¿Fue Wittgenstein un liberal?
24-Julio-2008 · Imprimir este artículo
Por Santiago Navajas
En Teorema, la revista de Filosofía analítica, ha publicado en su penúltimo número, volumen XXVII/2, un artículo de Vicente Sanfélix titulado “¿Fue Wittgenstein un liberal?”, en el que discute un tema, la filosofía política que se desprende de las creencias del filósofo vienés, que ha cobrado una relevancia especial en los últimos tiempos.
Wittgenstein no escribió nada que pudiese ser catalogado ni de lejos como “filosofía política”. Sí expresó repetidamente ciertas simpatías y opiniones políticas, como su admiración por el bolchevismo. Últimamente, sin embargo, se está intentando decantar a partir de sus escritos filosóficos ciertos principios de carácter social que podrían marcar un terreno político, principios independientes de la tendencia política del ciudadano Wittgenstein, quizás contradictorios los principios y las querencias.
La respuesta más obvia es que Wittgenstein no fue un liberal porque fue un conservador. Sui generis, pero conservador. Romántico anti-ilustrado, místico anti-optimista, aristócrata anti-burgués, intelectual anti-científico, occidental anti-occidental, Wittgenstein era más bien un conservador no convencional, alejado de los valores establecidos y las reconfortantes tradiciones en las que se apoyan los conservadores “respetables”. Wittgenstein se inclinó hacia el leninismo, como Heidegger por el nazismo, por una cuestión ético-estética. Allá donde Heidegger contemplaba embelesado las manos de Hitler, Wittgenstein admiraba los rasgos mongoles de Lenin. Este apunte puede parecer una frivolidad pero en este caso se ignora la relación expresiva que para los dos filósofos germánicos tenían tanto la ética como la estética.
Wittgenstein, como Heidegger, son dos objetores a la tradición occidental en cuanto que ésta encarna la “civilización”, es decir, el desenraizamento del ser humano de su sustrato cultural, su alejamiento de las fuerzas telúricas de la tierra y la vida por la inflación de la dimensión racionalista. Cada uno a su modo, Heidegger y Wittgenstein admiraban del nazismo y el bolchevismo su dimensión religiosa. Discrepaban sobre si el héroe trágico estaba mejor encarnado por Hitler o Lenin pero ambos estaban de acuerdo en que el “materialismo filisteo” de la civilización occidental, sobre todo en su dimensión liberal, constituían el paradigma del nihilismo autofagocitador.
En cualquier caso, ya fuera vía nacionalsocialista o a través de la revolución bolchevique, de lo que se trataría es superar la decadencia de la civilización occidental e instaurar el “paraíso” de una nueva cultura espiritual.
Entonces, ¿de dónde se extraen las lecturas en clave liberal de Wittgenstein? El punto de arranque para su adscripción a la familia liberal -una familia amplia, paradójica y a ratos no muy bien avenida- viene de su ética, estrictamente individual, y expresión de la idiosincrasia que sólo puede explicarse en primera persona. Ajeno a cualquier tipo de teorización, este individualismo irreductible constituye el núcleo básico del particular liberalismo a-la-wittgenstein.
Ahora bien, aunque se pueda considerar que el ámbito apropiado político ha de permitir la realización personal, este metaliberalismo es compatible con diversas opciones materialmente antiliberales. Un liberalismo formal podría contener un antiliberalismo de facto. Pero, además, la orientación anti-ilustrada de Wittgenstein, su dimensión romántica e irracionalista, lo hace un adversario de cualquier tipo de liberalismo. Éste, en la perspectiva de Berlin, se basa en la consideración de que los problemas políticos han de enfrentarse racionalmente. Sin embargo, para Wittgenstein lo ético, es decir lo individual, es algo que se experimenta vivencialmente, de forma inmediata y sentimental.
Este aristócrata perdido en el siglo XX, en la lucha entre los sistemas liberales, fascistas y socialistas que tanto despreciaba, ¿qué puede aportar desde el punto de vista político al sistema político liberal en su lucha constante contra el autoritarismo conservador y socialista?
Más allá de sus simpatías por el espejismo moral de los sistemas autoritarios o sus reflejos misóginos, la filosofía wittgensteniana tiene que ver con la expresión de una valoración más que como el ámbito para la argumentación racional. Y en cuanto que dicha expresión es una cuestión rabiosamente personal y sólo enunciable en primera persona, cualquier intento de colectivismo queda subordinado a lo individual y la política a la ética. Lo que supone uno de los rasgos más característicos del liberalismo en contraposición al carácter colectivista que tienen en común los sistemas de extrema derecha y de extrema izquierda.
El presupuesto individualista de la filosofía política no esbozada en Wittgenstein proyecta una suerte de metaliberalismo, con el que Wittgenstein defendería implícitamente la condición primigenia de la libertad individual para expresar las propias preferencias dentro del ámbito de lo político.
Obviamente este carácter metaliberal de la política sería compatible con un antiliberalismo de primer grado de carácter conservador, marxista o nacionalista, citando algunas opciones que expone Sanfélix, el cual piensa que hay dos opciones: o bien el metaliberalismo de Wittgenstein sería inconsistente o, siguiendo a Isaiah Berlin, sencillamente no sería un liberalismo en absoluto. El carácter romántico de la ética wittgensteniana, es decir, su negación de la importancia de la acción política basada en consideraciones racionales lo habría llevado a escindir al sujeto siguiendo una dualidad empírica y trascendental, asumiendo además que la idea de libertad positiva, propia del sujeto trascendental, pasa de considerarse un ideal estrictamente individual y pasa a concebirse como un ideal colectivo.
Pero ni inconsistente ni antiliberal. El esbozo, no expresamente construido, de la política en clave wittgensteniana no permite asociarle ninguna de las derivadas de su metaliberalismo que le harían ser inconsistente. Y en cuanto a que sea antiliberal, Wittgenstein no puede de ningún modo ser considerado un colectivista en ningún sentido, porque si con algo sería intransigente sería en el intento de extrapolar coercitivamente las preferencias de unos individuos a otros.
En definitiva, los reflejos aristocráticos de la formación de Wittgenstein lo empujaba, lo mismo que en sus preferencias musicales, hacia un “conservadurismo no respetable” de carácter moral pero no político, un conservadurismo resignado y estoico propio del que consideraba que después de Mahler todo era ruido. Sólo quedaba el escapismo místico, pero de nuevo, repitámoslo, como opción personal no extrapolable, mucho menos por la fuerza, al resto de las personas.
La alacridad en El Niño Gusano
18-Julio-2008 · Imprimir este artículo
Por Ximo Brotons
Si pudiera elegir
saldría de la bolsa del canguro,
si tuviera que elegir
me quitaría la piel para estar desnudo.
Yo no sé contar lo que pasa en la realidad.
Si pudiera elegir
sería el hombre más lento del mundo,
ya tengo listo un traje para mi corazón:
pondré mi mente al sol.
El Niño Gusano, Pon tu mente al sol
Para empezar a hablar del grupo pop español El Niño Gusano (1995-1999), mencionaremos los versos de Borges en Ewigkeit:
“Torne en mi boca el verso castellano
a decir lo que siempre está diciendo
desde el latín de Séneca. El horrendo
dictamen de que todo es del gusano”
Lo dijeron también Sófocles y Kafka: somos los animales más extraños, asombrosos insectos, criaturas fantásticas, monstruos reducidos a la ignorancia de un mundo que apenas nos ofrece amparo y protección, abrumados por la inapelable verdad de que además todo está destinado a pudrirse y desaparecer. Y ahí surge la pregunta capital, que tomo de Cioran: “¿Hasta dónde se ha llegado en la percepción de la irrealidad?” (La tentación de existir).
Las canciones del grupo pop zaragozano El Niño Gusano, liderado por Sergio Algora y cuya trayectoria incluye cuatro elepés (Circo luso, Efecto lupa, El escarabajo más grande de Europa y Fantástico entre los pinos), plantean todas los retos escondidos en esta pregunta capital. Pues la mezcla de pop minimalista y de letras surrealistas de El Niño Gusano no hace sino incidir en esta irrealidad, que una buena mañana encontramos acurrucada en nuestro regazo, al despertar. Sus canciones son como fragmentos de esa irrealidad, de la extrañeza de su percepción, de la tristeza que la rodea y de la alacridad que sentimos al vivirla tal como es. De ahí la teatralidad y risibilidad de las canciones de El Niño Gusano, la proliferación de personajes (“Pumuky”, “Hombre bombilla”, “Capitán mosca”, “Mme. Dos Rombos”, “Mr. Camping”) y atisbos surrealistas de las tramas conceptuales de las letras, los absurdos desgarros de lucidez, la incansable voluntad de narrar lo inenarrable mediante cualquier subterfugio, la “perfección inacabada” (Saint-John Perse) de sus frases musicales, las continuas y repentinas metamorfosis de las canciones, la “risa exterminadora” (Rosset) que al final de las mismas estalla como una liberación. Pues tal como respondió Cioran a la pregunta capital, “liberarse es alegrarse de esa irrealidad y buscarla en todo momento”. De esa alegría surgen las canciones de El Niño Gusano, teñidas de una melancolía ineliminable que redobla si cabe la vivacidad de las mismas y las destina finalmente a ese raro sentimiento que llamamos alacridad. Veámoslo más detenidamente.
El dictamen suena una y otra vez con su soniquete lúgubre: “todo es del gusano”. Una mañana nos despertamos cumpliendo lo dictado, convertidos en infectas criaturas. La extrañeza golpea en nuestra cabeza dejándonos sin voz y sin futuro, pero al mismo tiempo esa cabeza sorprendida se llena de un color humano, el color de la irrealidad (“Sabes que soy mudo y hablo con la mente (…)/el sol en mi cabeza es de muchos colores”, Menta, “Circo luso”). Mudos y absortos, en nosotros nace la imaginación, cuyo vuelo nos alza hasta lo que parecía entonces imposible en la presunta realidad (“Mi cabeza es la silla de montar del cielo azul”, Bizcochino, “Circo luso”). Irreales, poco a poco vamos saliendo de la cama que nos ha cambiado, de la noche y de los sueños que operaron la transformación. Una soledad y una tristeza enormes, irrazonables, nos invaden y nos asedian; una pena sin nombre nos quita el nombre de ayer y nos lanza a la intemperie del día.
Ya no hay nadie en mi cabeza rascacielos,
y por mi nombre ningún hombre ya responde.
Todos mis sueños son hermosas pesadillas
y en el planeta ni siquiera se oyen voces.
Lourdes, “El escarabajo más grande de Europa”
Traspasados por este rayo de irrealidad, dejamos inmediatamente de existir (“Ahora que mi vida se ha convertido en cuento”, Pelícano, “Efecto lupa”). ¿Cómo empezar a andar, cómo empezar a vivir esta nueva vida, cómo soportar este nuevo cuerpo monstruoso? Convertidos a la irrealidad, no nos queda otra forma de existir que intentar narrar esa irrealidad realmente inenarrable: no hay aquí un juego de palabras, sino el puro juego de esta misma vida, un juego de palabras y de personajes a cuyo través podemos hacer frente a esta nueva inasible realidad. “Máscara es todo lo que no es la muerte”, señala Cioran, y a ella se aferran los personajes estrafalarios de las canciones de El Niño Gusano, surrealistas y mágicos, como la mejor tradición del cuento popular europeo que va desde Perrault hasta Lewis Carroll, Gianni Rodari y Roald Dahl. En el viaje al fondo sin fondo de nosotros mismos, nos hemos hecho realmente humanos, es decir, personajes de un cuento relatado por un idiota (Shakespeare). Por eso percibimos con asombro y pena la nada que nos constituye, la vacuidad de nuestros sueños, la frustración de nuestros deseos, la insignificancia de nuestros ínfimos cuerpos.
Y si somos tan pequeños
podemos pilotar las miniaturas que nos dan para jugar.
Se quedó encogido el mundo,
ya no sirve ni para pasear.
Mira el péndulo, “El escarabjo más grande de Europa”
Arrastramos nuestras moles torpes por las calles de una ciudad repetitiva e insensata, tan muda, tan sola y tan fría como nosotros mismos. Se esfumaron también en ella las ilusiones y las promesas (“Ya no hay nada que celebrar”, Ciempiés, “Circo luso”), el futuro y el porvenir. Lo primero que vemos en la ciudad es el reflejo de nuestra insignificancia, la perdurable vanidad de nuestro ego, definitivamente absorbido por el maremoto de irrealidad que aniquila sus cimientos, su hogar.
Nada más entrar él sale para nada,
al irse a dormir se desnuda para nada,
si te ve pasar te dirá gracias de nada,
en su ropa y en su piel nunca pasa nada,
es un buen chaval que a nadie dice nada (…)
Y aunque nos creamos especiales
todos preguntamos los nombres de las calles
¿Dónde viviré hoy?
Román, “Fantástico entre los pinos”
Según Cioran “el ejercicio del aliento es incompatible con la lucidez”. Asfixiados, transtornados, pero al mismo tiempo tozudamente vivos, monstruosamente vivos, formamos parte de una especie de mundo equivalente al que fatigan los personajes de las obras de teatro de Beckett: un “infierno milagroso”. El aire y el tiempo se reducen a cada gesto y cada gesto reduce cada vez más el espacio que habitamos: “Hundí el tenedor en tu pelo por casualidad/cada segundo nos visita una calamidad”, Y lo que digo cinco veces es verdad, “Efecto lupa”. Si ya no podemos esperar, ni permanecer, si la desesperación se ha convertido en nuestra forma de respirar, de andar, de mirar, de ser, ¿qué podemos querer, si también hemos descubierto lo irrealizable de nuestros ensueños más radicales? El Niño Gusano insiste en el viejo motivo: “Se hizo el silencio, se hizo el silencio/a cada boca, yo/concedí un deseo/todos se cumplieron,/todos menos el mío”, El rey ha muerto, “Efecto lupa”. Y a la ausencia de satisfacción se añade para acabarlo de rematar la locura de la imposibilidad de crear y de jugar en este mundo inhóspito: “No puedes decir nada nuevo,/no puedes descubrir sin repetirte”, Capitán mosca, “Circo luso”.
Pero, sin embargo, de esa cabeza solitaria que habita en el rascacielos de nuestro cuerpo puede sobrevenir una nueva transformación. Nacidos, descontando el nacimiento físico, dos veces, como Dionisos, dios extraño, lo que empezó reduciéndonos por asifixia se torna en lo que nos abre a horizontes más clarividentes, lo que empezó sumiéndonos en una tristeza infrahumana se cambia indescriptiblemente en una alegría sobrehumana. Pues, en primer lugar, descubrimos que esa cabeza imaginaria, sola y sin nombre, es al mismo tiempo el último refugio de nuestra irreductible intimidad y la puerta a una realidad más libre (“Mi cabeza es insustituible”, La clínica de la radio y la televisión, “El escarabajo más grande de Europa”). Descubrimos que esa irrealidad que nos angustiaba de una manera indecible va cobrando realidad, la verdadera, en nuestro cuerpo, que no obstante la tristeza no deja de asediar, constreñir y anular. Cuanto más lejos se ha ido en la percepción de la irrealidad, tanto más abiertas se han descubierto las posibilidades de nuestro cuerpo, de nuestra acción libre, para romper con lo que algunos han etiquetado engañosamente como realidad, la cual a fin de cuentas descubrimos como la verdadera fuente de opresión. De ahí que nos alegremos por lo que en principio nos asustó, asumiendo con todas las consecuencias la ambivalencia del nuevo desafío.
Ya no como en el plato del perro,
por las noches vuelvo a tener sueño,
en mi casa tengo un podio,
soy el primero cuando quiero.
Y el rayo cae y hace mal,
cae porque sí y es subnormal,
es como tú.
Un rayo cae, “El escarabajo más grande de Europa”
Esta canción señala con acuidad el motivo de esta segunda metamorfosis: se llama amor fati. En la asunción de la fatalidad, lo real vuelve a ser posible: tal es el hondo sentido de la percepción de la irrealidad humana, sobre todo en términos de lenguaje. De ahí el surrealismo de las letras de El Niño Gusano, pues el surrealismo manifiesta el verdadero carácter de la palabra humana, su plena extranjería, allí donde la palabra está y es “asombrada e inquieta, entregándose a los afectos de lo inmensurable” (Grupo Surrealista de Madrid). Sin embargo, a pesar de este verdadero renacimiento cuasi dionisíaco la marca de la primera metamorfosis continúa grabada en nuestra piel.
Lo dejé, ya no estoy en la basura,
ahora estoy como bañado en oro,
mis desechos perfuman jardines,
mis insultos pueden divertirles,
una pastilla y a la cama,
mientras soñáis yo dormiré.
Yo soy uno de los 4 Fantásticos,
tengo experiencia en perder el tiempo (…)
Y mis ojos están vírgenes,
yo los abro y sigo ciego.
Continuará, “Fantástico entre los pinos”
Tal huella de la fatalidad sigue y seguirá impresa en nuestros renacidos ojos. “Estamos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro”, señalaba Cioran. De ahí que la vivacidad del sentimiento de liberación que procura la percepción de la irrealidad se vea acompañada de cierta melancolía. Señal de la primera y radical mutación, reverso de los momentos de plenitud y de liberación, la melancolía nos liga asimismo al mundo primordial, curiosa e inquietantemente instantáneo: “una pereza anterior al mundo me ata a este instante… Y cuando, para sacudirla, alerto a mis instintos, caigo en otra pereza, en esa pereza trágica que se llama melancolía”, escribe Cioran. Incluso se puede hablar del poder humanizador de la melancolía, pues no en vano lo que los antiguos diagnosticaban como enfermedad de la accedía no es más que la entraña misma de nuestra condición. El escritor Robert Walser lo explica inmejorablemente: “¡Qué bribona puede ser la cruda realidad algunas veces! Roba cosas con las que después no sabe qué hacer. Hay, según parece, momentos en que se divierte difundiendo melancolía. Y ésta, por otra parte, me resulta muy querida, sí, muy, pero que muy estimable. La melancolía forma” (Jakob Von Gunten). Ese poso melancólico de lo incurable permanece y permanecerá siempre al lado de cualquier explosión de alacridad, como dotando a ésta de raíz y de sustancia.
De un sombrero de copas salí,
a ese hogar yo quiero ir,
no ves que allí no necesito mapas.
Y la mujer policía me acompañará a mi domicilio ideal,
y mi ángel guarda será mi truco definitivo
para pasar un año entero sin parar de reír
¡Qué bien sabe no existir!
Ángel guarda, “El escarabajo más grande de Europa”
Pero aquello que consigue transmutar la pena radical de lo insignificante en ese sabor agradabilísimo de la inexistencia sin recurir a nada más que a sí mismo es el amor. Cuando se individualiza, el amor fati se proyecta en ternura, se abre como al delirio de la hospitalidad (“Cada caricia es un gran hotel”, Ahora feliz-feliz, “El escarabajo más grande de Europa”), donde la realidad presunta es puesta en cuestión de una manera innegociable. El deseo puede confundirse con el asco, la tristeza con la alegría, pero en el centro se yerguen inexpugnables, invulnerables, nuestro frágiles cuerpos vivos (“Conde Duque, hay un cielo caliente en cada cuerpo,/un cielo sonriente con sombrero”, Conde Duque, “Efecto lupa”). De ahí procede el tan célebre como malentendido exabrupto de Unamuno, “¡Que inventen ellos!”, del que El Niño Gusano hace la siguiente interpretación.
¿Qué va usted a inventar?
Una máquina no me servirá (…)
Quiero un cuerpo nuevo
con manos y pies y lleno de besos,
un cuerpo dulce y amable
que sepa siempre quién es su dueño (…)
No pesa más de un gramo
todo lo que amo.
Sobrinito, “Circo luso”
Aun así, seguimos estando marcados, agobiados en medio de un mundo que nos intimida y nos supera. “Lo más verdadero de todo es mirar a un mundo pánico en el cual, de un instante a otro, todo cambia de expresión, y así continuamente, de instante en instante, de lo alegre a lo aterrador, de estar lleno de vida a estar muerto de cansancio, etc. etc.”, escribe Peter Handke (Fantasías de la repetición). Y es que si la alegría del cuerpo (y del amor) resulta realmente vivaz y tonificante es porque, a diferencia de la dudosa respetabilidad que nos reconciliaría con la presunta realidad sin tacha, no requiere de muchos requisitos (dinero, posición social, etc.): la alegría es porque sí, como las rosas y la fatalidad y “el rayo que cae”: la alegría sobreviene.
Es un honor no tener honor,
es mejor sentirse siempre peor.
En un vaso algo brilla como el sol,
el amor da siempre mal olor.
En tu nariz se pudre el corazón,
el nadador se ha fumado el sol.
Hay dos sexos en el mismo bañador.
Yukón, “Fantástico entre los pinos”
Lejos de los oropeles de la llamada “realidad”, nuestros múltiples “yoes” cambian y se metamorfosean, crecen y menguan, sufren y ríen. Poco a poco vamos llegando al centro de nosotros mismos, al pozo caótico del que procedemos. La percepción de la irrealidad se zambulle en el variado presente y permanece, tal como quería Nietzsche, “a la altura del azar” (“Tejí con hilo verde/una alfombra de hojas donde tumbarme,/también fabriqué un dado/con la palabra “hoy” en cada lado”, Pon tu mente al sol, “Efecto lupa”). Por eso la alacridad es siempre trágica, porque es mortal. “Sólo damos el paso decisivo hacia nosotros mismos”, afirma Cioran hablando de los personajes de Beckett, “cuando nos quedamos sin origen y ofrecemos tan poca materia para una biografía como Dios…”. El Niño Gusano suscribe esta broma.
De este hombre nunca habrá
fotos en las enciclopedias
y soplará y soplará y su casa tirará.
Todos sus trofeos son polvo en las estanterías,
y aunque te diga su nombre no sabrás quién es,
todo en él funciona a vapor (…)
En un cuaderno está escrito todo el daño que hizo,
se lo aprendió y aun así suspendió.
Tolkas, “El escarabajo más grande de Europa”
Y así sucesivamente. El Niño Gusano se disolvió en el verano de 1999. A lo largo de sus cuatro trabajos discográficos recorrieron el minoritario circuito independiente del pop español de los años noventa. Pero no lograron alcanzar un éxito que persiguieron: tuvieron un público muy fiel, pero reducido. ¿Fueron demasiado irreales? Sergio Algora, que tiene publicados algunos poemas, fundó en solitario el grupo Muy Poca Gente, y parte del resto de la banda se unió en otro llamado Tachenko. Luego Algora ha estado con uno de los miembros de Australian Blonde formando La Costa Brava. Quizás el mismo cansancio físico (pues, con todo, nuestro primer nacimiento fue físico y, aunque lingüísticos, naturaleza, y natura naturata como diría Spinoza, nunca dejamos de ser), al que aludían en su canción Soy ruso, señor (“El escarabajo más grande de Europa”), pudo con una de las propuestas más originales y más coherentes del rock hispánico de la última década del siglo XX. Castaneda, en Las enseñanzas de Don Juan, sostiene que son cuatro los peligros que debemos ir superando en la vida: el miedo, la claridad, el poder y la vejez, vale decir la muerte, ésta última finalmente invencible. Así vuelve la cantinela de que todo es del gusano.
En cualquier caso, yo me quedo con la alacridad que resuena en todas y cada una de sus formidables composiciones, tan seductoras como la titulada Casanova, en la que la jovialidad transforma al animal más extraño en amador.
Y si te cansa mi casa
tienes el hospicio de San Francisco de Asís (…)
Hace tiempo que me disfracé
y a menudo cambio de traje,
soy como un pavo real
ante animales innobles y despreciables comensales. (…)
Doy menos sombra que un solar
y mi cuerpo es mi equipaje (…)
Estoy tan cerca de la buena gente,
tengo tiempo para soñar.
Casanova, “El escarabajo más grande de Europa”
Lo explicito del horror (I)
15-Julio-2008 · Imprimir este artículo
Por Sr. Menard
El cine hoy es explicito. Si esto es mostrar todo lo que se pueda mostrar, mostrar el fenómeno cinematográfico como es. Esto no deja de ser una decisión estética, es preferir la lo directo a lo elíptico, a lo sugerido. Esta, además, es sin duda un destello actual de la estética snuff del porno-horror. Lo interesante es que la recepción, la tolerancia del espectador, no es la misma con respecto al placer como lo es al dolor.
Las películas de horror / terror siempre han prometido esta sádica condición, la de mostrar el dolor en su ser mostrable (ojos inyectados en lágrimas mudas, sobras de puñales bajando reiteradas veces sobre cortinas de baños desgarradas, etc) La diferencia es que en la actualidad no hay obstáculos para mostrar esas acciones como realizadas fuera de toda ficcionalización, como reales.
Lo audiovisual y lo explicito son complementarios, lo explícito requiere un marco, una puesta en escena para que la acción pueda volverse enteramente explícita. Mientras mas detalles, en tiempo real se muestren, mas explícita se hacen.
El hecho de registrar las acciones con una cámara se convierte, aquí como en el snuff y el cine gore, en la condición de posibilidad para que los actos crueles se vean como crueles. El poder oculto de la cámara apela a la imaginación para sugerir la imagen.
Quien indagó los límites de la crueldad dentro de los marcos del cine clásico fue si duda Hitchcock. A él le debemos las primeras transgresiones a los límites mismo de la crueldad como un rasgo inherente a su obra. La crueldad en este contexto, en el del cine clásico, consistía en manipular al espectador por medio de lo no dicho, de lo insinuado o por el recorte de información audiovisual. Los directores clásicos especulaban deliberadamente con la expectativa del espectador de ver algo que nunca la va a ser mostrado . Esa era la maestría de la puesta en escena, es la capacidad de que cada cosa mostrada tenga un plus de significado que anticipe lo que se supone que vendrá.
En los films de terror, quizás por que el terror es la pasión humana mas fuerte que puede manifestarse en la recepción de un espectáculo, el espectador no podía esperar que le mostraran algo mas que solo indicios.
En el cine moderno, en cambio, por haberse barrido con la noción de género, la crueldad por excelencia es la de hacer sentir al espectador, durante la proyección, que el tiempo no ha desaparecido. Este hacérselo sentir implica que no se olvide de si mismo, si olvidarse de uno mismo, es lo que se busca con el entretenimiento, la crueldad del cine moderno es la de negarle al espectador el derecho de entrenarse.
Sólo el cine contemporáneo, cuando se propone la reescritura de géneros, se encuentra con un espectador óptimo para el cultivo de lo explícito, y dentro de las variedades de lo explícito, para el cultivo de la crueldad en el género de terror. Dado que las representaciones de acciones crueles , en una película , el espectador no puede medirla con la vara de la realidad extra-cinematográfica, será entonces el grado de entretenimiento audiovisual el que le permita decidir cuánto mas sufrimiento ajeno es capaz de soportar.
Pop in Arganda
8-Julio-2008 · Imprimir este artículo
Por Armando Morcillo
Este último fin de semana estuve entre bambalinas en el acontecimiento musical del verano en España -Manolo Escobar al margen -, el Rock in Rio de Arganda del Rey.
No soy yo ave de festival, de hecho este ha sido el primero, así que no tengo un patrón con el que hacer las odiosas pero imprescindibles comparaciones. Sin embargo sí les diré que es la mayor engañifa a la que he asistido en mucho tiempo -sistema democrático y garantista de este país al margen -. El acontecimiento es una máquina perfecta de sacar dinero a los ingenuos asistentes, o a los pusilánimes papás que no pueden traumatizar a los hijos diciendo que si quieren tener una crisis de ansiedad escuchando a Tokio Hotel que ya les compran el CD - SGAE
- y el ipod pero que se quedan en casa.
La fórmula, a primera vista, parece infalible: se escoge un secanal bien grande cerca de una gran ciudad, lo cual no es media hora, son 40 kms en los que se incluye salir de la gran ciudad y acceder a un lugar al que se dirigen miles de coches a la vez - del que luego hay que salir -; se obliga a aparcar a 500m - como mínimo - cobrando 20 euritos por dejar el coche en un descampado al solano; se invita a la gente a entrar -80 € por día- en una explanada vallada, decorada por/para consumidores de M de la que ya no se puede salir; se les impide entrar líquidos o comida de cualquier tipo echándo la culpa a Bush y su guerra contra el terrorismo; y se cobran 2 € por medio litro de agua y 4 € por algo antes conocido como pan y una salchicha.
Supongo que sólo con esto varios miles estarían deseando asistir pero para convertirlos en cientos de miles hay que conseguir que se autoengañen y acudan confiados, no sólo en que van a vivir una experiencia única en su especie -para qué calentarse mucho la cabeza -, sino que ¡van a ayudar a los más desfavorecidos!, para lo cual tampoco hay que pensar mucho: un poco de paz por aquí y allá, un poco de desarrollo sostenible, cambio climático, en fin lo típico, y un slogan con gancho .
Para la promoción basta enseñar la pasta para que Matías Prats te incluya cinco minutos en su publireportaje de las tres y la siempre liberal Aguirre te ceda esos aviones tan chulos de nuestra nueva ONG, aunque G , que echan chorros de colores.
Sí, dicen que el concierto de Neil Young no estuvo mal, de hecho A3 Noticias dijo que fue un concierto épico (o legendario, o dantesco, ¿qué más da ?); y sí, el Canto del Loco no defraudó a nadie: canciones de amor, de rock (primero de amor, vale?); un que le den por culo a los alemanes y besos para las mamás, las titas, las primas y las abuelas.
Ahora bien, si el Rock in Rio se lleva la palma es porque ha metido en el mismo llano sin sombra a mamás y papás con los niños de otros, a jóvenes pueblerinos que por fin se pueden permitir entrar en el sistema y a flipaos puestos hasta el culo en éxtasis electrónico.
No malinterpreten este elogio a la organización, te estoy criticando a tí, si has ido, me estoy criticando a mi, que he ido.
Suena I faught the law de los Clash.
La Iglesia de los Universos Paralelos
8-Julio-2008 · Imprimir este artículo
Por Santiago Navajas
El Universo es gratis. Como explica nuestro Profeta, Kaku, la cantidad de energía necesaria para crear un universo burbuja es cero. La materia tiene energía positiva, pero la gravedad tiene energía negativa. Esto significa que los universos burbuja pueden crearse en cualquier momento. De la Nada.
Si nuestro Profeta es Kaku, a nuestro Dios lo llamamos Membrana. Creemos que nuestro universo es una Membrana. Vivimos en la piel de esta membrana la cual está expandiéndose constantemente debido a la Energía Oscura. Nuestra religión es monopoliteísta porque aunque adoramos exclusivamente a un Dios, no descartamos la existencia de otros Dioses (Membranas).
Nuestra Iglesia promete la inmortalidad. La conciencia es una fluctuación cuántica inexplicable por las leyes físicas. Con la muerte finaliza nuestra existencia material pero sobrevive la mente. Hay disputas teológicas sobre si la conciencia una vez liberada de la cárcel corporal todavía se encuentra aprisionada en nuestro Universo o puede navegar libremente por los Universos Paralelos pero no afectan a lo principal: la inmortalidad de la conciencia.
También procuramos una ética vinculada a la conciencia. Cuanto más cerca estemos de las leyes fundamentales de Membrana más cerca estaremos del Bien. Pero si no, caeremos en un estado de confusión cuántica, de desorden aleatorio máximo que nos llevará a la desestructuración de la conciencia. Si la muerte corporal nos sorprende en tan calamitoso estado el peligro reside en caer en la Materia Oscura, que conforma el 90% del Universo. Lo que utilizando la terminología cristiana quiere decir que el Infierno está lleno a rebosar.
Conocida vulgarmente como Teoría M (por Membrana, Madre, Misterio o Milagro), nuestra Iglesia se encuentra cerca de poder clonar el manzano del Edén, es decir derivar matemáticamente todas las leyes de la Física y la Química. Sin embargo, y como es inevitable, ha surgido una peligrosa herejía en Harvard, la llamada Teoría F (Father, “padre” en inglés) que propugna dos tiempos mientras que nuestra religión sólo cree en uno. Sin embargo, estamos de acuerdo en que hay diez dimensiones espaciales. Quizás algún día nos reunifiquemos, pero yo no lo creo.
Por supuesto, tenemos un Libro Sagrado. Lo escribió Kaku en 1996 y ha vuelto a reeditarse: “Hiperespacio: una odisea científica a través de universos paralelos, distorsiones en el tiempo y la décima dimensión”.

La extraña y nunca lo suficientemente ponderada historia de Joseph Merrick
26-Junio-2008 · Imprimir este artículo
Por Raúl Herrero
Según su partida de nacimiento Joseph Carey Merrick nació el 5 de agosto de 1862 en la ciudad inglesa de Leicester. Fue el mayor de los hijos de Barnabas y Sarah. Aunque al principio se desarrolló con normalidad, a los veintiún meses la madre percibió algo extraño en la criatura: un abultamiento rosáceo le crecía en el labio inferior. Este apéndice aumentaba de tamaño de día en día. Pero, además, a Merrick le crecía una protuberancia en el cráneo, su piel se tornaba áspera y fláccida y su brazo derecho aumentaba de tamaño, al igual que ambos pies. Por otra parte, la prominencia de la boca, mientras crecía, le retraía el labio superior con mayor virulencia. A estas desgracias se sumó una caída que le afectó en la cadera, lo que le proporcionó una cojera permanente y le dificultó cualquier desplazamiento que requiriera una mínima soltura.
Cuando tenía diez años su madre murió de neumonía. Posteriormente, él mismo afirmaría que fue ésta la mayor “desventura” de su vida. Tal vez en ese momento tomara el retrato de su madre del que no se separó jamás.
El 3 de diciembre de 1874 su padre se casó en segundas nupcias con Emma Word Antill. Ante la precariedad económica de la familia su madrastra insistía al joven Joseph en que buscara trabajo. Durante un tiempo encontró empleo en una tabacalera, hasta que el incremento de la deformidad de la mano derecha le impidió desarrollar la tarea de enrollar los puros. De nuevo, a instancias de su madrastra, que le amenizaba las comidas con palabras de aliento como: “no te ganas ni la comida que te pongo en el plato”, Merrick encontró trabajo como vendedor ambulante de calcetines.
Sin embargo, a medida que la enfermedad degenerativa progresaba, se le incrementó el tamaño del brazo derecho y de los pies, así como del cráneo, además de la extraña cojera, todo ello oculto bajo una extraña indumentaria que, en lugar de hacerle pasar desapercibido, lo convertía en blanco de todas las miradas. Cuando lograba que alguien le abriera la puerta su dicción, terriblemente perjudicada por el aumento del tumor de su labio, le impedía hacerse entender. Así que Merrick, o bien entregaba en casa el dinero que le habían ofrecido para el almuerzo como si procediera de sus ventas del día, o, simplemente, evitaba las horas de la comida para no escuchar los constantes reproches de su madrastra. Finalmente, el gremio de vendedores le retiró la licencia porque aseguraban que “ofrecía una mala imagen”.
Desalentado, Merrick huyó de casa al menos tres veces. Al final su padre y su madrastra decidieron que se ocuparan de él unos tíos que no tenían hijos. Aunque al principio la situación fue agradable, con el tiempo la falta de posibilidades económicas de sus familiares le llevó a Merrick a internarse voluntariamente en un centro de acogida.
Precisamente, en ese lugar decidieron operarle el enorme quiste, con aspecto de trompa, que le dificultaba incluso la ingestión de alimentos. Sin embargo, la vida en el centro de acogida resultaba durísima, con largas jornadas de trabajo, pues los internos debían ganarse el sustento y la yacija donde dormían, con independencia de sus limitaciones físicas. En varias ocasiones, Merrick solicitó abandonar la institución y salió en busca de trabajo. Como no logró lo que se proponía, debido a sus problemas físicos, se puso en contacto epistolar con una famosa figura que se ocupaba de toda clase de exhibiciones en ferias y locales de Londres.
La exposición de su desgracia era la única salida digna, por más indigna que resulte, que la sociedad le ofrecía. Al parecer a pesar de lo escabroso del asunto Merrick logró en esa época una pequeña fortuna y fue, precisamente, en un local enfrente del Hospital de Londres donde el doctor Treves vio a Merrick por vez primera. El médico consiguió que Merrick asistiera a un par de sesiones clínicas para exhibirse, en este caso, en el ámbito académico.
En esos días los espectáculos de “novedades”, que incluían deformaciones y toda clase de truculencias, fueron prohibidos por las autoridades y Merrick fue cedido a un empresario que pensaba realizar una gira por toda Europa con su nueva adquisición. Sin embargo, a los pocos meses de iniciada la “torneé” el gerente comprobó que las autoridades de Europa ponían los mismos problemas que las de Gran Bretaña a ese tipo de espectáculos. Por tanto, una noche robó a Merrick todos sus ahorros y lo abandonó a su suerte en algún lugar de Bruselas.
Joseph Merrick sin dinero, sin propiedades, con un aspecto que llamaba la atención, cuando no alarmaba, a todo ser viviente con el que se tropezaba, y con dificultades para hacerse entender por las deformidades que le atenazaban los labios, se encontraba sin amigos, solo frente al mundo. Al parecer logró vender algún objeto de valor que llevaba consigo para comprarse un pasaje de barco. Pero cierto capitán se negó a que subiera a bordo por el revuelo que podía causar entre los pasajeros. Parte del trayecto lo realizó en tren, oculto tras las cortinas de la ventanilla, lo que no siempre le hacía pasar inadvertido. Tras mil peripecias, hambriento y agotado llegó a la estación de tren de Londres, donde una muchedumbre le rodeó para comprobar qué era ese extraño ser. La policía ante el alboroto se acercó hasta Merrick quien agotado, desvanecido en un rincón de la estación, extendió una tarjeta a los policías. En el cartón arrugado los policías leyeron las señas del Hospital de Londres y del doctor Treves.
El enfermo Merrick fue traslado hasta el Hospital. Treves, saltándose las normas, lo instaló en una habitación para infecciosos. Allí recibió atenciones médicas y cuidados, se le protegió de las adversidades y, por fin, encontró algo parecido a un hogar. Tras unos artículos publicados en el Times por el director del hospital, donde se mencionaba su caso, llegaron donativos para Merrick tan generosos que le aseguraron el sustento de por vida. Unas habitaciones del sótano fueron reformadas y acomodadas al gusto de Merrick. Incluso los príncipes de Gales le visitaron, transformándolo en una auténtica leyenda y hasta en una moda en los círculos de la nobleza y la alta burguesía de la época. Por su parte, Treves descubrió que tras ese aspecto, que no podía expresar alegría o dolor por la crudeza de las malformaciones, se ocultaba un alma sensible, dotada de una gran inteligencia, con una curiosidad inmensa por el mundo, por la vida.
Gracias a una condesa que le ofreció su casa de campo Merrick pudo incluso disfrutar de unos días de asueto en plena naturaleza. Su felicidad y entusiasmo se revelan, mezclados con cierta inocencia, en las misivas que enviaba a su amigo el doctor Treves. Así mismo, Joseph Merrick adoraba la lectura, hasta el punto que lo que más agradecía de sus visitas era que le proporcionaran un buen libro que sumar a su biblioteca. El teatro también le impactó cuando al fin, gracias a la ayuda que le proporcionó una dama y los mismos monarcas, pudo asistir a una representación navideña.
Su enfermedad degeneró: su corazón sufría alteraciones, la cabeza le resultaba cada vez más pesada y su aspecto recordaba a un hombre de sesenta años, si bien tenía unos 27. Una mañana Joseph Merrik apareció muerto en su cama, sin aparentes señales de violencia. Según el doctor Treves el enorme peso de la cabeza termino por asfixiarle mientras dormía.
Esta historia hoy palpita con la misma intensidad que cuando los príncipes de Gales visitaron a Joseph Merrick en su habitación. Desde entonces se han realizado varias obras de teatro, musicales, una película (David Lynch, 1980), se le han dedicado infinidad libros, incluso se ha creado una asociación en homenaje a su memoria.
Se acaba de publicar en castellano La verdadera historia del hombre elefante (Turner, Madrid, 2008) de Michael Howell y Peter Ford. En sus interesantes páginas puede el lector encontrar algunos de los datos que hemos referido y muchos más. Pero me han sorprendido especialmente las referencias del prólogo en relación con la obsesión que muchos han sentido por la persona y la historia de Joseph Merrick. Por ejemplo, el caso de John Hincley, el joven que atentó contra el presidente Reagan en 1981, al que le encontraron poemas con frases como ésta: “Tal vez el hombre elefante entendería mi dilema”. El poeta norteamericano Kenneth Sherman publicó en 1983 Palabras para el Hombre Elefante. El compositor aficionado Michael Cavalli se gastó todos los ahorros de su vida en poner en escena su Poema Sinfónico, basado en el Hombre Elefante.
Por otra parte, en España Manuel Moros publicó el libro Seres Extraordinarios (Edaf, Madrid, 2003) donde dedicaba varias páginas a la historia y la descripción médica de Joseph Merrick. Al azar investigo y me encuentro con la compañía de Teatro Diplo que ha puesto en escena la versión de El Hombre Elefante de Bernard Pomerance en Puerto Rico. De Chile me llegan noticias de una performance titulada El Hombre Elefante (auto de fe).
Ni siquiera quien esto escribe ha podido deshacerse del influjo de Merrick y también ha publicado recientemente su visión teatral de El Hombre Elefante.
Hace unos días María Pilar Martínez Barca presentó, junto con un servidor, ese ya citado volumen titulado La verdadera historia del Hombre Elefante. Tras la proyección del film de David Lynch, María Pilar nos encandiló a todos con sus palabras, vertidas con sabiduría en relación con las dificultades que, a diario, todavía encuentran algunas personas: tanto en las barreras arquitectónicas, como en el trato con los semejantes. María Pilar nos trajo la noticia de un enfermo actual al que se le ha bautizado como “el hombre elefante chino”. Al parecer, tras varias operaciones, poco puede hacerse por él. Alguien le ha ofrecido que se exhiba en público, como si el ser humano ante ciertos estímulos repitiera sus errores.
Al final de la presentación se nos acercó un joven, el actor Jorge Andolz. Ha tenido el privilegio de experimentar en sus carnes al propio Merrick, puesto que lo ha interpretado en un montaje dirigido y adaptado por Jaume Belló. Él mismo, con cierto dibujo de satisfacción que desbordaba sus labios, afirmó: “2BTHEATRE es una compañía especializada en espectáculos de teatro en inglés para adolescentes. Se realizó una versión resumida de la historia, de unos cincuenta minutos de duración. Los actores éramos JORGE ANDOLZ (Joseph Merrick y su propietario del circo), DAVID GUARDIA (dr. Treves) y MERITXELL AIXALÀ (la señora Treves y la Reina). Como técnico de luz sonido y escenografía, ORIOL GRANELL. Hemos representado por casi toda España y el sur de Francia, y con bastante buena acogida (está mal que lo diga yo, pero el caso es que ha sido así).”
Después de los parabienes y la emoción, Jaume añadió: “En un colegio tuvimos que suspender la representación. Había una alumna que tenía una enfermedad similar a la de Merrick y los profesores temían que los alumnos se burlaran de ella”.
Por motivos como éste no he empleado en el título de este artículo el apelativo de “hombre elefante”, sino que, en su lugar, he preferido utilizar el verdadero nombre de este ser humano ejemplar: Joseph Merrick. Siempre puede aprenderse, aunque sea tarde.
La verdad sobre el manzano de Newton
23-Junio-2008 · Imprimir este artículo
Por Gerardo Costea
Por todos es conocida esa leyenda que cuenta como fue una manzana, al caer de un árbol (sobre su cabeza, según algunas versiones), la que desencadenó en Sir Isaac Newton la inspiración que le llevaría a formular las leyes de la gravitación. Lo que nunca se ha dicho es que, en realidad, esto ocurrió en la isla de Mallorca. Las razones de que esta información jamás fuera revelada son obvias: los hijos de la Gran Bretaña no podían permitir que se supiera que tan transcendental acontecimiento ocurrió en un país que fue rival en aquella época. Pero la verdad es que, como cada año otros tantos millones de turistas, de los cuales un notable tanto por ciento son ingleses, Sir Isaac estaba veraneando en aquel entonces en la isla. Ese día estaba probablemente disfrutando de un plácido paseo por el campo, en una época en la que el uso del asfalto no estaba tan extendido como en nuestro tiempo. Era, como los son todos los veranos en estas tierras, un día caluroso y, como yo digo, el sol está para tomar la sombra así que Sir Isaac, que no era tonto y por tanto sabía lo que es bueno, no como la mayoría de sus compatriotas, se echó bajo el primer árbol acogedor que encontró para descansar un poco y disfrutar del canto de los pajarillos. Lo que ocurrió a partir de ahí ya os lo podéis imaginar.
Supongo que os preguntaréis cómo es que yo tengo conocimiento de estos hechos, cuando parece que han sido borrados por completo de las páginas de la historia. Os cuento: Sir Isaac, previendo lo que ocurriría, se encargó de redactar un manuscrito que firmó y selló, para enterrarlo envuelto en el mejor cuero dentro de un cofre lleno de sal, a varios metros bajo las raíces del manzano. Estoy seguro de que hubiera sido todo un espectáculo ver a tan distinguida eminencia cavando y cavando. Siglos después, cuando se fundó la Universidad de las Islas Baleares, en la misma finca donde mucho antes había tenido lugar tan singular historia, se halló el documento allí donde había permanecido durante tanto tiempo, al lado de un árbol anciano y casi muerto. Así fue como se construyó la facultad de ciencias de la UIB, alrededor del aquel testigo de celulosa y lignina, que quedó situado en un lugar tal que parecía dar la bienvenida a todos los estudiantes de primer curso de física.
El manuscrito fue oculto en lugar seguro dentro del propio edificio, pero no lo bastante para mis curiosos ojos. Un día, buscando un despacho que no acertaba a encontrar, hallé perdida en una compleja red de pasillos una biblioteca con una entrada casi invisible donde, redactada con bella caligrafía en el mejor papel, estaba la vieja escritura, protegida por un vidrio blindado y un marco de titanio. Pude verla sobre una mesa, al lado de un ordenador en el cual alguien se había encargado de transcribir la mayor parte, traduciéndola en el proceso y haciéndomela legible. También había unos archivos con el nombre de top secret que copié sin demora en un disco que llevaba en la mochila, junto al histórico texto de Sir Isaac, antes de que llegara la persona que posiblemente había salido para volver al poco tiempo, tal vez con un café en la mano. En esos archivos es donde pude averiguar el resto de la historia, que cuento a continuación.
A lo largo de los años y a espaldas de la administración se excavaron kilómetros de galerías que conectan decenas de plantas subterráneas llenas de laboratorios prohibidos donde se llevan a cabo investigaciones secretas, en los que se estudian restos de ovnis accidentados y se contacta a través de portales dimensionales con lejanas civilizaciones extraterrestres; todo bajo los pies de los universitarios, ajenos a ese complejo mundo al cual sólo algunos elegidos de entre todos ellos accederán algún día. Materiales peligrosos bullen en las cazuelas de esas cocinas ocultas, substancias tóxicas, infecciosas o radiactivas confinadas bajo toneladas de blindaje. No obstante, nada es perfecto, y los fallos existen. No sé bien la fecha, pero fue hace ya mucho tiempo, cuando una tremenda fuga de gases de nombre impronunciable sumió la facultad en el completo caos. Quien investigue sobre ello, paseándose por las hemerotecas más completas, podrá deducir que cualquier información relacionada con aquel episodio de la historia de la universidad ha sido borrada, y sólo algún anciano profesor recuerda el hedor de aquellos vapores irrespirables que le dotaron de superpoderes. Algún profesor y el viejo manzano de Newton, si poseyera memoria. Y si algún día os acercáis por allí y visitáis a tan honorable habitante de la isla, casi podréis sentir que os cuenta toda la historia, a través de sus verdes hojas perennes y sus frutos mutados por los efectos del desastre, con forma y color, incluso sabor, diría yo, de limón.
Material genético hallado en meteorito
21-Junio-2008 · Imprimir este artículo
Por Steam Monkey
Parte del material genetico vendría de las estrellas:Un nuevo estudio parece confirmar que un importante componente de primitivo material genético, que ha sido encontrado en fragmentos de meteoritos que cayeron en Australia en 1969, sería de origen extraterrestre.
Los científicos, de Europa y EE.UU, dicen que su investigación, a ser publicada el 15 de junio en Earth and Planetary Science Letters, provee evidencia de que parte del material para la formación de las primeras moléculas de ADN y ARN habría provenido del espacio.
Los materiales encontrados incluyen las moléculas de uracilo y xantina, precursoras de las moléculas que forman el ácido desoxiribonucleico y ácido ribonucleico, conocidas como nucleobases o bases nitrogenadas .
El equipo descubrió las moléculas en fragmentos de roca del meteorito Murchinson que se estrelló en Australia en 1969.
Los científicos realizaron pruebas sobre el material para determinar si las moléculas provinieron del sistema solar o si fueron resultado de la contaminación cuando el meteorito se impactó en la Tierra.
Los análisis mostraron que las nucleobases contienen una forma pesada de carbono que sólo pudo haberse formado en el espacio, ya que en la Tierra se forman con una variedad más ligera de carbono.
Los autores, Dr. Zita Martins y Prof. Mark Sephton, del Imperial College, dicen que la investigación puede ser otra pieza de evidencia de la evolución de la vida temprana en nuestro planeta.
Hace 3.8 a 4.5 mil millones de años, grandes cantidades de rocas similares al meteorito Murchinson, llovieron sobre la Tierra cuando la vida primitiva se estaba formando. El pesado bombardeo habría dejado una gran cantidad de material en la superficie de planetas como la Tierra y Marte.
No es la primera vez que se realizan afirmaciones como esta . De hecho, tampoco es la primera vez que se anuncian descubrimientos similares al estudiar fragmentos de este mismo meteorito. El problema parece radicar siempre en poder discernir con certeza si el material encontrado se originó ciertamente fuera de nuestro planeta o si se trata de material que llegó a los fragmentos luego de su llegada a la Tierra, por contaminación.
La hipótesis de la panspermia sugiere que la vida en la Tierra se habría formado gracias a la intervención de material ("semillas") que existen en el espacio y que habrían llegado a bordo de cometas.
Erótica Lidia
20-Junio-2008 · Imprimir este artículo
Comenta Harry Frankfurt en su pequeño libro “On bullshit”, una anécdota sobre Wittgenstein que solía contar Fania Pascal.
Me habían operado de amígalas y me encontraba en el Evelyn Nursing Home sintiendo pena de mi misma. Wittgenstein vino a visitarme. Yo le dije con voz ronca “Me siento como un perro al que acaban de atropellar”. Él se disgustó: “Tú no sabes cómo se siente un perro recién atropellado”.
Aunque me gusta pensar que tengo más habilidades sociales que Wittgenstein, también se me frunce el ceño con los que rechazan la Fiesta de los Toros poniéndose en el pellejo del animal. Es, en la mejor tradición analítica, un sinsentido como un Catedral.
Una de las cosas que con más ahínco he defendido en los púlpitos filosóficos es la necesidad de enterrar la razón y empezar a usar la inteligencia. Usando la Razón, Peter Singer extiende el principio utilitario de la “minimización del sufrimiento” a los animales; y denuncia el especismo. ¿Qué más da que los supuestos derechos de los animales sean un camelo? Lo que decía, necesitamos menos luces y más linternas.
Y es que la noche se está cerrando mucho; el mundo se está escribiendo con la caligrafía de Marco Aurelio: inventando un planeta de paja y gobernándolo “a placer”. Por eso, estoy convencido, molestan tanto los toros.
Gracias a Lewis Carroll sabemos que todo se puede resolver hablando, de común acuerdo; y que el ser humano es de natural bueno, bonito y bastante económico. Y por eso la tauromaquia es escupir en la cara de la España posmoderna y bienpensante; porque la lidia tiene un algo extraño, hipnótico. Un algo que nos aleja del ideal del buen samaritano y nos devuelve un yo distinto; un algo atractivo, seductor: erótico.
Como la muerte bellísima susurrando en nuestro oído, empujándonos a vivir más cerca, cerquísima del precipicio. Como las pulsiones que nos alejan del beso de Thánatos y nos condenan al sexo de las Keres. Como la mirada oscura que se te desnuda al fondo de la barra y suspira por cabalgar en los lomos del alba.
Sería absurdo huir de la lidia. Porque la lidia es el hombre, su verdadera naturaleza: la lidia es el deseo; deseo de sangre, de honor y de gloria. El deseo de transcendencia que nos ha legado todo lo digno de ser llamado humano.
No te salves
14-Junio-2008 · Imprimir este artículo
Por Malena Zingoni
"no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo"
Del poema "No te salves" de Mario Benedetti
Mi hermana, la que vive en París, ganó el sorteo que hace todos los miércoles el Sr. Jodorowsky , una especie de Mago-tarotista y escribidor de libros –y que conste en este escrito, que este hombre me cae muy bien-. La probidad del Mago- tarotista es admirable dado que entre cientos de personas desconsoladas que acuden a la cita de los miércoles, sólo pocos tienen la suerte de que éste les tire las cartas gratis . Jodorowsky considera que él tiene que dar gratuitamente lo que recibe del mismo modo -será solo el tarot de los miércoles porque su libro "La Danza de la Realidad" me costó un huevo, a mí y los miles de desconsolados que lo hemos comprado-. Pero a lo que voy: mi hermana, apenas salió sorteada me llamó entusiasmada para contarme de su azar y entonces le pedí que preguntase por mi futuro, que en este momento era como un pantano dentro de un banco de niebla. Jodorowsky le dijo algo así como "su hermana debe encontrar la espiritualidad". (¿?) Pasaron unos meses sin que yo encontrase (la) nada, cuando un amigo italiano fue a ver a una monja extática afectada de estigmas que vive entre las buenas obras y las montañas del Abruzzo (una especie de Padre Pío en femenino). Le pedí a mi amigo que le mostrara a la monja una foto mía, dado que mi futuro de pantano se había transformado en arenas movedizas -y siempre en medio de un banco de niebla-. Cuando la monja miró mi fotografía dijo "ésta chica tiene que encontrar la paz interior". (¿?). Ahora dos preguntas existenciales invaden intrínsecamente mi ser: ¿quién no tiene que encontrar la paz interior o la espiritualidad, a parte de Budha? Budha murió hace muchos años. Y la segunda pregunta es aún más abisal ¿Cómo carajo se encuentra eso? ¿Tal vez entre las montañas del Abbruzzo?. Decir lo que dijeron estos iluminados y no decir nada, para mí, es algo parecido. No hay que estudiar muchos años de Tarot o de Religión -o de "Educación para la Ciudadanía"- para decir "debes encontrar tu paz".
Jodorowski también me recomendó leer/visitar en España a un tal Alejandro Rovira. Me bastó leer la sinopsis de uno de sus libros –normalmente estos hombres felices son escritores prolíficos- "La brújula interior", que dice : "se abre a los ojos del lector una nueva perspectiva para entender la vida" (…) "para comprender mejor lo que significa una existencia autónoma y feliz". ¡Tuve que nacer en este siglo para que Alejandro Rovira me diga cómo entender la vida! y estoy feliz por ello. Pero lo más preocupante es la sinopsis de su otro libro " La Buena Suerte": "Hace mucho tiempo, en un reino lejano, Merlín convocó a todos los caballeros del reino y les dijo: «en siete noches, el Trébol Mágico de las Cuatro Hojas, el trébol que proporciona suerte ilimitada al que lo posee, nacerá en algún lugar del bosque encantado». ¿Quién aceptará el reto de ir al Bosque Encantado en búsqueda del Trébol Mágico?. Con esta frase comienza la leyenda de La Buena Suerte, un libro inspirador y extraordinariamente positivo: una fábula mediante la cual se desvelan las claves de la Buena Suerte y la prosperidad tanto para la vida como para los negocios". Las historias de estos prolíficos son la síntesis del "Pensamiento Mágico" una teoría a caballo entre el pensamiento Alicia en el País de la Maravillas (Gustavo Bueno) y el Sueño Americano . Estos chamanes, iniciadores del camino hacia la felicidad también dan muchas charlas a directivos de empresas y piensan también en términos económicos -un reciente autor americano saca a la luz la teoría de que todo lo que hacemos y pensamos es en términos económicos-…
Los libros de autoayuda pululan por las librerías, Paolo Cohello –cuya sintaxis deja mucho que desear- es multimillonario gracias a sus caminos de Santiago y sus alquimias varias y es uno de los escritores más leídos. Para más inri e irritación hace unos días encuentro en mi pantalla de televisión al psicólogo argentino Jorge Bucay , al que le hacían una "comprometida" entrevista. ¡Va de retro Satanás! El periodista estaba fascinado con sus imbecilidades, y encima termina la entrevista -a pedido del entrevistador- contando una parábola -¡Por Dios Nooo!-. La moraleja de la mala-parábola era "no te olvides nunca de donde vienes"; mi moraleja, en cambio, es más real -aunque ningún periodista me lo pregunte-: "No te preocupes por recordar de donde vienes porque si te olvidas te lo van a hacer recordar, y con mala leche".
Es cierto que nuestras sociedades son bastante infelices –y por eso prosperan chamanes de los buenos y de los malos- que en las sociedades más desarrolladas es donde más suicidios hay y viceversa, que en un futuro no muy lejano además de evaluar los índices de desarrollo de un país se evaluarán los índices de felicidad, ya que la enfermedad por depresión cuesta mucho a la producción y a la seguridad social, sobre todo en "términos económicos", y que la profecía de la película Brazil está a punto de cumplirse –si no se ha cumplido aún-. Pero también es cierto que a pesar de todo nuestro desarrollo humano aún no conseguimos tener un "modelo" de felicidad (a pesar del Eclesiasités, de Schopenhauer y de siglos de filosofía). Actualmente nuestro consciente colectivo y tal vez nuestro inconsciente reconoce sólo el modelo del "vencedor" (el winner ) que es aquel que tiene éxito en todo lo que hace o toca y sobre todo al que le va bien económicamente, cosa que es bastante irreal, porque al menos a mí y a la gente que me rodea todos nos llevamos cada palo… Pero Cervantes, Van Gogh, Machiavelli, Carvaggio y otros cientos de "grandes" que hoy reverenciamos murieron en la absoluta pobreza y exclusión social. Vivimos en una enorme y constante contradicción, entre el exceso y la austeridad como modelo de felicidad. Pero el Winner es siempre feliz, y justamente el triunfador se ajusta también a este tipo de chamanes que nos venden la felicidad,que venden millones de libros que se traducen en cientos de idiomas. Nuestros triunfadores dan charlas, conferencias, se pasan de radio en televisión y de avión en avión para comunicar al mundo entero como todos tenemos que encontrar la espiritualidad y nuestra paz interior… Me pregunto ¿qué pasaría si todos siguiésemos sus sabios consejos y encontrasemos esa paz y felicidad tan añorada? Entonces todos nos cruzaríamos en los aeropuestos porque todos iríamos a dar conferencias subvencionadas y charlas sobre el camino –de Santiago- a seguir, y todos nos daríamos consejos los unos a los otros y cada uno de nosotros tendría un libro a la venta sobre el camino de la felicidad o sobre como conseguir la fortuna. En ese caso me haría panglossiana y declararía a modo de disidencia que éste es "el mejor de los mundos posibles" (Leibniz dixit ) aunque sea una mierda y luego confesaría en mi taciturna soledad y tal vez in vino veritas , que sigo sin encontrar ni mi paz, ni mi espiritualidad.









Comentarios más recientes