Shine a light

Ultimas dos entradas de la sesión de las 22:45 de los cines Princesa. Primera fila. Cinco metros hasta la pantalla. Eso es lo mas cerca que he estado de Mick Jagger en mi vida. Cinco metros.

Luces, cámara…y la lista de las canciones sin llegar. Marty se empieza a poner nervioso mientras los Stones saludan a toda la familia Clinton y sus invitados. Los raíles y las grúas de las cámaras inundan el Beacon Theater de Nueva York. No se debe molestar al público pero tampoco se puede perder un plano de Keith en uno de sus característicos riffs de guitarra. Nervios, prisas, focos que pueden hacer arder a Mick Jagger, la lista de canciones 3 minutos antes del comienzo y… ¡acción!

Trepidante arranque para una película más cercana al musical que al documental. Scorsese es fiel al tiempo real del concierto mientras cuela imágenes de archivo con cómicas entrevistas de los inicios de los Stones. “Llevamos dos años y estamos bien, creo que duraremos un año mas”. Así hablaba un jovencísimo Jagger en blanco y negro haciendo estallar las risas en el cine ante el último concierto de la banda, ya sexagenaria.
Cuarenta años después sus majestades satánicas siguen dando lo mejor de sí en los escenarios. Jagger sigue recorriendo el escenario de lado a lado con sus espasmódicos e insinuantes movimientos, mientras Keith mete su guitarra cuando le parece pero, en fin, es Keith Richards, tiene licencia para hacer lo que le de la gana.

Algunos temas secundarios son intercalados entre grandes éxitos mientras en la sala los espectadores siguen el ritmo con un movimiento inconsciente de pies. “Jumpin’ Jack Flash”, “Sympathy for the devil” o “Start me up” consiguen que algún espectador se arranque tímidamente con la letra.

Debemos destacar la fantástica colaboración del maestro Buddy Guy en el Champagne and Reffers, con sus potentes cuerdas vocales y su guitarra de lunares es, sin duda, uno de los mejores momentos musicales de la película. Sin embargo, el Loving Cup con Jack White deja cierta impasibilidad, y lo mismo podríamos decir de Christina Aguilera, cuya presencia no deja de sorprender aunque su actuación merece un aprobado, todo hay que decirlo.

Los desafortunados que nunca hayan visto a la banda en directo, como es mi caso, pasarán 2 horas y media de Rock y diversión lamentándose de no haber comprado una entrada para aquel concierto del calderón…

DURACIÓN: 122 minutos
AÑO: 2008
PAÍS: USA y Reino Unido
DIRECTOR: Martin Scorsese
GUIÓN: Martin Scorsese
MÚSICA: The Rolling Stones
FOTOGRAFÍA: Robert Richardson
REPARTO: Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood, Charlie Watts.

No es país para viejos

El sheriff era en la América profunda un artesano armado de la lucha contra el mal. En No es país para viejos un longevo y cansado sheriff Bell (Tommy Lee ones) tendrá que jubilarse sin llegar a comprender el quid de la violencia; Bell se retira frustrado, derrocado por las fuerzas del mal, personificadas en un psicópata con vocación genocida. El sanguinario Anton Chigurh es, a voluntad, un personaje plano, es decir, simple y unidimensional, además de estático. Su carisma, su precisión, junto con el esforzado trabajo interpretativo del internacional Javier Bardem (Oscar al Mejor actor de reparto) lo hacen suficientemente interesante; de hecho, este depredador, este perseguidor, tiene bastante más atractivo que su perseguido, Llewelyn Moss (Josh Brolin). En un paraje inhóspito Moss encuentra un grupo de traficantes muertos; les acompaña un cargamento de heroína y un maletín repleto de dólares; al coger el dinero, Moss ocupa el punto de mira de Chigurh que va rastrear sus pasos dejando tras sí una estela sanguinolenta. Para él, la caza es un deporte del orgullo, la vida se juega a cara o cruz.

La película relega la operación de narcotráfico a un segundo plano para fijarse en la mera depredación de Chigurh, inexorable como el puño de dios. Con respecto a la novela de Cormac McCarthy en la que se basa el guión, hay que decir que el film recorta peligrosamente el papel del sheriff Bell (desaparecido durante la mayor parte del metraje) y que minusvalora a los personajes femeninos (su humor a veces se aproxima al sexismo). Su mayor mérito es haber logrado reproducir la belleza tranquila del paisaje del nuevo Oeste en amalgama con la violencia latente.

En la “oscarizada” No es país para viejos los norteamericanos Joel y Ethan Coen vuelven a hibridar varios de los géneros clásicos. Atendiendo al resto de su filmografía, películas como Sangre fácil (1984), Muerte entre las flores (1990) o Fargo (1996), pero sobre todo a esta última, lo más reseñable es como los hermanos han aproximado el noir (el género negro) al nihilismo. Ellos toman las estructuras clásicas para luego subvertirlas, volcarlas… en el buen sentido de la palabra, violarlas. El espectador más tradicional podrá sentirse defraudado cuando lo que parecía la clásica trama de perseguidor y perseguido termine en puntos suspensivos, o cuando una elipsis omita el tan esperado clímax… sus expectativas volarán por los aires; sin embargo, un público más exigente agradecerá el esfuerzo renovador de los Coen que, desde la vanguardia y el cine independiente continúan soñando con el viejo Hollywood.

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Duración: 122 minutos
Año: 2007
País: Estados Unidos
Director: Joel Coen, Ethan Coen
Guión: Ethan Coen, Joel Coen (Novela: Cormac McCarthy)
Música: Carter Burwell
Reparto: Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin, Kelly Mcdonald, Woody Harrelson