“Assault Attack”, aquella maravillosa obra de Michael Schenker y Graham Bonnet
8-marzo-2011 · Imprimir este artículo
Por J.C Alonso

Que Michael Schenker sea uno de los mejores guitarristas de la historia del rock no quiere decir que sus discos en solitario también lo sean. En UFO, su conexión con Phil Mogg fue extraordinaria, consiguieron editar cinco magníficos discos, pero cuando se separaron ni uno ni otro alcanzaron ese nivel. Schenker se alió primero con Gary Barden y publicaron buenos trabajos, pero ninguna obra que haya hecho historia; y después con Robin McAuley se instaló en un AOR poco atractivo donde el protagonismo de su guitarra era cada vez menor.
Pero… hay una excepción. En 1982, entre medias de la etapa de Gary Barden, dejó de lado a éste y se unió con Graham Bonnet para crear “Assault Attack”, una obra increíble que extrae lo mejor de los dos.
“Assault Attack” es uno de mis discos favoritos, es, para mi gusto, el trabajo en el que su guitarra alcanza la total perfección, que sumada a la portentosa voz de Bonnet dan un resultado espectacular. Es un disco lleno de potencia, sensibilidad, pasión, preciosas melodías, virtuosismo instrumental y muchísimo ritmo. “Assault Attack” es un conjunto de canciones ingeniosas e imaginativas compuestas en diferentes tipos de compases y que recrean ambientes muy distantes unos de otros.
Sin ir más lejos, “Rock You to the Ground” es uno de los mejores blues híbridos que he escuchado jamás. El alucinante espectro de notas que abarca Graham Bonnet unido a su poderío y expresividad te deja tieso (lo sé, se me llena la boca cuando hablo de Graham Bonnet). Es de esas canciones que podría escuchar diez veces seguidas sin cansarme. “Rock You to the Ground” es un blues a tres tiempos, siendo el fuerte el último de los tres, patrón rítmico que te obliga a balancear acompasadamente hombros y cabeza, dejando caer ésta hacia abajo con un movimiento enérgico con cada tiempo fuerte. Sé que esto puede parecer un lío, no sé cómo expresarlo mejor, pero si lo pruebas mientras la escuchas me acabarás de entender. Aquí se puede escuchar entera. Por si fuera poco, el ritmo no es continuado, cada cierto número de compases hay paradas en seco siempre rellenas por toques guitarreros al más puro estilo Schenker que le imprimen aún más ritmo y potencia. A poco más de media canción Bonnet se desmelena por completo con un agudo y da paso al solo de Schenker, una verdadera maravilla que cambia de forma constantemente y va in crescendo hasta alcanzar la apoteosis final. ¡Qué guitarrista! Si no la conoces no dudes en escucharla.

Es difícil decidir cuál es el mejor solo grabado en estudio de un guitarrista, sobretodo si se trata de alguien de la talla de Michael Schenker, por no hablar de su prolífica carrera. Pero si tuviese que elegir alguno no dudaría en decantarme por el de “Desert song”. Ésta es la canción más ligera del disco. Está al nivel de las demás en lo que se refiere a composición e interpretación, pero en su interior contiene el mejor conjunto de notas que, a mi modo de ver, han salido de la guitarra de Michael Schenker. Un solo no se puede escuchar de forma aislada, para sacarle todo el jugo hay que escuchar al canción entera, pero si tienes prisa no te pierdas el segmento de va del minuto 2:44 al 3:16 de éste vídeo. Sí, el solo es muy cortito, y sencillísimo, pero desde mi humilde opinión creo que esas pocas notas definen a la perfección la esencia de la guitarra de Michael Schenker. Si lo escuchas fíjate que al final está apoyado con otras dos guitarras que armonizan a la principal. Delicioso y sublime. Ya puestos, no te pierdas el otro solo de esta canción, que al igual que en “Rock you to the ground” sirve de desenlace.
Como siempre, la canción que más me gusta del disco es la más rara. “Broken Promises” es la más intensa rítmicamente hablando. Seguirla con todo el cuerpo es algo verdaderamente tremendo. Nada más empezar, la batería de Ted McKenna te ofrece un adelanto de lo que te espera. Las estrofas se dividen en dos partes. En la primera no hay nada espectacular, es en la segunda donde el ritmo alcanza su máxima expresión. Después de la segunda estrofa hay un pequeño puente que da paso al solo. Si con el de “Desert song” te has quedado un poco a medias por su suave relax, con éste te saciarás por completo. Después de escucharlo atentamente dime que Michael Schenker no es uno de los mejores guitarristas de la historia del rock. A continuación viene otra estrofa que va subiendo de intensidad gradualmente en una exacta progresión y acaba con una bella melodía de guitarra sobre una curiosa base de teclado que se repite tres ó cuatro veces. Esta canción tiene una estructura pelín compleja, al principio desconcierta un poco, pero cuando la has escuchado unos cuantos millones de veces (con una par de millones basta) te das cuenta de la maestría con que está compuesta.
Podría escribir un libro sobre cada canción de este disco, pero no me quiero alargar más, porque si me pongo a hablar de la instrumental “Ulcer” dejaría a esta web sin espacio, y tampoco es plan. Eso sí, es tan imprescindible como las demás, así que si la quieres escuchar pincha aquí. Te aviso que en esta canción Schenker se desboca por completo.
Más datos sobre el disco aquí.
En los años ’80 se publicaron muchísimos discos magistrales que me han dejado mella y forman parte de mi vida. Pero si bien hay algunos de ellos que por la razón que sea (y sin querer en absoluto desmerecerlos) hoy en día no me dan ni frío ni calor, hay otros, como “The number of the beast” de Iron Maiden o “Into glory ride” de Manowar (por poner un par de ejemplos) que ganan solera con los años, y cada vez que los vuelvo a escuchar las sensaciones que me hacen vivir siempre tienen nuevos matices. Por increíble que parezca, aún después de haberlos escuchado miles de veces, aparecen detalles que, o bien simplemente se me habían escapado por no haberles prestado la suficiente atención o por no haber dispuesto del equipo y el entorno necesarios; o bien la óptica desde la que los escucho es ahora completamente distinta de cualquier otro momento de mi vida. Podría ser un mezcla de todo, pero me decanto por esto último. Escuchar música con verdadera atención no es algo que se haga a la ligera. Hay múltiples factores y variables que cambian en cada instante y que nunca se repiten en la misma combinación y forma, y determinan por completo el resultado de la experiencia. Así, las grandes obras artísticas entablan una paradójica relación con el tiempo. Por un lado lo ignoran, ya que perduran a su paso invariables y cautivan a cada nueva generación; y por otro se alían con él, lo que hace que con cada día, año o década que pase van calando más hondo en los que ya fueron cautivados con anterioridad.
“Assault Attack” es para mí una de esas grandes obras de los ’80.
Los ’80… una década que…!uf! se me agolpan las ideas de tal manera que me bloqueo del todo.
¿Qué os parece si lo dejamos para otra ocasión?





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