Becas para licenciados en paro

26-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Talent Help es un programa de becas que nace con el objetivo de fomentar el talento en el sector de la tecnología mediante el acceso a la formación especializada. La UPC School otorgará hasta 100 becas a titulados universitarios, trabajadores o autónomos que actualmente se encuentran en situación de desempleo.

La UPC School of Professional & Executive Development pone en marcha esta iniciativa consciente de la dificultad económica que muchos interesados manifiestan tener para cursar programas de formación, tanto profesionales como de gestión.

El número de personas interesadas en formarse y especializarse que, a pesar de ser tituladas universitarias en carreras tecnológicas, están en paro ha aumentado en los últimos años. Además, cada vez hay más profesionales que trabajan o desean incorporarse a sectores económicos que hasta ahora parecían sólidos pero que actualmente también están notando las consecuencias de la crisis económica.

Las cifras hablan por sí solas, ya que, según los datos recogidos por la UPC School, un 40 % de las personas interesadas en programas de formación del área de Arquitectura, edificación y urbanismo están actualmente sin trabajo. En cuanto al área de Gestión y organización empresarial, el porcentaje se sitúa en un 20 %. En Tecnologías de la información y la comunicación, los interesados en paro llegan hasta un 25 %. El porcentaje más bajo lo encontramos en Sostenibilidad y medio ambiente, con un 15 % de parados en esta área.

Estos porcentajes casan muy bien con los resultados de otros estudios hechos bajo estos parámetros. La encuesta de población activa apunta que más de 290.000 jóvenes españoles menores de 30 años con formación superior se encuentran desempleados. Además, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) destaca que hasta 260.000 personas de entre 25 y 40 años con estudios universitarios están desempleadas.

Para paliar esta situación de desigualdad social, la UPC School of Professional & Executive Development ha creado Talent Help, un programa de becas para licenciados universitarios del sector de la innovación y la tecnología que están en paro. Los candidatos a estas ayudas serán seleccionados por un tribunal según el currículum y la experiencia.

Se otorgarán hasta 100 becas que permitirán acceder a los másteres y posgrados de desarrollo profesional, así como a cursos de formación continua que forman parte del catálogo de formación y de las áreas de conocimiento de la UPC School, a partir del primer trimestre del 2010.

Esta iniciativa forma parte de la estrategia de responsabilidad social corporativa que pone en marcha la UPC School para facilitar el acceso al conocimiento de los colectivos con dificultades y ayudar a mejorar sus competencias para la inserción laboral.

Para más información, consulta aquí

El ansia

26-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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“Cuando empezamos Bauhaus yo estaba muy metido en el cine expresionista alemán y en la pintura. Era normal que termináramos adaptándolo a nuestro propio imaginario visual. Todo, desde cómo nos vestíamos, a la iluminación, las portadas de los discos o los póster estaba bajo la influencia de ese movimiento”. David J.

Lo primero que oímos, que vemos, nada más empezar El Ansia, de Tony Scott, es a Bauhaus/Peter Murphy separado/s del público por una verja, sufriendo una especie de catarsis/transformación que simboliza el peligroso magnetismo del vampirismo. Dadle al play de la memoria y rescatad del subconsciente colectivo esa secuencia: Bowie y Catherine Denueve cazando, Bauhaus en directo con Bela Lugosi´s dead. Como si del pragmatismo visceral de la sentencia “ser sublime sin excepción” se tratara, la banda de Peter Murphy demostró en menos de cinco minutos toda la obscura e intransferible elegancia de una leyenda.

La consolidación del mito vampírico, a través de la novela de Bram Stoker a finales siglo diecinueve, en ese inicio del libertinaje tal como lo entendemos, situado en una ambigua urbe que gracias a la luz eléctrica sobrevivía a la noche, tuvo la reválida perfecta en el Drácula protagonizado por Bela Lugosi en 1931. El Ansia suponía el salto perfecto, ensamblando tiempo pretérito y presente, hacia la locura hedonista de la ciudad en otro casi final de siglo. En cierta medida, las cosas no habían cambiado tanto. El amor y la muerte de los ochenta tuvieron su alianza definitiva por el sida. En la ópera prima de Tony Scott, esa experimentación creó algo diferente, que sólo puede compararse a lo que supuso en los noventa The Addiction. Ya no había lugar para castillos, ni decorados trasnochados, o sentimentalismo de otra época. Todo seguía igual, y a la vez, el escenario era completamente diferente.

La sangre simboliza la vida; su supresión, la muerte, que no deja ser otro paso de la primera. ¿El amor y el sexo? Inermes ante el paso del tiempo, son las únicas armas que poseemos para intentar ser inmortales, aunque siempre sea de manera efímera. En esa contradicción puede vislumbrarse algún sentido, si es que queremos buscarlo.

La dicotomía de vida y muerte, amor y sexo, es la realidad de una película tan efectista como sincera. Criticada como un extenso anuncio, algo inherente al cine de Tony Scott en toda su trayectoria, ese tratamiento no debería verse en El Ansia de manera peyorativa, sino como otro de los aciertos de la cinta. Nadie más elegante que una Catherine Denueve madura (y mucho más atractiva que en su juventud) para protagonizar ese supuesto anuncio, para mantenerlo en suspense y capturar una atmósfera de secretista decadencia. Catherine Denueve es una Eva tan fría y cruel como romántica. Es una Venus que perfectamente podría haber imaginado la polémica Camille Paglia.

Al final todo se paga, y el deseo, el irrefrenable deseo, droga que nos acerca al cielo infinito que poseíamos en la niñez, tiene su terrible consecuencia. Tened cuidado, y no mezcléis vuestros fluidos con cualquiera, porque ese cualquiera puede mataros de amor, de sida, de vampirismo. Si hasta David Bowie, icono camaleónico e imbatible, es capaz de sucumbir, qué podremos hacer nosotros, mortales seres cotidianos y predecibles, para no caer en la trampa. La moraleja de una Doctora Roberts (Susan Sarandon) autosuficiente, que no necesita de la trampa de Miriam, que es capaz de enjaular la desaforada pasión y hundirla en una letanía de gritos eternamente agonizantes, es la moraleja de la razón frente al sentimiento. “The passion of lovers is for death”, cantaba Peter Murphy. La canción se grabó antes de concebirse el cameo de Bauhaus en la película. Esa estrofa la resume completamente.

1982-1983. Blade Runner, El Ansia. Un mismo apellido dirigiendo ambos Films. Un mismo destino de mediocridad cinematográfica para ambos hermanos. Un mismo gusto exquisito por la estética. ¿Un mismo final de ausencia? Prometeo y los vampiros. El tiempo, ese implacable juez, aupó Blade Runner, sonoro fracaso en su momento, como una obra de arte de obligado visionado. La supuesta frivolidad que se asocia a El Ansia le ha hecho quedarse en un limbo extraño de penumbra y ceniza. Ese mismo limbo extraño que nos espera a todos. “Ooooh, Beeelaaaaa…Bela’s Undead”.

Poema color Puesta de sol

25-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Lo primero fueron sus piernas aquellas tarde de café y anacardos. Lo de enamorarme vino luego, más tarde. Deseé ver como votaba sobre mí, ver su sudor, su cuerpo, sus pechos y sus pecas pegando carteles en la Escuela de Minas y cerca ya del Salvador.

-  Creo que estar sentado viendo Santander debe ser pensamiento estético (pues a veces, sólo a veces, mirar es un género de la filosofía).

- Sentarnos – vestidos y así poder imaginarlo todo, insinuarlo todo – y mirar Santander, es sexo: ciencia, biometría: filósofos viejos y jóvenes experimentalistas (Quine y Mayo); es destrozar a Bécquer y a Machado; es trascender a Jameson, a Belladona: es Nietzsche haciendo el eterno retorno.

Resumen del año

24-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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En la plural y peculiar galaxia de los blogs también se rinde culto a la “tradición”: el resumen del año. Pero como todo en la blogosfera, a su manera.

Este año no tengo ganas de hacer el resumen del año, ni el recuento de cuántas cosas nos han pasado y de las que nos han dejado de pasar. No sé. Me pilla floja y un tanto desesperanzada. La humana condición hay veces que me sobrepasa. Pero, ¡Eureka! He leído el discurso de Obama en la entrega del Nobel. El delirio, la locura, el frenesí, y, un subidón de endorfinas que no veas…

Resúmenes del año… desde una butaca no numerada. Desde la constatación de un fracaso. Desde Paraísos Desiertos. Desde Argentina y el gran blog de los espectadores.

… Y he aprendido muchas más cosas, de esas que aprendes pero que luego no puedes explicar. Creo que las llaman madurez y cuando eres capaz de explicarlas las llaman sabiduría.

Ha sido el año de terminar el master, de conocer allí a unas compañeras maravillosas, de intentar ligarme al camarero de las palmeras de huevo (no coló, este año ha estado espesito en ese aspecto… c’est la vie…

Vale, ha sido un año malo, pero nos hemos reído un montón… (o No).

Gran Hermano

24-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Gran Hermano es la portera mediática que echaba de menos el pueblo.

Hay antecedentes. En otros tiempos, existía aquella historieta de tebeo del genial Ibañez llamada 13 Rue del percebe, que era como el gran hermano pero con bata y garbanzos, pensión decente, porteros del Movimiento y serenos.

Los porteros han sido siempre policías en alpargatas, agentes del orden desde tiempos de Maura.

Este Gran Hermano televisivo no es otra cosa que un gran policía invisible. Lo que pasa es que el policía es siempre uno mismo y al pueblo le gusta ser policía de sí mismo. Toynbee aclaró que las sociedades occidentales se sostienen porque la gente normal quiere ser como sus modelos sociales o clase dirigente, haciendo girar, inconscientemente, la rueda del progreso. Ello explica el éxito de la revista Hola, y así sigue funcionando parte de la prensa del pirulí y el cunilingus. Lo de Gran Hermano es ya otra historia. Aquí lo que queremos es meter las narices en el retrete del vecino. Otra cosa es el plan invisible, el protocolo certero de estabular a la humanidad y someterla a los dictados autónomos de la Técnica. Heiddeger tenía razón ¿No será este programa una prueba de esclavitud a la que nos someten los extraterrestres?

Quien no vea esta fuerza invisible y titánica de la técnica no entenderá nada de todo lo que pasa. Eso aparte del morbo que produce socializar las fisiologías, el retorno a la comuna con wc incorporado.

Los criterios de selección para esta granja televisiva son los mismos que para la nueva humanidad: progresismo, slips unisex, banalidad, esterilidad, simulacro de libertad, pseudosocialismo antiheróico, prozac y condón: no se trata de dar ejemplo, ni siquiera de dar españolísima envidia, se trata de representar, sin saberlo, una suerte de españoles de terrario y de regadío, que es lo que queda de España después de la caída de libido noventayochista.

Cuentan que el general Cabrera, al bajar de los montes, gritaba: ¡a por ellos, que son de regadío! Pues eso.

Milenios: Nada

24-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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No hay milenio. No, al menos, sus tristes, convenidas, mitologías. El mundo es monótono; aun sus horrores aburren más que enojan. Pervive la ciudad, su cielo lácteo, su ciclo de cristal ajeno al tiempo, su excesivo lirismo sin sentido, hojas secas, derrotas resignadas. Todo lo vimos ya, todo lo ha visto alguien. Lo volveremos a contemplar —alguien volverá a contemplarlo— sin gana, como siempre. Como siempre, asistiremos, diciéndonos fascinados, al milagro trivial de sus repeticiones. Esa inercia es la vida, a eso llamamos, con retórica ingenua, nuestra historia, pero no es sino hibernada pereza. “Todo visto”: Rimbaud, como cualquiera. Dejo a Coltrane sonar en la luz excesiva del otoño. Nada sucede de lo que quepa huella memorable. La calle es un silencio congelado, After the rain sucede en otro tiempo, o tal vez en ninguno, que es el tiempo, dice Borges, propicio a la metáfora: a la música pues, la poesía, el juego, las pocas cosas que algo cuentan. Las que no son del tiempo. Releo a un Malraux que es ya material de archivo en Panteón de hombres ilustres, una pena: “Si el hombre no opusiera a la apariencia mundos sucesivos de verdad, sería sólo un mono”. Tal vez, con el fin del segundo milienio, haya llegado, al fin, el momento de ser impecablemente monos. Es la sospecha primordial de nuestro tiempo. Lo era quizá, hace cosa de medio siglo ya, para el mismo André Malraux —deslumbrante y opiómano, golfo y aventurero y sapientísimo—, atónito ante Djoser, piedra de la tercera dinastía —o Edipo ante la repetida y siempre misma Esfinge, si se quiere—: “No tenemos con el autor de esa estatua en común nada; ni siquiera el sentimiento del amor o de la muerte; no tenemos tal vez siquiera el modo de mirar su obra; y, sin embargo, ante esta pieza, el acento de un escultor cinco milenios olvidado nos aparece tan invulnerable a la sucesión de los imperios cuanto el acento del amor materno”.

Nada, rigurosamente nada, es eso a lo cual llamamos milenio. Salvo nuestra miedo de decir que es nada. El tiempo: el mal. Malraux. También, el tan distante Borges: “sólo perduran en el tiempo las cosas que no fueron del tiempo”. Mas la ciudad persiste, indiferente. Sumergida en su gris cielo de estaño. Y esta ciudad es de repente todas. Fría y gris y lejana y luminosa y fascinante. Eterna. Es la ciudad que Poe vio sumergida, la que añorara Ovidio hasta la muerte, la que cifra el deseo y el exilio. Ciudad de Baudelaire, amable infierno donde se abre la luz a cuchilladas. La eternidad, sabe Malraux, está en ella, en ella la belleza aun de lo ausente: “Yo, que he visto en el océano malayo constelar las medusas fosforescentes tan lejos cuanto el ojo puede sumergirse en la bahía, estremecerse luego la nebulosa de las luciérnagas sobre las colinas hasta el bosque, desvanecerse al fin en la gran difuminación del alba…” La eternidad, sabe, es nada en esos ciclos tenues del infinito. Nada más la palabra que la dice. Nada sino esta ficción, el lugar del hombre, su forma, la ciudad, “el hombre muerto que comienza su vida imprevisible… Un día, ante las extensiones áridas o reconquistadas por la selva, nadie adivinará cuanto la inteligencia humana impuso a las formas de la tierra… Nada quedará de esos palacios que vieron pasear a un Miguel Ángel exasperado por Rafael. Nada del París donde Renoir se sentaba con Cézanne, Van Gogh con Gauguin…” Lo intemporal será un mudo latir en las ruinas de los milenios.

Formas de lo trágico en la sociedad contemporánea

24-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Es una sensación de deslizamiento hacia la catástrofe, sensación que en momentos se presenta como una impresión incierta y en otros momentos, como un fogonazo de evidencia

Antonio Rodríguez de las Heras

Rodríguez de las Heras tiene razón al afirmar que hay algo que se respira, una sensación de malestar, que afecta a todos los sujetos contemporáneos. Seguramente esta sensación venga acompañada del desequilibrio en el que nos hallamos en este momento, que voy a calificar de arruga. Por arruga entiendo la doblez que se produce entre dos tiempos, un cambio entre lo inmediato y lo que está por venir, que se solapa de manera irregular formando nudos y dificultades que producen terror. Es el momento del terror, por qué no decirlo, y es este terror lo que ha producido cambios en el comportamiento y en las sociedades en las últimas décadas. Es necesario hablar de cómo el avance tecnológico ha contribuido a este terror. Siempre tememos lo desconocido, la incertidumbre nos resulta insoportable. No me parece necesario constatar que nuestro futuro será un futuro tecnológico pero, para los más incrédulos, una pequeña reflexión… Son muchos los que no hace demasiado tiempo decían que no podían escribir en un ordenador, que era mucho más comprometido hacerlo a mano. Todos aquellos que a día de hoy desprecian el libro electrónico lo acabarán utilizando al igual que se dejaron de utilizar tablas de barro para utilizar el papiro, el papel y finalmente el códice, antepasado directo del libro. Todo avance del ser humano ha venido siempre marcado por la tecnología así que, aunque suene contradictorio, podríamos decir que el ser humano es tecnológico por naturaleza. Entonces, ¿por qué este malestar? Lo realmente extraordinario de nuestro tiempo es que el avance se produce a pasos agigantados y, por primera vez, somos conscientes de que el suelo tiembla debajo de nosotros, de que la transformación es inminente. Para explicar de forma gráfica lo que quiero decir, retomaré la metáfora de la arruga. Si observáramos dicha arruga imaginaria, podríamos constatar que en el doblez de la misma hay puntos muy cercanos que se juntan pero, del mismo modo, hay otros muy alejados que actúan igual. Lo mismo sucede en nuestro tiempo; podemos encontrar rastros de lo que será el futuro, tanto un futuro inmediato y que ya utilizamos, como un futuro que, pese a estar ahí, somos incapaces de imaginar, aunque no de presentir. En el primero de los casos hallaríamos claramente Internet. El uso de este sistema se ha convertido en algo habitual para la mayoría de la población y lo seguirá siendo durante décadas. El segundo de los casos lo ilustra la Inteligencia Artificial, tecnología muy desarrollada ya y que, a día de hoy, sigue nutriendo gran parte de las películas de ciencia ficción en un intento exorcización de la misma. Es normal esta reacción, ya que no hace mucho que perdimos a Dios y no tenemos todavía el valor suficiente para recuperarlo en un más allá tecnológico. La pérdida de Dios nos ha llevado a la crisis y la crisis a una forma de vida trágica. Maffesoli, en El instante eterno, habla del retorno de lo trágico como característica de las sociedades posmodernas. Esa pérdida de lo trascendente hace que prevalezca la materia y se produzca una explosión de vitalidad al haber aceptado la muerte. Nuestra cultura del placer está próxima a los ritos bacanales de la Antigüedad. Es el momento de la teatralidad cotidiana, del carpe diem, del culto al cuerpo, pero es también el momento de la violencia doméstica extrema, del Bowling for Columbine, del aumento de las guerras. La agresión instrumental, que sirvió a la especie humana para su evolución, se utiliza ahora para el exterminio de los propios seres humanos. Según David Huertas, en un mundo globalizado, la tendencia hacia la hostilidad es también global. Estamos por tanto en la ética del instante que propone Maffesoli, una vida que al no proyectarse hacia un futuro está obligada a tomar en serio los placeres orgiásticos. La actitud del individuo contemporáneo se acerca a la de un héroe trágico, ¿o acaso entrar en un instituto, matar a un montón de adolescentes producto de una sociedad corrupta y pegarse un tiro, no sería algo propio de una epopeya clásica? Frente al individuo, al héroe, hallamos igualmente una identidad colectiva en detrimento de las identidades individuales. Las aglomeraciones de personas en los estadios de fútbol, en las discotecas o en los centros comerciales dan fe de ello. Esta identidad colectiva afronta públicamente la muerte y participa de la idea de destino a través de la televisión. El ser humano ha de retomar las riendas y no limitarse a ser pueblo, a ser espectador de la tragedia mientras espera que venga un héroe a salvarlo de su naturaleza entrópica; no necesitamos otro Hitler, otro Franco ni otro Mussolini, pero por supuesto, tampoco necesitamos otro Bush. La identidad, recobrada mediante la aceptación de la nueva era, sumada a la consciencia que pasa por la cultura, quizás sea un camino.

El Apocalipsis que no cesa

24-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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- Lo veo todo cubierto por una luz oscura. La gente me parece vil o sencillamente idiota, la ensalada la encuentro helada, las botas se me han empapado de agua.
- No es eso, Antón. No se trata de tu estado de ánimo. Lo que pasa es que estás percibiendo la inminencia del infierno.

Guardianes de la Noche, S. Lukyanenko.

Quien se crea que hemos llegado al final de los tiempos, y que ese final tiene algo que ver con el 2012 y las predicciones Mayas, se lo tiene que hacer mirar. Al igual que les sucedió a los que vivieron –y sufrieron- la inminencia del año 1000 o incluso el famoso “reinado de Marte” el 11 de Agosto del 1999 – previsto en una cuarteta de Nostradamus-. Nos seguimos inquietando con estos fines del mundo sintéticos, sacados de la enorme despensa que es la locura, pero sobre todo grandiosamente divertidos. Y es que no me digan que no sería divertido ver a la bestia de siete cabezas ascender desde el mar, mientras los ángeles abren sellos y tocan trompetas sangrientas. No me digan que no sería curioso, aterradoramente divertido, ver a los cazas MIG chinos sobrevolar la Castellana, perseguidos por nuestros F18, mientras la población se refugia en Gredos, y nuestros militares se afanan intentando mantener un corredor humanitario para llegar a Portugal, esperando con ansia al caudillo que, llegado por mar, liberaría la arrasada Europa. También sería magnífico observar unas grandes naves, llegadas de cualquier extremo de la Galaxia, tapar con sus sombras nuestras ciudades mientras todo el mundo contiene la respiración, la misma que contendríamos mientras los enormes tsunamis provocados por el desplazamiento brusco de la corteza terrestre rompen en mares de espuma a la altura del Bernabeu…

Al igual que la violencia de una novela, un juego de acción o una película exorcizan la bestia que llevamos dentro, los fines del mundo “enlatados” exorcizan las vidas de las personas normales, esas que saben que el único fin del mundo real es el que viven, el de las once horas de trabajo diario, familia y relaciones sociales envilecedoras para simplemente pagar una caja de zapatos llamada casa, un coche y el colegio de los niños.

No es de extrañar que entonces, de vez en cuando, aparezcan esos fuegos de artificio que se adaptan, como arquetipos que son, a los momentos históricos que, indirecta o directamente, los han conjurado y que sirven de “válvula de escape” social.

Y es que, si realmente podemos extraernos de lo que nos rodea, percibiremos que el fin del mundo ya ha llegado y no ha hecho falta que se terminara el calendario Maya. Cuando alguien ha decidido que algunas personas no deberían estar por encima de otras por su sexo, pero sí por su cargo, apellido o cuenta bancaria, cuando la naturaleza se ha domesticado para convertirla en parque temático o en zona verde, cuando se nos repite en un mantra cansino que vivimos en el mejor de los mundos posibles pero miramos alrededor y sólo vemos autómatas, el fin del mundo no es que esté cercano, es que ha llegado, nos ha caído encima, pero sin darnos cuenta y sin que nadie haya contratado a Roland Emmerich para que nos lo haga película.

Mientras pasa lo que tiene que pasar, disfruten y ríanse de los Apocalipsis, esos que nos muestran la biblia, los mayas, el cine o Nostradamus, porque el verdadero lo sufrimos aquí y ahora y maldita sea la gracia que está teniendo.

I BlackSeed Festival

22-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Sala Excalibur9 Enero 2010. Sala Excalibur-Madrid.
20:30 h. Entrada 10 Euros.
I BlackSeed Festival
Organizador: BlackSeed Productions.

Una macarrada para empezar el año y compensar la sobredosis de paz y amor navideños.

DECAYED (Portugal): Black Metal de la vieja escuela con influencias que abarcan desde Celtic Frost a Mayhem.

GRAVEYARD (Barcelona): Una de las sensaciones del underground nacional. Death Metal old school con un Mini Cd y un Cd completo que están dando mucho que hablar. Para amantes de Entombed, Dismember y la escena sueca de finales de los 80/principios de los 90.

DISHAMMER (Madrid-Coruña): Sucio y macarra Metal/Punk que rinde evidente homenaje a Discharge y Hellhammer. La perfecta banda sonora para una noche de alcohol y excesos. Con miembros de Machetazo, Moho o Looking For An Answer.

Olvidaos de los festivales organizados por los 40 criminales y dejaos sumergir en el caos.

A un kilómetro de Idoya

22-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Juramos…

juramos hacer que esa noche fuera eterna y así fuera la metáfora perfecta de nuestra amistad.

Amaneció.

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