Entrevista a Miguel Brieva

“Otro mundo es posible y urgentemente necesario…”

Miguel Brieva (1974) es uno de los perfiles más creativos de la nueva generación de dibujantes. Sus ilustraciones contienen una crítica radical del sistema de valores imperante y sus paradojas. Miguel cultiva una suerte de humor antagonista que produce un extraño vacío: ¿carcajada en busca de un nuevo mundo? Brieva es autor de la revista Dinero y Propuestas para no hacer. Co-editor y co-autor de La Vida La Muerte, El Niño Carajaula y Om2: Informe sobre el estado actual del objeto maravilloso. Colaborador en El Jueves, La Vanguardia, El País, Rolling Stone, Ajoblanco, Mondo Bruto, NSLM, Recto, Tos y Generación XXI.

¿Cuáles son las mayores influencias en tu manera de ver la realidad?
Principalmente las de cualquier persona: la familia, los amigos, las lecturas, las experiencias vividas, etc. A este respecto debo agradecer doblemente a mis padres por ser un verdadero ejemplo para mí y por llevarme a un colegio en el que se primaba la incitación a la curiosidad y a la libre expresión por encima de los encorsetamientos más convencionales de la pedagogía en general. Cada vez tiendo a creer más firmemente que en la formación de la persona, de su universo moral, intelectual y afectivo, el elemento fundamental es un mimetismo casi literal de lo que observamos en nuestros mayores. De esta manera, si, por ejemplo, un niño crece en un entorno en el que no se recurre al empleo de la mentira, ésta se hace igualmente infrecuente e inaceptable en su desarrollo como adulto, mientras que en un ambiente inverso, en el que ciertas represiones hacen de la mentira una estrategia común y necesaria, el uso de ésta queda ya “autorizado” para el resto de la vida. De ahí se desprende la aseveración, por otra parte de Perogrullo, de que la educación es nuestra única esperanza factible para enderezar el estúpido y errático deambular de nuestra especie sobre la faz de la tierra.

Algunas Escuelas Filosóficas te han marcado considerablemente: Deleuze, Derrida, Foucault…
Tampoco es muy cierto esto. Si bien he sido influido, de manera inevitable, por el relativismo teórico de la filosofía posmoderna, esto ha sido más involuntario que buscado, ya que a estas alturas es algo que impregna innumerables parcelas de la vida, desde los medios de comunicación, la publicidad, la política o eso que se llama arte. Yo más bien diría lo contrario: que aquellas maneras de explicar la realidad que de siempre me han despertado la curiosidad y la empatía más inmediata han sido justamente las que rebaten ese relativismo corrosivo, las que contemplan la necesaria consideración de la verdad, las que apelan a un nuevo esfuerzo de la razón por reformularse y reclaman, una vez más, la urgencia de la utopía. En este sentido, dos autores para mí enormemente reveladores, y además de aquí mismo, son Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio. Ambos construyen un discurso, cada uno a su manera, enormemente lúcido y crítico, librepensador, sin rehuir de ninguna manera las contradicciones propias del pensamiento moderno, pero sin renegar tampoco de los logros sustanciales desvelados por el empleo de la razón, y sin permitir, como a menudo han hecho otros intelectuales mucho más celebrados, el desvanecimiento autocomplaciente de su compromiso político y moral.

¿Qué dibujantes te han influido?
Robert Crumb, Daniel Clowes, Beto Hernández, Glen Baxter, Gary Larson, Therry Gillian y El Roto.

En tu obra representas nuestra sociedad como en una suerte de antipublicidad, frente al modelo de vida occidental, que nos han impuesto los imagólogos, a imagen y semejanza de los anuncios…
Es una prolongación hiperbólica y desalmada de la publicidad que ya nos circunda. Mediante la exageración de la ironía parece que quedan más fácilmente expuestas las barbaridades y contradicciones sobre las que se erige nuestro modelo de vida y la condición humana en si misma. No obstante, cada día que pasa la absurda realidad va comiendo terreno y el marco para la sátira se queda más y más reducido. Tal vez dentro de diez o veinte años las viñetas de la revista Dinero no sean más que hiperrealismo. Pensemos si no en ese Gran Hermano que ha comenzado en Alemania, en el que ya no hay límite de duración, es decir, que es algo así como una cárcel monitorizada, o en las declaraciones de Bush acerca de la necesaria tala de los bosques estadounidenses como medida idónea para prevenir incendios. Francamente, esto es intrusismo profesional; en un mundo así, ¿qué espacio queda para los humoristas?

En algunos de tus dibujos se observa un cierto escándalo que se muta en un guiño cómico ante la realidad. ¿Te consideras un moralista? ¿No hay algo reaccionario en la crítica al avance de “el mejor de los mundos posibles”?
Es curioso cómo el término moralista se asocia desde siempre a alguien que pretende imponer su visión particular, prejuiciosa e intolerante del mundo. De esto es culpable, en grandísima medida, la degeneración moral y violenta prepotencia de los que desde siempre han ostentado los Valores Morales, es decir, la Iglesia Católica en nuestro caso, o cualquier otra forma de dogmatismo religioso en otras culturas. Esto nos permite entender reacciones tan virulentas contra esa supuesta moralidad como la de la obra de Nietzsche, y todo el legado individualista y relativista que ésta ha dejado a lo largo del siglo XX. Sin embargo, siendo siempre muy conscientes de la debilidad y arbitrariedad intrínseca de nuestra propia constitución moral, no podemos olvidarnos sin más de nociones tan fundamentales como el Bien o la Verdad. Sin la consideración, aunque sea permanentemente cuestionada, de estas dos instancias o absolutos, jamás podremos aspirar a la justicia, la belleza o la igualdad. Y en esas estamos.
Por otra parte, eso de que el nuestro es el mejor mundo de los posibles es una falacia burda aunque eficazmente implantada por la ideología neoliberal que oculta, bajo la apariencia de una cierta madurez histórica y humana, los anhelos y deseos más estúpidos, por no decir perversos, que albergamos dentro. Creo que es responsabilidad de cualquier persona sensata que aspire a la libertad el comenzar a desmantelar, pieza a pieza, el complicado mecano que argumenta este disparate.

¿Cómo te sientes después de publicar en los grandes medios nacionales, partiendo de la autoedición de Dinero? ¿Te corromperá el Sistema?
El corromperse es una opción siempre posible. Es algo que hemos podido observar profusamente en la generación pretendidamente progresista que tomó el poder tras la Transición. El Sistema Capitalista, por otra parte, ha demostrado ser extraordinariamente adaptativo y absorbente, y requiere por tanto un esfuerzo y un permanente autocuestionamiento el adentrarse en sus cauces sin perder el Norte. ¿De qué otra manera se pueden difundir ampliamente ideas diferentes a las imperantes sin verse contaminado por el mercado? Debemos de buscarlas. Yo siempre me he inclinado, en mi caso, por la autoedición y la distribución alternativa de ese material, y creo que ese es un camino de los posibles. Pero creo igualmente necesario aprovechar los espacios de más difusión, aunque ello confiera una cierta dosis de contradicción a nuestro mensaje, en tanto que no se pierda la integridad política o estética de lo que hagamos. Otras iniciativas, como la del recién nacido periódico quincenal DIAGONAL, son fundamentales para tratar de eludir esas permanentes incoherencias entre medio y mensaje.

Vives en comuna, procuras no consumir, careces de móvil, de automóvil y viajas en segunda…
Una vez entendido el modo intrincado y algo perverso de cómo funciona nuestro mundo globalizado, en el que nuestros más nimios actos de consumo tienen una repercusión casi inimaginable en las condiciones de vida de miles de millones de personas, creo que es fundamental, si queremos exigirnos un comportamiento coherente y humano para con los demás, el comenzar a renunciar. Es preciso, en tanto tratamos de reconstruir otras propuestas políticas, actuar en el plano más primario aunque por el momento más influyente: el consumo. Es una exigencia moral: debemos comenzar a renunciar a unos modos de vida que no pueden ser universales, en primer lugar porque sólo se sustentan en la desigualdad entre consumidores y productores, y en segundo lugar porque son ecológicamente insostenibles. La gente sale a la calle en contra de la guerra de Irak, pero no está dispuesta, por ejemplo, a renunciar al coche, al uso permanente de hidrocarburos. Y ahí estamos todos, sintiéndonos excelentes personas mientras tecleamos alegremente en nuestros móviles fabricados por millones de chinos en estado de semiesclavitud.
Es algo inevitable: tarde o temprano habrá que renunciar, porque, al margen de su cuestionable utilidad, estos juguetitos con los que se alimenta incesantemente el consumo tienen un precio ecológico y humano excesivamente elevado. Otra cosa sería que verdaderamente deseemos la autodestrucción, que es algo que a estas alturas ya no se puede descartar del todo. Como decía una tía abuela mía: “Si hemos de ir al infierno, ¡vayamos en coche!”.

La política es una de tus fuentes de inspiración ¿Cómo ves la militancia? ¿Qué te parece el derrotero sangriento de las utopías rojas y negras del siglo XX?
Si algo ha quedado esclarecido tras las experiencias políticas del siglo XX es que lo fundamental no reside tanto en el credo ideológico que estructure una sociedad, sino en la integridad moral de cada uno de sus individuos, en la plena madurez de su conciencia individual, en el pensamiento libre y crítico de cada uno de los integrantes del colectivo. Planteamientos a priori contrapuestos como son el fascismo y el comunismo han desembocado en formas de dominio y represión no tan dispares entre sí. No obstante, no debemos ignorar que, aunque su desenlace ha sido en numerosos aspectos similar, existen diferencias teóricas de raíz entre ambos pensamientos. Mientras que el comunismo o el socialismo parten de una noción de igualdad entre todos los individuos, que creo que casi todos compartimos; el fascismo en cambio asume una visión jerárquica de la sociedad, estatificada en elites dirigentes, trabajadores cualificados y masa obrera, que por otra parte no hace otra cosa sino justificar ideológicamente y dar nombre a lo que ya lleva existiendo casi desde el principio de los tiempos. En la actualidad, nuestro mundo continúa rigiéndose con arreglo a esta premisa, que no es más, en definitiva, que una reformulación teórica y complejizada de “la ley del más fuerte”. O lo que es lo mismo, que estamos infinitamente más cerca del fascismo que de ese ideal universal de igualdad que ha defendido siempre la izquierda. Resumiendo; debemos de seguir luchando en contra de este nuevo fascismo de mercado con democracia de pantomima y, aprendiendo de los errores cometidos por los que tan erradamente pretendieron cambiar la historia, buscar nuevas vías para hacer esto bien. Me niego a vivir en un mundo en el que no quede otra cosa más que asumir la maldad y la estupidez como nuestros inevitables compañeros de camino. Eso me parece desgarrador, patético y hasta feo.

La vieja izquierda prejuzgo la espiritualidad como una lacra y una farsa social… Muchos de tus dibujos son sarcasmos frente a la Nueva Era y, sin embargo, en otros apelas a algo que sea más que el consumismo masivo, farsa democrática y estupidez colectiva. ¿Crees que se han producido cambios al respecto de la conciencia espiritual?
Espero que así sea. Yo he crecido en una familia de científicos y ello me ha dado un gran apego a la razón, la cual creo que, junto con el arte, es la herramienta más preciada que ha aportado al mundo la cultura occidental. No obstante, creo que es fundamental diferenciar entre la razón, la que hacía a Sócrates dudar permanentemente, hasta de sí mismo, y la que vulgarmente ha venido a usurpar ese nombre, que no es otro que la razón instrumental, la que se emplea, por ejemplo, para calcular la trayectoria de un misil. Hay una razón abstracta que cuestiona, y luego está esta otra razón, más técnica, podríamos decir, que es la que se emplea para resolver cuestiones concretas y que es la que la gente asocia con La Razón. Esta confusión de base a menudo produce un rechazo incluso en nuestra propia cultura, y lleva a muchos a refugiarse, a menudo de manera bastante incoherente y superficial, en esoterismos puramente formales y demás trivializaciones de la espiritualidad de otras culturas. Yo más bien creo que, respetando y aprendiendo de la verdadera esencia de esas otras cosmovisiones, lo que los occidentales debemos hacer es precisamente redescubrir la verdadera dimensión de la razón, que, aunque parezca algo casi sacrílego e irracional, abarca en sí misma una connotación espiritual.

¿Consideras que habitamos una decadencia, qué nos encontramos al final de un modo de vida? ¿Cómo crees que puede acabar este mundo? ¿Otro mundo es posible?
Ciertamente hay motivos para pensar que, si bien el mundo no va a desaparecer, las condiciones de vida en él van a verse visiblemente trastocadas hacia peor, tal vez con unas dimensiones catastróficas y hasta apocalípticas. La ambición ciega de las elites dominantes, tolerada por la mansedumbre bobalicona y consumista de los ciudadanos del primer mundo, y regida en última instancia por la inercia abstracta y gélida del capital, parecen conducirnos irrevocablemente al peor de los escenarios imaginables. Por supuesto, otro mundo es posible y urgentemente necesario. Es de vital importancia, de hecho, el construir estos mundos alternativos, aunque sea tan sólo sobre el papel o sobre una pantalla de cine. El arte tiene un papel esencial en este enriquecimiento del imaginario colectivo. Como decíamos al principio, las personas tendemos inevitablemente a actuar conforme al juego que vemos en los demás. Es preciso, pues, crear nuevas reglas del juego, y el arte es quizá el mecanismo más elocuente que tenemos para ello.
Con todo, el pesimismo me lleva a pensar que únicamente se dará una reacción política real a todo este desenfreno hiperproductivo cuando el cambio climático sea ya una realidad demoledora y anualmente perezcan millones de personas en desastres naturales, incluso en los países ricos.

Los adelantos científicos aparecen relativizados en tu obra. ¿Eres tecnófobo? ¿Cuál es tu sentimiento hacia la ecología?

Los adelantos científicos son estupendos, siempre que sean motivados por las verdaderas necesidades de los seres humanos, estén al alcance de todos y no interfieran en el equilibrio de nuestro ecosistema. Como dice García Calvo, hay inventos primordiales, como el tren o el teléfono, que facilitan enormemente la vida sin causar grandes estragos medioambientales, y luego están los inventos secundarios, derivados de estos primeros, como pueden ser el coche y el teléfono móvil, cuya expansión no ha sido tanto motivada para cubrir necesidades humanas hasta ese momento insatisfechas como para, simple y llanamente, generar nuevos mercados y aumentar la producción. Y sin embargo, gracias al extraordinario calzador de la publicidad, han colado entre una población cada vez más desprovista de los valores más elementales.
Si las cosas se pensasen, se pudieran planificar al margen de la estulta dictadura del mercado, todos los humanos podríamos mantener un nivel de vida más que digno, incluso con avances científicos, sin necesidad de destruir nuestro alrededor ni de esclavizar a la mitad de nuestros congéneres.
Imaginen si todo el potencial científico y humano que se ha empleado en estos últimos años en insertar un televisor con vídeo-conferencia en el móvil se hubiese encaminado, en su lugar, hacia la mejora de las fuentes energéticas o la curación de numerosas enfermedades. Su influencia hubiera sido fabulosa. Pero no; estamos estúpidamente maniatados por esta aséptica monstruosidad que hemos creado, que nos regala con más y más baratijas al tiempo que nos allana el camino hacia la autoaniquilación.

La democracia parece haberse convertido en la gran excusa para un nuevo Orden Mundial que expande el mercado a golpe de lo que haga falta, al tiempo que el sistema garantiza unas libertades sin las cuales no sería posible la crítica… ¿Qué salvarías de este Sistema?
No lo sé, francamente… ¿El tupé de Acebes?
Salvaría el sentido común de mucha gente que, aun a pesar de tanto adoctrinamiento tontorrón y mezquino, todavía se mantiene firme señalando, como una obstinada brújula, hacia aquello que podríamos y deberíamos ser.

También ridiculizas el individualismo de hacer cada uno lo que le da la gana, que tiene sus orígenes en la contracultura, pero que ha sido integrado por el consumo…
Cuando todo el mundo, creyéndose que hace lo que le da la gana, hace exactamente lo mismo que todos lo demás, tenemos indicios para sospechar que, o bien hemos llegado a una sociedad perfecta y sorprendentemente bien sincronizada, o bien se ha inducido muy hábilmente a la gente a pensar que es libre mientras que obedece de manera estricta. Esta reflexión podemos ilustrarla con tan sólo asomarnos a una autopista a una hora punta y comprobar cómo miles de personas, pertrechadas en el interior de sus cubículos móviles idénticos, haciendo todos lo mismo en sus micro cárceles, viendo morir ahí dentro las horas de sus breve existencia, y que aún logran creerse la ilusión de que son libres y deciden por sí mismos. La maquinaria de la propaganda ha descubierto la fuerza de apelar una y otra vez a la región más hueca y disminuida de la persona: su individualismo.

¿Eres antiprohibicionista o crees que las drogas sirven para “controlar a la juventud”?
Las drogas, como todo en la vida, únicamente han de saber usarse; conocer sus bondades y sus perjuicios, y emplearlas cada uno como crea conveniente, sin frivolidades ni tabúes. Hablar de las drogas así, en genérico, nos lleva a un reduccionismo que limita enormemente todo discurso al respecto. En todo caso, sí diría que toda experiencia que nos extrañe de nosotros mismos y nos presente nuevos estados de conciencia es siempre enriquecedora y hasta muy recomendable.

A veces has comentado tu decisión de hacer cine o documentales. ¿El lenguaje del cómic es ya antiguo?
Resulta curioso cómo, precisamente por su estado moribundo frente al auge de lo audiovisual, el cómic es un campo al resguardo de las presiones del mercado, un remanso de libertad creativa, un género en decadencia que, dejado de lado por el espectador, florece sin cortapisas. Parecen encontrarse allí con más facilidad obras excepcionales que en el elevado campo de las artes plásticas, prácticamente muerto a estas alturas, o en el del cine y la televisión. Su marginalidad es su fuerza.
Lo audiovisual, no obstante, presenta tal potencial estético y comunicador, y está además tan interiorizado por todos nosotros, que resultaría triste renunciar a ello. Creo que lo más recomendable siempre al adentrarse en un campo creativo desconocido es dejarse llevar por la intuición y el sentido lúdico, y dejar las pretensiones para más tarde. Yo de momento no he pasado de ahí.

¿Cómo alteras tu conciencia?

Escuchando la guitarra de Django Reinhardt mientras sostengo en equilibrio sobre la nariz una réplica a escala 1:1 de La galaxia de Andrómeda. Lo suelo hacer los jueves, de 18:20 a 19:05, y algunos días festivos

Entrevista a José Balza

Por Emilia Lanzas

“Cuando uno escribe también está lo que no se quiso decir”

José Balza, toda una institución en Venezuela, ha publicado en España una selección de sus cuentos, Caligrafías, en la editorial Páginas de Espuma. Desde 1965, año de Marzo anterior, su primera novela hasta esta última, Balza ha escrito más de cuarenta obras tanto de narrativa como ensayos sobre teoría literaria, arte y cine (La mujer de espaldas, Un Orinoco fantasma, Persecución…).
Galardonado con El Premio Nacional de Literatura en 1991, sus cuentos han sido traducidos en diversas antologías al inglés, francés, alemán, hebreo o italiano. Es autor de lectura obligada en varias Universidades norteamericanas, en la Universidad Hebrea y en la asignatura de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Filología de la UCM.

Tu último libro, Caligrafías, lo subtitulas: “Ejercicios narrativos”, ¿supone esto una actitud exploratoria, alejada del concepto de cuento como tal?

Cuando era muy joven leí a un escritor venezolano, Guillermo Meneses, y él tituló Ejercicio narrativo a uno de sus relatos. A mí me llamó la atención esa denominación porque sentía que lo que estaba haciendo no eran realmente cuentos. De los diecisiete a los veinticinco años, digamos que con la palabra “ejercicio” lo que intenté es imitar. Uno de los autores a los que traté de imitar fue a Ray Bradbury cuyos cuentos los considero muy vitales, están llenos de luz, de claridad, poseen acciones muy rápidas; hay en la ficción de Bradbury como una eterna primavera.

También había leído a Platón, e inicié con él ese proceso del diálogo platónico de discutir una idea, lo cual también imité e incorporé como una forma de discusión de ideas de mis personajes.

Por tanto, aquella ejercitación fue en un principio un proceso de imitación con el que yo pretendía encontrar una manera, una forma de composición, crear una estructura que pudiera ser más propia, más mía; es decir, lo que quería era descubrir una determinada técnica de escribir. De eso se trata: hay una eterna ejercitación en la forma del relato y de la novela, y en ese problema de mostrarle al lector la historia está uno de mis secretos literarios. Evidentemente, el lector no debe enterarse de que existe una determinada forma, pero el escritor sí debe ser muy consciente de ella.

En este momento, yo diría que son ejercicios porque intentan rodear, bordear a los personajes, a las historias. Yo no tengo mucha imaginación, y por eso trato de percibir los seres, explorarlos, captar el misterio de su conducta.

Hay un carácter marcadamente simbólico en tus cuentos -el caimito, la roca…-, que remiten a fatalismos.

Hay un verso de Baudelaire que dice: “Entre bosques de símbolos, va el hombre a la deriva”.

Los hechos y los objetos adquieren un carácter simbólico dependiendo de quién los perciba; pero te diría que en mis cuentos no hay un uso deliberado de lo simbólico sino que, tal vez, cuando uno toca experiencias de las personas con acierto, con sensibilidad, se termina dándoles un tinte simbólico.

Por ejemplo, el cuento que has citado. La mujer de la roca, te diré que yo no inventé esa historia -como he dicho antes, no tengo gran imaginación-, es real que una mujer arrastró una roca inmensa desde una distancia de veinte kilómetros y la llevó hasta su casa, para colocarla en su patio. Pero, ¿por qué una roca y no una flor? Ella no sabe el porqué y yo tampoco, pero intento contarlo en mi cuento. Sin duda, hay en este hecho un gesto simbólico profundísimo, que yo no alcanzo a comprender; pero cuando uno escribe también está lo que no se quiso decir.

También son numerosos los cuentos narrados por el adulto pero desde la perspectiva de un niño, ¿hay en ello la declaración de principios de uno de tus cuentos, La sombra del oro: “y que cuanto era entonces seguiría siéndolo para siempre”?

Ese cuento también está basado en una historia real. Cuando tenía ocho años encontré una paloma -un animal extraordinario en el Orinoco-; algunos me decían que le cortara las alas porque si no huiría. Pero yo no quise y la paloma vivió conmigo tres días, hasta que se escapó. Pienso que en la vida siempre estamos perdiendo algo, por eso, cuanto se posee y, sobre todo, si es algo especial hay que gozarlo profundamente, porque se puede ir.
Así he actuado siempre, disfrutando de lo que tengo pero sin cortarle las alas.

¿Por qué crees que la literatura venezolana tiene tan escasa divulgación en España?

En mi caso personal, es la segunda vez que publico aquí, la primera fue la novela Percusión en Seix Barral. Por eso, el hecho de que después de tantos años y a mi edad vuelva a España, y ahora con un libro de cuentos, representa para mí como un soplo de juventud.

En cuanto al hecho de que se publique muy poca literatura venezolana en España, pienso que sí hubo mayor divulgación en los años 50, por la sencilla razón de que los escritores venezolanos se exiliaron, como fue el caso de Uslar Pietri. Aunque parezca mentira, el exilio cuenta mucho para la difusión de las literaturas.

Después llegó la Democracia a Venezuela, aunque coja y defectuosa, y el negocio del petróleo que, si bien nunca tuvo una distribución justa, supuso un auge económico y el venezolano dejó de emigrar. Más tarde, apareció en Venezuela una editorial excelentísima, MonteÁvila Editores, que producía masivamente para toda América Latina. Todas estas razones hicieron que los autores venezolanos se quedasen tranquilamente en su tierra, ¿para qué te vas a mover si estás mejor en tu casa? Hemos sido poco viajeros en esos años.

¿Como escritor y como profesor universitario, cómo ves la situación, especialmente la cultural, en la Venezuela de Chávez?

Intentaré decirlo de la forma más benigna posible, la situación en la Venezuela de Chávez es una situación gelatinosa, una cosa indecisa… Queda una tradición fortísima de plástica, de cine, de literatura; pero lo nuevo que ha surgido es muy escaso, muy endeble. Pero puede mejorar, sí, sin duda mejorará…

En cuanto a la Universidad Central, siempre ha sido un organismo de oposición a cualquier Gobierno; antes, en la dictadura, era el centro de la guerrilla y hoy es el centro antichavista.

Aparte de esta lucha política, la Universidad tiene un excelente centro de ediciones, básicamente ensayo, aunque, y es una pena, no posee sistemas de distribución. Por ejemplo, existe una extraordinaria traducción, ejemplar, de los Diálogos de Platón, que mucha gente tiene que ir a buscarla allá, porque nadie la distribuye.

Sin caer en exotismos, ¿nacer en el Delta del Orinoco condiciona en exceso?

Sin duda, en el mundo de la robótica y de la globalización, haber nacido en un lugar puro, aislado; en un lugar lejano, remoto, tan sensual es simplemente una suerte. Y aunque viva en Caracas vuelvo muy a menudo allí.

Entrevista a Nikita Nipone

Por Ainhoa García Oyarzun

Aunque cueste un poco encontrar el mundo Nikita Nipone en el Mercado de Puerta de Toledo (Madrid), existe: bajando unas escaleras mecánicas (de frente a la derecha), se llega al local 2224 y entre nubes y reflejos de mil colores que cuelgan de las perchas con formas trapezoidales, circenses, japonesas o de cualquier otra clase de geometría onírica imaginable… ¡Allí está! Y justo y solamente allí.

“Quienes quieran dedicarse a este mundo, ¡qué hagan lo que les dé la gana!”

Tantos colores y formas, diseños tan llamativos, esto no parece típico de alguien que sigue las pautas de un “diseño de moda”… ¿De dónde vienes y cómo has acabado aquí?

Bueno, yo hice Bellas Artes y luego me puse a diseñar cosas: primero empecé a diseñar webs y después muñecos de plastilina, en fin, mogollón de cosas diferentes, un día fotos, otro día vídeo o lo que fuese, lo que pasa es que desde siempre he ido haciendo ropa, me daban rachas y hacía una colección y luego la vendía a amigas y luego dejaba de hacerlo y luego me ponía a hacer otra cosa… Pero de repente vi la oportunidad de meterme en la tienda y aquí estoy.
¿Arte en tela?

Son experimentos, pero la idea es que la gente se los pueda poner y sea factible, que sean reales. Yo experimento y cada prenda tiene un proceso creativo, no hay otra igual. No es una cadena de producción sino que está todo muy pensado, la mezcla de las telas, todo. Es un proceso muy parecido a cualquier otro proceso creativo, como pintar, por ejemplo.
¿Y qué tiene de atractivo crear y trabajar con tejidos?

A mí me gusta mucho vestir y me gusta mucho la ropa. Me parece muy interesante poderte poner cosas, llevar puesta una idea creativa. Y la gente se lo va a poner y lo va a lucir en la calle y va a llevar tus ideas, tus cosas. Es más práctico que una exposición que me parece algo muerto; lo otro es más dinámico para mí.
¿Por qué te llamas Nikita Nipone ?

La idea era crear una marca que fuese graciosa porque me apetecía que fuera algo español, pero que sonara japonés (como ahora la moda está en Japón…), pero también pensando en estos chistecillos de toda la vida tontos y salieron varios, había uno que era “Tokiskimesoba”, pero ¿cómo voy a decir “¡Hola! Soy tokiskimesoba”?, así que Nikita Nipone era el que menos implicaba y resulta gracioso, y suena japonés, que mis cortes son todos muy japoneses.
Y ahora que has llegado hasta aquí, ¿merece la pena todo esto?

Para mí sí, aunque hay veces que “te cagas de miedo” y te dices “pero ¿cómo me meto yo en estos líos?” porque es mucho dinero y en ocasiones no hay ventas y cuesta, pero creo que compensa totalmente porque lo que a mí sí que no me compensa es estar dedicándome a un trabajo mogollón de horas al día y que me amargue la vida, prefiero tener un trabajo que me ocupa tantas horas para pagar facturas y con esto disfruto y vivo e intento tener una proyección de algo, si puedo lo consigo y si no para encontrar un trabajo de sueldito al mes siempre hay tiempo.
¿Qué amigos y qué enemigos tiene esta profesión?

Aunque se supone que es un mundo muy superficial y muy tonto, también depende de cómo tú te muevas. La gente que he conocido hasta ahora son gente muy maja y quien no va con esta tienda no entra, y el que entra es porque le gusta el ambiente y con la gente que conozco es lo mismo, con los que no hay feeling pues no hay feeling así que hasta ahora para mí todo es positivo, que no quita que no tenga mis momentos “rollo Conan” porque estoy en esto sola.
¿Cómo definirías tu estilo y tus influencias?

Es una mezcla de muchas culturas. Y una mezcla de flores, de lunares, de cuadros, de telas, de colores… es muy típico de Nikita que tenga colores muy fuertes, me gusta, y un colega me dijo un día que dependiendo de cómo diseñes se ve un poco cómo eres y a mí siempre me dicen que soy muy alegre porque me gusta la mezcla muy explosiva, no me corto un pelo, vamos…


¿A quién te gustaría hacerle así un diseño, en quiénes piensas cuando estás creando?

Lo tengo muy claro, para la gente de la calle, a mí es la peña lo que más me gusta. Me parece un reto mayor porque aunque dicen que los ricos tienen un gusto especial pues yo creo que la gente de la calle es quien tiene estilo. Yo me quedo con la boca abierta viendo a la gente cómo viste y son los que me impresionan y por eso tengo un rollo muy popular de precios. La gente rica y tal, ¡es que me la suda!
¿Y si viniera un día Beckham y te encargara un diseño?

Bueno, si se lo quiere poner yo encantada, me hace publicidad… (risas). Y puede que sí que haya gente interesante y rica pero… no es mi meta, ya te digo.
A partir de ahora, ¿qué tienes planeado hacer?

Ya he hecho hace poco la colección de verano 2005 ( Y yo kon estos pelos ) y quiero producirla y distribuirla por las tiendas y poco a poco ir mejorando en calidad y en todo, y aprendiendo.
¿Qué consejo le darías a quien se quiera dedicar a este mundo?

¡Qué hagan lo que les dé la gana!

Entrevista a Hans H Hoppe

Por Silvia Cabrera Ballester y Antonio Muñoz Ballesta

“El Estado interventor supone el dominio más peligroso para la libertad”

La localidad murciana de Puerto de Mazarrón fue el escenario elegido para la celebración de los IV Encuentros de Humanidades y Filosofía. Para el acto, se contó con la colaboración del filósofo y economista alemán Hans-Hermann Hoppe, autor de libros como El Mito de la Defensa Nacional y Socialismo y Capitalismo, entre otros. Su última obra, Monarquía, Democracia y Orden Natural, Una visión austriaca de la era americana (Ediciones Gondo. Madrid, abril 2004, Traducción y prólogo de Jerónimo Molina), en la que se centró la conferencia, propone una nueva forma de interpretación histórica de los Estados y de la sociedad, a través de la demolición de tres mitos: el primero es el mito de que el Estado ha sido la “causa” del progreso de la civilización; el segundo mito es el que sostiene, igualmente, que ha sido un avance la transición histórica de las monarquías absolutas a los Estados democráticos y, el tercer mito, es el pensar que no existe una alternativa a las democracias sociales occidentales según el modelo de los Estados Unidos.

En la actualidad, el profesor Hans Hermann Hoppe de la Universidad de Nevada-Las Vegas (USA), junto con Jesús Huerta de Soto, es el mayor representante de la Escuela Austriaca de Economía. Hoppe explicó magistralmente, ante una sala repleta de un interesado público, que según las tesis de la Economía de la Escuela Austriaca y según “principios evidentes”, los tres mitos mencionados deben ser erradicados de las mentes de los intelectuales y de la gente en general, ya que se trata de tres “creencias falsas”. La sociedad civilizada ha avanzado a pesar de los Estados y sus Guerras: “Las Guerras entre los Estados han causado, nada más que en el siglo XX, ciento setenta millones de muertos, y la mayoría de dichas personas eran civiles”, sentenció Hans H. Hoppe en un momento de la conferencia.

La implantación de una mayor intervención estatal ha significado, según Hoppe, “el triunfo del monopolio” y “el dominio de lo más peligroso para la libertad”, entre otras cosas, “porque, contrariamente a lo que se suele pensar, la democracia no ha supuesto un avance económico y moral”. Hoppe expresó la posibilidad del colapso de la economía occidental “más tarde o más temprano, tal como sucedió con la URSS hace trece años, porque la Teoría económica (de la Escuela Austriaca) demuestra que el sistema económico del Estado del bienestar no es, en modo alguno, un sistema estable. Subrayó, asimismo, tanto en la entrevista como en la conferencia que es necesaria una “mayor entrada libre de las empresas privadas en todos los sectores de la producción y comunicación”, y la implantación generalizada de lo que denomina un orden natural, en el que “en vez de un Orden Mundial, inevitablemente controlado por los Estados Unidos, tendríamos un mundo basado en decenas de miles de diversos países, regiones o cantones y cientos de miles de ciudades libres independientes como las hoy pintorescas Mónaco, Andorra, San Marino, Liechtenstein, Hong- Kong, Singapur, Bermuda, etc.”… Para llegar, por fin, a un orden en el que “toda la tierra y demás bienes y factores de producción sean de propiedad privada”.

Durante el coloquio, Hoppe expuso la destrucción a la que está sometida la sociedad civilizada a través de los monopolios y los representantes democráticos, pues no se preocupan por respetar “el capital” de las propiedades privadas de sus ciudadanos, y fomentan, en cambio, las guerras, los delitos, y la “vida al corto plazo”. Solamente podría paliarse la situación actual, así descrita por el profesor Hoppe, mediante la creación de agencias de seguros privadas (en competencia mutua por la defensa de sus clientes) que actúen en pro de un pluralismo en la actividad productiva y donde los clientes, esto es, las personas privadas “en su responsabilidad”, podrían ir provistos de armas de fuego con el fin de aumentar su seguridad, haciendo cada vez menos necesarios el monopolio estatal en la defensa nacional. El nuevo modelo de sociedad (el “orden natural”) que, en definitiva, planteó Hoppe, durante la celebración, estaría regido, en un primer momento, por pequeños gobiernos liberales y económicamente integrados. Si el objetivo se consigue obtendremos una sociedad más libre, justa y equitativa. Al finalizar la conferencia y el coloquio, el profesor Hans H. Hoppe, muy amablemente, contestó a unas breves preguntas:

¿Cuáles son las principales diferencias entre los liberales de la Escuela Austriaca y los de la Escuela de Chicago?

La Escuela de Chicago desacredita el pago de los impuestos en Estados Unidos. Los “americanos” pagan sus impuestos en doce cantidades iguales a lo largo del año en lugar de pagarlo todo en una sola vez. Esto incrementa los ingresos y los impuestos del Estado. Sin embargo la Escuela austriaca niega como fuente de ingresos obligatorios los impuestos. Los “austriacos” ( Von Mises…) creen en el pago de los impuestos por un mínimo de servicios tales como la defensa del país, la justicia y la policía para la seguridad personal. Estos dos últimos, en mi opinión, podrían ser privatizados.

Hoy en día, a usted se le considera el máximo representante de la Escuela Austriaca, pero también se le acusa de utópico al preconizar la desaparición del Estado. ¿Qué tiene que decir ante este reproche?

No es valido. La raza humana nunca cambia su naturaleza, siempre habrá malas personas que roben, maten, violen…. Si tú encargas a un gobierno la seguridad mediante la vía policial, estos trabajadores funcionarios podrán o no hacer un buen trabajo. En este sistema de impuestos se paga a la policía ya sea esta buena o mala, no se puede cambiar esto, ya que pagamos impuestos. Sin embargo, los “austriacos” creen en la conveniencia de pagar a un sector privado por cada servicio. Eso significa que podemos cambiar de “empresa de seguridad” si los servicios no son buenos, es decir, los ciudadanos podremos no pagar por malos servicios. En el sistema de impuestos actual, por el contrario, se producen servicios muy pobres, gente inefectiva y perezosa que de cualquier manera que realice su trabajo siempre será abastecida por el gobierno.

En su teoría se le da mucha relevancia a la labor de las compañías de seguros pero, ¿cómo se podría evitar el acuerdo entre las compañías de seguros para convertirse en nuevos estados?

Es muy difícil que esa competencia entre las Compañías de seguros (dedicadas a la defensa privada) se limite, porque lo que las compañías de seguros intentan siempre es obtener una ventaja competitiva sobre las otras y conseguir así la mayor cantidad de clientes. Pero en cualquier caso y aunque es muy complicado que esto se produzca, también hay que ser consciente de que existe el riesgo, y se cree un monopolio, y cuando éste se produzca se deben crear nuevas compañías que intenten romperlo y volver a competir, ya que los monopolios siempre producen peores servicios y más caros.