrastrarnos hacia la nada con su fuerza centrífuga de agujero negro. El “llegar a ser” sin saber el qué. El llegar más allá, sin saber adónde. El conseguir algo más cuando ya se posee la esencia. Se nos habla de abandonar lo alcanzado sin un objetivo, sin un norte, por una ambición inconcreta o un capricho inconsciente… pues nada espera nuestro retorno y la lamentación no nos devuelve lo perdido, lo que dejamos atrás a cambio de nieblas y cascarones huecos de promesas sin pronunciar.

Texto triste y hermoso al que acompañan interesantes artículos sobre Calderón, Lauro Olmo…, firmados por autores diferentes.

OTOÑO
Julio Escalada
Nº 18 Acotaciones. RESAD