El infinito al alcance de los perros

Más allá del sexo animal y del sexo como Dios manda está el sexo como arte. Más allá de la pornografía, del mercado de cuerpos y de almas, de la reprodución asistida y los protocolos sectarios y demás ortopedias ciudadanas. El ser humano juega siempre a crear belleza para sublimar el instinto.

Más allá de vernos y tratarnos como animales magníficos, olisqueándonos con reverencias los cuartos traseros o admirando la puerta que se abre tras cada pupila. Más allá de nosotros mismos de nuestros deseos. En el umbral del placer y de la extinción. En un equilibrio imposible. allí se encuentra el sexo como arte, iniciación y entrega para el amor, que todo lo puede.

Cada día son más los que prefieren “el amor” congelado, en plástico, sin alma, en cristal u ordenador. el ordenador ha jubilado a los sex-shops. Hasta hace poco, los rótulos fluoresecentes atraían a las polillas humanas que deambulaban en las noches de las ciudades. Los sex-shops eran la pecera de la vida: Felipe II tenía el suyo dentro del cuadro del Bosco El Jardín de las Delicias.

En este mundo de sucedáneo, sólo los dionisíacos y los románticos prefieren el amor de carne y hueso.

Menos mal que cada amanecer, algún chic@ se hace musa y los arcángeles del placer tocan la lira cuando los gusanos hacen mariposas.

Hoy se hace todo por Internet, pero no todo se puede hacer por Internet. Aunque allí se encuentre el infinito al alcance de los perros.

El preso político más joven del mundo (carta a ZP)

PenchenSe llama Gendun Choekyi Nyima. Cuando tenía 6 años le hicieron su última foto. Unos helicópteros del ejército chino lo secuestraron con su familia, en su remota aldea. Corría el año 1995.

Es el prisionero político más joven del mundo. Lleva 13 años secuestrado y se desconoce si él y su familia están vivos o simplemente han sido “reeducados” por el gobierno chino.

El gobierno comunista dijo que lo secuestraban para garantizar su seguridad. Su pecado era haber sido nombrado Panchen Lama (sabio grande) del Tíbet por Dalai Lama. Sea sabio o no, creamos o no en esa tradición o superstición, un ser humano ha sido castigado como consecuencia de unas creencias por un gobierno que ejerce la tortura y que ha provocado el genocidio de más de un millón de tibetanos.

Hoy nos sumamos a la protesta de quienes creen que esta situación cuestiona los juegos olímpicos y la credibilidad de la emergente China. La humanidad debe ejercer su derecho a presionar a esa formidable potencia mediante todos los medios pacíficos posibles, a fin de que en aquel país y en el Tíbet se dejen de vulnerar los derechos civiles más elementales. Dedicamos este número de Generación XXI al sufrimiento de aquel pueblo, y a la necesidad de plantearse un boicot a los juegos olímpicos y al made in China.

La desigual batalla de imaginarios con Tíbet es sin duda la última batalla entre dos modos de entender la vida, pero las personas están por encima de esa guerra de ideas e imaginarios. Nuestro Gobierno debe entender que no puede participar de la farsa olímpica mientras se tortura masivamente y mientras seres inocentes como Gendun no gozan de libertad. Nadie en su sano juicio hubiera celebrado en Munich unas olimpiadas en 1940, señor presidente.

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